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1.- Del náhuatl: “Acame”: Cañas; “pul”: Grueso. “Co”: Locativo

 

“Donde hay cañas gruesas”

 

2.- Acatl: Carrizo; Pol: Arrasar, destruir; Co: En el lugar.

 

“En el lugar en que fueron destruidos los carrizos”

 

Cronología: Antigüedad

 

Restos arqueológicos indican especialmente la existencia de una población en el período preclásico. Se encontraron figuras cuyos rasgos extraordinarios difieren de muchas otras regiones de México.

 

*Prehistórico o arcaico:

 

La Sabana.

 

Se considera la existencia de una ciudad en ese tiempo, cuyos vestigios son llamados “La ciudad perdida”. Se han encontrado objetos de acaso 2 mil años de antigüedad, entre ellos figuras de bellas damas.

 

Época precortesiana:

 

Datos escogidos en una conferencia de mesa redonda por personalidades de antropología e historia, “hace 5 mil años, la bahía estaba habitada y 2 mil años después la poblaron los nahoas denominando al lugar “Acapulco” que se traduce como “donde fueron arrasados los carrizos”.

 

Siglo VII (aproximadamente)

 

Arribaron los tlahuicas y siglos después, dominaron el territorio los “yopes” quienes fueron conquistados por el emperador azteca “Ahuitzol” por el año 1488.

 

1486-1502

 

Acapulco pasó a formar parte del imperio azteca durante el reinado de Ahuitzol.

 

Siglo XVI

 

Las primeras manifestaciones arquitectónicas datan del siglo XVI, en que los primeros misioneros construyeron conventos y hermitas en Chilapa, Tlapa, Tepecoacuilco, Tasco y Acapulco.

 

1519

 

Hernán Cortés tuvo la primera noticia de la existencia de Acapulco, de boca del mismo emperador Moctezuma II, al mostrarle los mapas que tenía en su imperio, siendo Francisco Chico el primer emperador que recorrió esta región pasando por Acapulco el 15 de diciembre de 1521.

 

1522

 

Con el fin de encontrar en el mar del sur, una ruta hacia oriente, Cortés promovió varias expediciones marítimas a partir de este año.

 

1523 (finales)

 

Juan Rodríguez de Villafuerte lleva a cabo la conquista definitiva de Acapulco, mereciendo por ello la encomienda que se extendía desde el río del Papagayo, abarcando los pueblos de Xaltianguis, Nahuala y otros hasta Coyuca.

 

1524

 

Envía Cortés otra expedición al sur en busca de estaño. Exploraron la región de Taxco el Viejo y fundaron algunos centros mineros que recibieron el nombre de “reales”; uno de ellos que quedaba en Tetelcingo, dio origen posteriormente a la actual ciudad de Taxco. Como esta región resultaría riquísima en metales preciosos, pronto fue poblada por los españoles.

 

1527

 

Fue hasta el 31 de octubre de este año cuando salieron de Zacatula las primeras naves hacia oriente, que por cierto no volvieron.

 

1528 (25 de abril)

 

Por una real orden del Rey Carlos I de España y V de Alemania, Acapulco pasó a poder directo de la Corona el 25 de abril de 1528, tomando el nombre de “Acapulco, la ciudad de los Reyes”.

 

1531

 

Se abrió la vía de comunicación de la capital del virreynato al puerto de Acapulco.

 

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1532 (principios)

 

Gran actividad se registraba en el puerto de Acapulco con motivo de la expedición que se preparaba en cumplimiento del contrato celebrado entre la emperatriz Isabel y Hernán Cortés.

 

1532 (31 de mayo día de Corpus Cristi)

 

Salió de Acapulco la primera expedición marítima al mando de Hurtado de Mendoza.

 

1532

 

Hernán Cortés manda expediciones a explorar las costas del pacífico.

 

Andres de Urdaneta zarpó de Acapulco a Filipinas.

 

1532

 

Salió de Acapulco la expedición mandada por Hurtado de Mendoza para descubrir las islas de los mares del sur.

 

1532

 

Zarpan de Acapulco las embarcaciones de Hurtado de Mendoza.

 

1532

 

Muy poco provecho había alcanzado Hernán Cortés en las expediciones que preparó y envió hasta este año, gastando su fortuna en la construcción de barcos.

 

Fueron 2 naves que habían salido a explorar: “La Concepción”, cuyo almirante fue Diego Becerra; “San Lázaro” a cargo del Capitán Hernando de Grijalva.

 

“San Lázaro” descubrió la Isla del Socorro y el Archipiélago de San Benedicto; llegó al puerto de Acapulco a finales del año.

 

1533 (5 de octubre)

 

Los frailes que llegaron al actual estado de Guerrero atenuaron con su bondad los rigores aplicados por los encomenderos a los indios, la evangelización de nuestro pueblo indígena estuvo a cargo de frailes agustinos y franciscanos.

 

Los frailes agustinos llegaron a Chilapa el 5 de octubre de 1533 encabezados por los frailes Agustín de Coruña y Jerónimo de San Esteban. Estos fundaron 3 conventos. Uno en Chilapa, otro en Tlapa y otro en Tepecoacuilco.

 

Por su parte, la orden de frailes dieguinos fundó otros 2 conventos. Uno en Tasco y otro en Acapulco.

 

1535

 

Cortés embarcó en Tehuantepec, pero tuvo que buscar puerto en Acapulco.

 

1535

 

Levan anclas en el puerto los navíos que Cortés envió en ayuda de Pizarro.

 

1536

 

Hernán Cortés transita el camino México-Acapulco viniendo de regreso de su expedición a la California; enseguida dispuso que se rectificaran tramos para facilitar el paso a caballo y con bestias de carga.

 

1539

 

Salió de Acapulco la expedición de Francisco de Ulloa con el propósito de conquistar las míticas ciudades de Cíbola y Quivira.

 

1540

 

Salió de Acapulco la expedición de Domingo de Castillo, a quien se debe la Carta Geográfica más antigua de las costas occidentales del país.

 

1540

 

Zarpan otros navíos, ya sin patrocinio de Cortés, explorando el litoral del pacífico hasta el mar Cortés.

 

1540

 

El primer virrey Antonio de Mendoza mandó a acondicionar el camino México-Acapulco, para facilitar los aprestos de la expedición que iba a emprender Hernando de Alarcón, imponiendo la reparación y conservación a las comunidades de naturales y de algunos hacendados lindantes.

 

1550 (12 de marzo)

 

Don Antonio de Mendoza, visorrey y gobernador de la Nueva España, extiende nombramiento al primer alcalde de la ciudad de Acapulco a Don Pedro Pacheco.

 

1550

 

Acapulco empezó a poblarse con familias que trajo Fernando de Santa Anna; algunas de éstas (españolas y mestizas) las llevó a La Sabana.

 

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1550

 

Felipe II le otorgó el título de Ciudad, pero habiéndose perdido el documento, se volvió a expedir otro el 28 de noviembre de 1799. (Véase 1799)

 

1550

 

El virrey Antonio de Mendoza mandó condicionar por segunda vez el camino México-Acapulco, cuando tuvo que embarcarse en Acapulco, promovido al Perú con igual grado.

 

1553

 

Fray Juan Bautista Moya evangelizó Acapulco y sus contornos.

 

1561

 

Andrés de Urdaneta, en atención a sus condiciones portuarias, escribe del puerto singular elogio calificándolo de “grande, seguro, muy saludable y dotado de buen agua”.

 

1564 (31 de julio)

 

El 2° virrey Luis de Velasco, mandó condicionar nuevamente el camino México-Acapulco, dos años antes de su muerte.

 

Notablemente se mejoró en cuanto hubo certeza de poderse efectuar los tornaviajes de la Filipina y, por ende, la posibilidad de entablar un provechoso comercio.

 

1564 (21 de noviembre)

 

Empezó la conquista de Filipinas por Legazpi y Urdaneta. Este último estableció una ruta con Asia a través de Baja California.

 

1564 (21 de noviembre)

 

Parte para las Filipinas la expedición de Miguel López de Legazpi, como primer piloto va un fraile de la Orden de San Agustín de nombre Andrés de Urdaneta, marino de largo historial.

 

1565 (8 de octubre)

 

Vuelve Urdaneta al puerto de Acapulco procedente de la Isla de Cebú. Conquista con ello una de las rutas marinas más difíciles de su tiempo.

 

1565

 

El fraile Andrés de Urdaneta, cumplida su misión de dirigir la expedición de Legazpi a las Filipinas, al regreso fija la ruta del Oriente asiático a la América con puerto en Acapulco.

 

1565

 

Recibió la nave que, mandada por Felipe de Saleeda y Fray Andrés de Urdaneta, volvía de Filipinas tras haber descubierto la llamada “Vuelta al poniente”.

 

1565

 

Desembarcó en el puerto Fray Andrés de Urdaneta,quien volvía de las Islas Filipinas, dejando establecida la ruta de regreso de Asia por el Pacífico.

 

1565 (octubre)

 

Fray Antón de Urdaneta ancló de tornaviaje en Acapulco.

 

1571

 

El comercio en Acapulco favoreció los ataques de piratas y corsarios, que hacían lo indecible por adueñarse de los galeones, perjudicando de paso a España. Entre los bandidos más famosos del mar, Francisco Drake por 1579; Thomas Candish, 1586; el alemán Spielberg, 1615; Jorge Anson, 1742.

 

Con el fin de protegerse de estos ataques, el gobierno virreynal mandó construir el Fuerte . (Véase 1784)

 

1571 (18 de mayo)

 

Termina la conquista de las Filipinas por Legaspi y Urdaneta, fecha en que se declara a Acapulco único puerto comercial entre Asia a través de México, lo que propició el comercio que consistía en transportar mercancía en barcos grandes de vela que llamaban Naos, que llegaban en diciembre de cada año.

 

1571 (14 de abril)

 

Felipe II ordena que Acapulco sea el único puerto oficial en la América para el comercio con Asia.

 

1571

 

Se estableció una comunicación permanente entre Acapulco y Manila. Anualmente realizaba estos viajes un galeón cargado de provisiones para las Islas Filipinas, trayendo a Acapulco riquísimas mercancías: Tejidos de seda y algodón, cerámica china, especias y objetos de arte.

 

De Acapulco esta mercancía pasaba a la capital, y de ahí eran enviados a Veracruz, Puebla, Guadalajara, Jalapa y Saltillo; gran parte de la misma eran expedidas a España. Cada vez que arribaba un galeón, acudían al puerto los principales comerciantes, no sólo de México, sino hasta del Perú y otras regiones lejanas.

 

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1578

 

Francis Drake fue el primer pirata que conoció el valioso comercio que se sostenía con el Asia al cruzar estos mares en este año, pero no entró en Acapulco temeroso de perder las riquezas que traía en su nave, pero por los informes que rindió en Inglaterra, el pirata Cavendish atrapó en aguas de California a la Nao Santa Ana en 1587.

 

1579 (14 de abril)

 

Gracias a la proeza de Fray Andrés de Urdaneta, fue posible el comercio en Acapulco que en pocos años se hizo intensivo, a grado tal, que alarmó a la Corte de España, dando lugar a que con fecha 14 de abril de 1579 firmara Cédula Real el Rey Felipe II declarando como único puerto comercial entre la América y Asia, al de Acapulco. Desde entonces empieza a aumentar la importancia de Acapulco.

 

1579 (14 de abril)

 

Se ampliaron los horizontes comerciales hasta China y la India, y entonces las naos hacían hasta tres y cuatro viajes de ida y vuelta, por lo que Felipe II fue presionado por los mercaderes de Sevilla a fin de que declarara por Cédula Real del 14 de abril de 1579, que el único puerto comercial con el Asia era Acapulco.

 

1582

 

Llegó la expedición marítima de Francisco Galli y otras.

 

1582 (28 de octubre)

 

El virrey, conde de La Coruña, en carta enviada al rey Felipe, le manda un plano del puerto y de la fortaleza que conviene construir para protegerlo del ataque de los rufianes del mar.

 

1591

 

Los representantes de Cadiz y Sevilla eran los más poderosos y controlaban el comercio en grande. Viendo el desorden de las ferias, lograron en este año que se expidieran grandes restricciones para el comercio con el oriente; se prohibió al comercio mediano que traficara con Manila, y los comerciantes de aquella lejana provincia, solamente podrían enviar dos galeones de 400 toneladas como máximo y que el valor de las mercancías no podía exceder de 250,000 pesos. La nave que zarpara de Acapulco, controlada naturalmente por los ricos acaparadores, sólo llevaría plata por un valor de 500,000 y los frailes que quisieran ir a evangelizar...

 

1592

 

La carretera México-Acapulco, llamda Ruta de Asia, era una vereda, hasta en este año que el virrey Luis de Velaszo la convirtió en camino de herradura.

 

1592

 

Fue construido el camino entre México y Acapulco por órdenes del Virrey Mendoza, mejorándose en 1596 por instrucciones del virrey Velasco; los mismos mandatarios ordenaron la construcción de otro camino que comunicaba al Real de Minas de Tasco con la capital.

 

De Acapulco partía otro camino hacia Zihuatanejo para terminar en Valladolid (Morelia). Hacia esta ciudad partía otro desde Tepecoacuilco, pasando por Iguala Teloloapan y Coyuca de Catalán. Otro más salía de chilapa, se dirigía a Chilpancingo, continuaba por Tlacotepec, pasaba por Coyuca y terminaba en la misma Valladolid. Otro camino salía de México y se dirigía a Alahuistlán pasando por los minerales de Zacualpan y Sultepec tocando a Tenancingo y a Toluca.

 

De Puebla salía otro hacia Ometepec, pasando por Tlapa y Chipetlán. Otro comunicaba a Chilapa con Tlapa, pasando por Olinalá.

 

El transporte de mercancías se hizo utilizando el sistema de arriería.

 

1593 (25 de febrero)

 

El virrey D. Luis de Velasco encarece al rey Felipe una vez mas la construcción de la fortaleza para la mejor protección del puerto.

 

1596 y 1602

 

Llegaron las 2 primeras expediciones de Sebastián Vizcaíno, quien llegó a los 42 grados de latitud norte buscando en vano un estrecho septentrional.

 

Siglo XVII

 

Debido a la afluencia de españoles hacia poblados indígenas, algunas alcaldías menores y repúblicas de indios, se transformaron en alcaldías mayores, entre ellas: Acapulco, Chilapa, Tixtla, Ajuchitlán, Zacualpa, Tasco, Iguala, Tlapa y Zacatula.

 

En cada una de ellas continuaron existiendo repúblicas de indios.

 

1600 (18 de abril)

 

El virrey, Conde de Monterrey, en carta que dirige a Felipe III, hace suya la petición de sus antecesores, para que se inicie la construcción de la fortaleza en dicho puerto de Acapulco.

 

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1602

 

Bernardo de Balbuena, al escribir su “grandeza mexicana”, en la ampulosidad del su prosa, dice de Acapulco: “En ti se junta España con la China, Italia con Japón, y finalmente un mundo entero en trato y disciplina.

 

En ti de los tesoros del poniente se goza lo mejor; en ti la nata de cuanto entre su luz cría el oriente”.

 

1607 (7 de junio)

 

Los franciscanos fundaron en Acapulco el Convento de San Diego, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Guía.

 

Acapulco pertenecía al arzobispado de México, junto con otros pueblos: Tasco, Teloloapan, Chilpancingo e Iguala.

 

1611 (22 de mayo)

 

Sale de Acapulco la primera embajada de México al Japón a cargo de Sebastián Vizcaíno y llegó a playas japonesas en agosto del mismo año, embajada que fue correspondida mediante el jefe de arcabuceros del emperador, Recuyemon Faxitura, quien con un séquito de 150 personas arribó al puerto de Acapulco el 25 de enero de 1614.

 

1611

 

Zarpó de Acapulco Sebastián Vizcaíno, cuando el virrey Luis de Velasco lo nombró representante ante el emperador de Japón.

 

1614

 

Nicolás Cardona, con 30 arcabuceros a sus órdenes; trata vanamente de iniciar la construcción del fuerte, asistiendo durante dos meses y medio a las fajinas, cercas, trincheras y demás reparos necesarios.

 

1614

 

Arribó a las playas del Japón la embarcación de Sebastián Vizcaíno; la embajada nipona estaba encabezada por el capitán Hasekura.

 

1615

 

Una flota holandesa de la compañía de las Indias Orientales invadió la bahía, pero izó la bandera blanca ante los primeros disparos que se le hicieron y acabó cambiando por víveres a los prisioneros españoles que llevaba.

 

1615

 

La fábrica de la fortaleza de Acapulco no pasaba de ser uno de tantos proyectos, cuya resolución duerme el sueño de la espera en la Corte de Madrid. Algo hizo realidad la defensa. Cuando los holandeses desembarcaron en el puerto de Zalahua, los graves señores madrileños se alarmaron y pidieron el proyecto a los archivos.

 

Días después el virrey Marqués de Guadalcázar, quegobernó la Nueva España de 1612 a 1621, tras largas y complicadas discusiones con propios y extraños, encargó al ingeniero Adrian Boot, la construcción del Fuerte de San Diego para la defensa de la bahía.

 

1615 (últimos meses del año)

 

Bajo la dirección de Boot se inició la construcción del Fuerte de San Diego, que tuvo por base un pentágono irregular con caballeros unidos por lienzos o cortinas. Los nombres de estos caballeros a ángulos del pentágono fueron: Rey, Príncipe, Duque, Marqués y Guadalcázar.

 

La altura y perímetro de los mismo no fe igual; se manifestó como razón para ello, dar mayor firmeza al edificio, teniendo en cuenta la irregularidad del terreno sobre el que se construía.

 

1616 (principios)

 

Ante el peligro que corría Acapulco a causa de piratas y filibusteros, el virrey Diego Fernández de Córdoba ordenó la construcción del castillo, iniciándose las obras a principios de 1616 y al terminar tomó el nombre de Fuerte de San Diego.

 

1617 (15 de abril)

 

Termina la fábrica del castillo de San Diego. En la portada se dejó una inscripción que dice: “Reynando en las Españas, Yndias Orientales y Occidentales la Magd. del Imbictissimo y Católico Rey Don Felipe nuestro señor, Terzero deste nombre, siendo su Virrey lugarteniente y Capitán General en los Reynos de la Nueva España Don Diego Fernández de Córdoba, Marquéz de Guadalcázar, se hizo esta fortificación. año de 1616. Yngeniero Adrian Boot”. (Véase 1776 y 1778 a 1783, re acondicionamiento del fuerte).

 

1617 (mayo)

 

El virrey anuncia al soberano la terminación del Fuerte de San Diego, con un costo de 11,400 ducados. Entre la documentación que se manda al rey, hay una vista panorámica de la bahía, hecha por Adrián Boot. La falta de perspectiva es tal, que todo parece estar en un mismo plano. La bahía está dibujada desde la montaña, posiblemente bajo las ramas de un árbol enorme que es capaz de proyectar su sombra sobre ella.

 

1624 (marzo)

 

El príncipe Nasáu al mando de poderosa escuadra y disparando su artillería entera en la bahía de Acapulco, y sus vecinos y tropa, atemorizados por el alarde de fuerza, huyeron a las montañas.

 

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1625

 

Gobernando el virrey Marqués de Cerralvo, la escuadra holandesa del príncipe de Nassau, atacó y tomó el Fuerte de San Diego, sin que la guarnición hubiera opuesto ni la menor resistencia.

 

Los holandeses, dueños de la plaza, saquearon y robaron a su antojo durante varios días.

 

Cuando los asaltantes brincaron a sus naves y se alejaron, el virrey ordenó la erección de un nuevo muro en el castillo y la fábrica de cuatro nuevos bastiones.

 

1634

 

Edificación y fundación de la primera capilla de San José, construida a instancias del sargento Francisco Rincón.

 

Durante esta época colonial, Acapulco tuvo una apariencia muy pobre, salvo el castillo, el hospital administrado por los hipólitos y esta capilla.

 

1646

 

Se fundó y comenzó a funcionar la primera aduana, misma que estaba ubicada a la orilla del mar en un jacalón de madera de 4 aguas. Por supuesto que esa oficina solamente abría sus puertas durante las ferias de diciembre. La fayuca iniciaba su institucionalización en estos litorales.

 

1673 (22 de octubre)

 

En las instrucciones del virrey Marqués de Mancera al duque de Veragua, se habla de las mejoras hechas a la fortaleza de Acapulco; se asienta: “que no se admite disputa es en que consiste la defensa del reyno, por el mar del sur en el castillo de Acapulco, no menos que por la del norte, en el de San Juan de Ulúa y que merece toda atención y providencias por ser escala de las Islas Filipinas y de las provincias del Perú y uno de los más capaces y seguros puertos de la monarquía.

 

1697

 

Acapulco era una humilde aldea de pescadores; sus casas son bajas y viles, hechas de madera, barro y paja, situadas al pie de altísimos montes.

 

Estaba habitado por negros y mulatos –que son los nacidos de negros y blancas-, y rara vez se veía en aquel lugar algún nacido en él de color aceitunado.

 

1697 (21 de enero)

 

Gemelli Careri desembarcó en Acapulco, fecha en que inicia su diario correspondiente a la Nueva España, en donde permaneció hasta el 14 de diciembre del mismo año.

 

El 21 de enero (1697), al no encontrar albergue alguno en Acapulco, tuvo necesidad de ir ese día lunes al convento de Nuestra Señora del Guía, de padres franciscanos “los cuales me hospedaron muy humanamente” señala en su diario.

 

1697

 

El italiano Gemelli Careri, a su paso por Acapulco toma la pluma y escribe: “La seguridad natural del puerto, que siendo a manera de caracol y con igual fondo por todas partes, que quedan en él las naves cerradas como un patio cercado de altísimos montes y atados a los árboles que están en la ribera.

 

1697

 

El virrey Gemelli Carreri empleó 12 días en recorrer la carretera México- Acapulco per en la estación de lluvias había que esperar hasta 10 días sólo para vadear el río Mezcala o el Papagayo.

 

1698 (aproximadamente)

 

El Fraile dominico Ignacio Muñoz, de la clave o derrotero de las naves al entrar al puerto: “En entrando de la dicha punta del grifo para adentro, luego vereis la fortaleza enfrente encima de un tiesso, y las causas del pueblo que están para el norueste en la dicha rinconada. En entrando dentro dareis fondo frontero de las casas, la popa en tierra y estareis de ella apartado como medio cable porque todo es sondeable y limpio y se puede barloventar dentro, porque no hay que temer más que de aquello que se viene. De bien los navíos del rey que vienen de Filipinas, y son muy grandes surgen enfrente de la fortaleza , a medio tiro de mosquete y se amarran en Tierra”.

 

Siglo XVI (Colonización española del territorio)

 

Para compensar los servicios que numerosos españoles prestaron a la conquista de México, Cortés a nombre del Rey de España, otorgó a algunos ciertas enmiendas y repartimientos de indios. Acapulco, por ejemplo, fue de Juan Rodríguez de Villafuerte, quien recibía cacao, algodón y maíz de los indios que ahora estaban a su servicio.

 

Siglo XVI

 

A pesar de los peligros que corrían las naves y las dificultades que presentaban los caminos, a finales del siglo, tenía lugar en Acapulco la Feria más importante de América con mercancías que llegaban de Sur América, Nueva España y del Oriente.

 

Siglo XVIII (principios)

 

La fortaleza se mantiene con la misma planta de la centuria anterior, aunque totalmente deteriorada.

 

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1712

 

Miguel Gallo, castellano de Acapulco, informa al rey que el castillo tiene 6 culebrinas, 27 cañones de bronce y 20 piezas de hierro. La guarnición se compone de un alférez, un sargento, 40 infantes y 15 artilleros con su condestable.

 

1730

 

Francisco Álvarez Barreiro emprende la tarea de hacer un cuidadoso plano del puerto. En el dibujo se advierte la fortaleza, así como también varios edificios de 2 plantas, 2 iglesias y una enorme cruz sobre un zócalo.

 

1742 (enero)

 

Trata de entrar por la fuerza en Acapulco el pirata Ansón, pero temiendo no lograrlo, tomó el rumbo de las Filipinas a fin de esperar el regreso de la nao en cuyas aguas cayó en su poder, obteniendo un botín de un millón 300 mil pesos en moneda acuñada y 40 mil en barras de plata.

 

1743

 

El corsario inglés Jorge Ansón apresó en sus inmediaciones al galeón “La Covadonga”.

 

1743 (7 de julio)

 

Se terminó de construir el actual Fuerte, al cual le pusieron el nombre de San Carlos, en honor del rey Carlos III. Los nombres de las torres quedaron así:

 

Oeste: San José; Norte: San Antonio; Noroeste: San Luis; Suroeste: Santa Bárbara; Sur: La Purísima Concepción.

 

1752

 

Pedro Murillo Velarde, en su “Geografía histórica” publicada en Madrid, dice refiriéndose a Acapulco: “...ni se puede llamar ciudad ni villa y con dificultad aún merece el nombre de aldea, pues sólo hay alguna gente desde diciembre hasta abril, en que está allí el galeón de Filipinas. Fuera de este tiempo, apenas asisten allí algunos indios mulatos y mestizos, pues ni aún el alcayde del castillo vive allí entre año”

 

1762 (29 de octubre)

 

La Nao Santísima Trinidad, el barco más grande de la época, cae en poder del pirata Cornish y con todas las riquezas que portaba lo llevó a Inglaterra donde causó admiración.

 

1776 (21 de abril)

 

Un terrible terremoto sacude la población de Acapulco “a las dos de la tarde, con el acostumbrado bramido de los cerros circunvecinos, que inspira el mayor horror y espanto a los pobres habitantes, por más que están hechos a oírlo”.

 

El terremoto tiró el ala izquierda del castillo, por lo que se decidió construir uno nuevo un poco más arriba.

 

1776

 

Don Miguel Costanzo, activo y diligente ingeniero, propone al virrey la construcción de una nueva fortaleza para Acapulco, pues alega: “La inutilidad del gasto que se invierte con esta mira, respecto a ser aquella una fortificación, que más parece un reducto de irregularísima figura, o un cuerpo de guardia retrincherado, que un castillo construido sobre un sistema regular de defensa”.

 

El proyecto de Costanzo fue enviado por el virrey Bucareli a Don José de Gálvez, ministro de Indias, para su aprobación. Visto y estudiado el trabajo de Costanzo, se dio el visto bueno a la fábrica del nuevo fuerte. Para la ejecución de la obra se nombró al ingeniero Ramón Panón, uno d elos mejores técnicos militares de España.

 

1776

 

El alférez de ingeniero, Don José González, propone para la fortaleza de San Diego grandes mejores que importan $15,250.00 y para ello recomienda habilitar las baterías frente al mar, en tanto que se espera la resolución del rey.

 

Anticipándose a la resolución real, el virrey Marquéz de Croix, principia las mejoras a la fortaleza, por considerarlas de gran utilidad.

 

1777

 

Llega Panón a Acapulco y en el sitio de la antigua fortaleza traza un plano sobre el terreno, en donde el nuevo castillo se habría de levantar. De entonces data el “Plano que manifiesta la majistral y contornos del antiguo Castillo de San Diego y la traza más ventajosa, para el establecimiento del nuevo pentágono aprobado por S.M.”

 

1778 (16 de marzo)

 

Principia la excavación de los cimientos de la nueva fortaleza. Los cinco baluartes reciben los nombres de “San Antonio, “San Luis”, “La Concepción”, “San José” y “Santa Bárbara”. Al nuevo castillo se le denomina de “San Carlos” en honor al monarca reinante, pero la tradición sigue llamándolo “Castillo de San Diego”.

 

1778 a 1783

 

Reconstrucción del Fuerte de San Diego que fue destruido en 1776 por un terremoto, según proyecto del ingeniero Miguel Constansó.

 

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1783 (7 de julio)

 

Termina la construcción de la fortaleza de San Carlos. Su costo excedió de los $600,000.00. Su forma es de una estrella con 5 baluartes para montar 70 piezas de artillería. De la fortaleza mitad mira hacia el mar y mitad hacia la tierra.

 

Tiene “cuatro bóvedas grandes con sus galeras, sirviendo dos de ellas para cuarteles de la tropa, otra para guardar los pertrechos y útiles de la artillería y la otra para guardar cuando había víveres. Además tenia otras 8 bóvedas más chicas, siendo una para la guarnición principal, otra de almacén de pólvora, otra para depósito de armas y las demás para habitación de oficiales. Tenía a más del calabozo y galera para los presos, cocina y dos aljibes para abastecer de agua a más de 2 mil soldados por un año”.

 

1799 (1 de noviembre)

 

El rey Carlos IV confirma el título de Ciudad al puerto de Acapulco.

 

1784

 

La escuadra del almirante Jorge Anson es puesta en fuga por seiscientos hombres milicianos, que contra él combaten en el fuerte.

 

1789

 

El capitán de navío Alejandro Malaspina da la vuelta al mundo al mando de las corbetas Descubierta y Atrevida. Los tres pintores que van a la expedición, a su paso por Acapulco, se dan a la feliz tarea de llevar el lienzo tres vistas o paisajes portuarios.

 

Fernando Brambila pinta un cuadro con el tema de “Puerto de Acapulco”; Tomás de Suria una: “Vista de la bahía y puerto de Acapulco desde el arco de los ospitales de los padres ipólitos”, y José Cordero una: “Vista del puerto y parte de la ciudad de Acapulco, sacada desde su ospital”.

 

1791

 

Tocaron el puerto las corbetas: “Descubierta” y “Atrevida” que luego navegaron hasta la bahía de Behring (59 grados de latitud norte).

 

1792 (15 de enero)

 

Sale de Acapulco Francisco de la Bodega y Cuádra, con el fin de fijar los límites entre los Estados Unidos y la Nueva España.

 

Siglo XIX

 

Se estableció el servicio de diligencias para el transporte de personas; en ambos casos los riesgos siempre fueron múltiples, pues los caminos eran pésimos y los robos muy frecuentes.

 

Siglo XIX (primera mitad, 1850 aproximadamente)

 

Bien poco adelantó el comercio en el puerto, ya que aislado de todo el país, solamente se tenía comunicación marítima.

 

Fue en esa época que se estableció aquí la casa “B. Fernández y Cía.” con un para entonces poderoso capital. Estaba localizada en donde está ahora el edificio de Don Israel Soberanis, en la calle Jesús Carranza.

 

Fue por muchos años el centro comercial más importante de Acapulco y las costas.

 

1803 (22 de marzo)

 

Desembarca en Acapulco el barón de Humbolt al amparo de una carta del rey de España para sus estudios de mineralogía y botánica.

 

1803

 

Pasa por Acapulco el barón de Humboldt y tiene, a juzgar por lo que escribe, una triste opinión del puerto, pues le parece que: “Forma una inmensa concha abierta entre rocas graníticas, hacia el sur-suroeste, y la cual tiene más de seis mil metros de ancho de este a oeste. He visto pocos parajes en ambos hemisferios que presentan un aspecto más triste y horroroso. Estas rocas forman una costa tan escarpada, que un navío de línea puede pasar tocándolas, sin peligro alguno, porque casi por todas partes hay diez o doce brazas de fondo.”

 

1803

 

Alejandro de Humboldt advirtió que era una miserable ciudad, poblado exclusivamente por 4 mil personas de color, que aumentaban a 9 mil cuando llegaba la Nao de China.

 

1805 (marzo)

 

Llega al puerto “La Caravana de la Salud” compuesta de 22 niños portadores de la vacuna contra la viruela bajo el sistema “Brazo a brazo” los que siguieron bajo el cuidado del Dr. Balmis a Filipinas.

 

1810

 

Se suspendió la “Feria de Acapulco”

 

1810 a 1812

 

Tiempo de la Revolución Mexicana, terminó el auge de Acapulco.

 

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1810 (20 de octubre)

 

Recibió Morelos nombramiento de lugarteniente de Hidalgo y comisión de apoderarse de Acapulco.

 

Morelos llevó el movimiento a otros lugares: A Tixtla, donde se le unieron los Bravo; a Chilpancingo, Chilapa, Tehuacan, Orizaba, Oaxaca y Cuautla.

 

Tecpan fue nombrada ciudad capital de la nueva provincia; Acapulco perdió su nombre de “Ciudad de los Reyes” por el de “Congregación de los fieles”.

 

1810 (19 de noviembre)

 

El insurgente José Ma. Morelos y Pavón, inicia el asedio de Acapulco. (véase 1813 19 de agosto)

 

1811

 

José María Morelos derrotó al realista Francisco París en 3 Palos (4 de enero) pero no pudo tomar el Fuerte de San Diego (8 de febrero) cuyo asedio levantó a la postre (19 de febrero).

 

1813 (6 de abril)

 

De regreso de su tercera campaña Morelos puso sitio a Acapulco. Desalojados sucesivamente los españoles de Casamata, del Cerro de la Mira y del Baluarte del Hospital, se concentraron en la fortaleza hasta el 20 de agosto en que capitularon.

 

1813 (19 de agosto)

 

El insurgente José Ma. Morelos logra apoderarse de Acapulco, tras reñidos combates y riguroso asedio al castillo, donde se desarrollaron escenas de tragedia por la falta de alimentos, leña, agua y medicinas. Ciudad que recuperaron los realistas al año siguiente para pasar a poder de la nación mexicana el 15 de octubre de 1821 como consecuencia de los Tratados de Córdoba.

 

1813 (20 de agosto)

 

Morelos logra posesionarse del puerto en los primeros años de la guerra de Independencia. En lo alto de la fortaleza ondea la bandera azul y blanco de los insurgentes.

 

1813 (18 de septiembre)

 

Morelos fue nombrado Generalísimo de las Armas Nacionales.

 

Morelos, tomando como capital a Valladolid, hoy Morelia, marcha a la ciudad donde lo atacaron los realistas y perdió. El Congreso dictó sentencia a todos los presos del Fuerte y mandó quemar las casas de Acapulco, así se hizo; el 10 y 11 de abril de 1814, Acapulco era una ruina histórica.

 

1813 (27 de septiembre)

 

A finales del siglo XVIII la Revolución Industrial de Europa invadió el mundo con sus productos, violando todas las barreras y convenios aduanales. Esto afectó a España, quien tuvo que luchar también contra la piratería con máscara de corsarios, auspiciada por Inglaterra que iniciaba su poderío por todos los mares.

 

Entonces Fernando VII expidió el siguiente decreto:

 

“Queda suprimida la Nao de Manila o de Acapulco (se entiende que como tráfico oficial) y los habitantes de las Islas Filipinas pueden hacer por ahora el comercio de géneros de la China y del Continente Asiático, en buques particulares nacionales, continuando su giro con la Nueva España a los puertos de Acapulco y San Blas, bajo el mismo permiso de quinientos mil pesos convenidos a la Nao de Manila y al millón de retorno. Cádiz, 27 de septiembre de 1813”.

 

1813-1814 (diciembre y enero)

 

Después de los desastres de Valladolid (Morelia) y Purvarán, José Ma. Morelos volvió al puerto (a principios de marzo) de donde salió (9 de abril) acosado por los realistas. Previamente mandó incendiar la ciudad, degollar a los españoles residentes y fusilar a todos los prisioneros. El 14 de abril Armijo recuperó la plaza.

 

1849 (27 de octubre)

 

Se erigió el estado de Guerrero.

 

1854

 

El 1 de marzo de este año se proclamó en Ayutla, Gro. el Plan que desató la revolución contra la última dictadura de Antonio López de Santa Anna. El día 11 siguiente la guarnición de Acapulco se adhirió al movimiento y designó a Ignacio Comonfort (que era administrador de la aduana) gobernador del puerto y jefe provisional de las fuerzas armadas en cuyo carácter invitó a Juan Álvarez a que asumiera el mando supremo del Ejército Restaurador de la Libertad.

 

1854 (26 de abril)

 

El presidente López de Santa Anna, que salió al frente de un ejército de 5 mil hombres a someter a los sublevados, fracasó en su intento de tomar Acapulco.

 

1863 (10 y 11 de enero)

 

Una escuadra francesa bombardeó el puerto y luego desembarcaron los marinos, que no pasaron de los límites de la ciudad abandonada, retirándose tres días después.

 

El 4 de junio volvieron por mar y un batallón de tiradores argelinos se posesionó de la plaza.

 

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1863 (enero 10-12)

 

Al estallar la guerra entre México y Francia., Acapulco sufrió horrible bombardeo los días 10, 11 y 12 de enero porque e Gral. Diego Álvarez no quiso aceptar las proposiciones del almirante Bovet, quien, al frente de poderosa escuadra se hallaba en el puerto.

 

1864

 

A finales de este año los invasores franceses evacuaron Acapulco después de la derrota que Vicente Jiménez y Diego Álvarez infringieron a los imperiales en el Zapotal.

 

1865 (junio y septiembre)

 

Los franceses intentaron nuevamente invadir el territorio por ese punto, pero fueron rechazados por los republicanos.

 

1868

 

Primeras escuelas en la calle 5 de mayo (una de niños y una de niñas)

 

1894

 

El VIII virrey Luis de Velasco, hijo, mandó acondicionar notablemente el camino México-Acapulco, en 1894, un año antes de que fuese promovido con igual rango al Perú.

 

1904

 

Llegó al puerto un crucero italiano.

 

El 30 de julio hubo un gran temblor que sólo el castillo quedó de pie.

 

1910

 

Era un somnoliento pueblecito con algunas estrechas y retorcidas calles empedradas y la mayoría protegidas por su piso natural arenoso. A la quebrada se subía por una tortuosa vereda y otra conducía a la bella playa de Caleta.

 

1910

 

Se inauguró el alumbrado público de 30 faroles de acetileno en el centro de la población y algunos faroles de petróleo medio iluminaban las esquinas de otras calles hasta las 11 de la noche.

 

1910

 

El primer hotel de Acapulco “Doña Eliza Sutter de Link”; después pasa a hotel “Miramar” y después se convierte en el famoso Edificio “Pintos”.

 

Donde se encuentra el hotel Colonial estuvo la aduana, después se instaló ahí la Casa de Huéspedes “Dos de abril” y más tarde El Colonial.

 

1911 (10 de mayo)

 

Atacaron por primea vez los maderistas; sorprendieron a los mercaderes y a muchas amas de casa en el primitivo mercado que se localizaba en la Plaza Álvarez, al norte de ésta, frente a lo que es ahora el Banco Mexicano del Sur.

 

Este mercado era una serie de mesas o grandes cajones de madera, algunos con techo de lámina, en donde se expendía el pescado y la carne. Lo demás, las verduras, la leche, el pan y cuanto comestible consumía aquel pequeño pueblo, estaban en el suelo sobre petates de palma.

 

1912

 

Doña Elisa dejó su negocio y en el local se estableció en 1912 el Hotel Jardín, donde más tarde, por 1934 se construyó el Hotel Miramar y después se convirtió en el Edificio Pintos.

 

1912 (30 de octubre)

 

Un ciclón arrasó con el puerto de Acapulco.

 

1913

 

Primer planta eléctrica.

 

1913 (noviembre)

 

Estuvo lista la primer planta eléctrica)

 

1913 (¿1923?)

 

Juan R. Escudero, primer líder sindical. Se inició con los cargadores de los barcos.

 

1920

 

Contaba solamente con un automóvil, marca “Exes” y una lancha a motor que pertenecía a la capitanía del puerto. En un carro tirado por mulas se recogía la basura de las calles.

 

1920

 

Vino el príncipe de Gales, posteriormente el rey Eduardo VIII.

 

1922

 

Llegaron los primeros submarinos americanos y también varios hidroplanos entraron por Pie de la Cuesta.

 

1924 (31 de julio)

 

Un grupo de audaces comerciantes dieron forma a la Cámara de Comercio, constituyéndola legalmente el 31 de julio de 1924.

 

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1927 (mediados)

 

Una nueva etapa fue marcada en la vida comercial de Acapulco cuando a mediados de 1927 el señor presidente Plutarco Elías Calles, desde el Castillo de Chapultepec, detonó un petardo que voló la última piedra que obstruía la brecha o camino México- Acapulco, a la altura casi del actual puente de Xaltianguis.

 

Era entonces gobernador del estado el general Héctor F. López. La Cámara Nacional de Comercio en pleno y otros sectores representativos, estuvieron presentes en aquel acto trascendental.

 

1927 (11 de noviembre)

 

Día de fiesta, de la tarde en que se hizo volar el último obstáculo de la carretera México- Acapulco e hicieron su entrada principal al puerto los 12 primeros automóviles procedentes de México.

 

Los concurrentes a la inauguración oficial llenaron los 2 únicos hoteles: El Jardín y el Acapulco, así como varias casas de huéspedes, ejemplo: La Costeña, del señor Pintos.

 

1927 (11 de noviembre 6:00 pm)

 

Llegaron al puerto, aunque transitando por una brecha de trabajo, los 12 primeros automóviles a bordo de los cuales iban el gobernador del estado, el presidente municipal y las autoridades militares.

 

1927 (11 de noviembre)

 

El presidente Plutarco Elías Calles accionó por teléfono desde el Castillo de Chapultepec, el dispositivo que hizo estallar la dinamita que removió el último obstáculo en la carretera a Acapulco, cuyo trazo se había interrumpido en el kilómetro 402 por un tapón de roca.

 

1927 (11 de noviembre)

 

Hubo agua potable en los manantiales de Santa Cruz.

 

1927 (27 de noviembre)

 

La era de la prosperidad de Acapulco se inició este día al quedar abierta la carretera hacia la Cd. de México, pero su desenvolvimiento como centro turístico se realizó bajo el gobierno del Lic. Miguel Alemán Valdés durante el cual se llevaron a cabo grandes obras, colocando a la ciudad a la altura de los granes centros turísticos del mundo.

 

1928

 

La pequeña mejoría lograda desde la construcción de la carretera México-Acapulco se exteriorizó con la apertura del Hotel México (segundo en Acapulco), frente a la casa de huéspedes “La Mar” que abrió también en 1928.

 

1928

 

Desde esta fecha se había realizado la primera obra a favor del turismo, cuando el pueblo de Acapulco construyó el camino de rueda para hacer accesible la playa de Caleta, y a continuación se reunieron $30,000.00 para el camino de rueda a Pie de la Cuesta

 

EDIFICIO DEL SENADO

 

El Palacio del Senado es la sede del Senado, una de las dos cámaras que componen las Cortes Generales, el parlamento nacional de España.

El Palacio del Senado se encuentra en Madrid en la plaza de la Marina Española. Es un edificio del siglo XVI, antiguo Colegio de la Encarnación, de religiosos agustinos calzados también llamado Colegio de doña María de Aragón (parte del complejo del Real Monasterio de la Encarnación). El colegio fue una de las instituciones más destacadas de la Corte madrileña, y su iglesia contenía varias obras maestras de El Greco, hoy en el Museo del Prado.

 

Fue el lugar de reunión de las Cortes unicamerales (anteriormente reunidas en Cádiz) en 1814; y entre 1820 y 1823 (durante el Trienio Liberal).

 

El Estamento de Próceres previsto en el Estatuto Real de 1834, que se reunió, de forma provisional, en el Casón del Buen Retiro, pasó a ocupar este edificio desde 1835. Con diversos cambios de nombre y función, según la coyuntura política, siguió sirviendo de sede de la Cámara alta hasta 1923 (cuando la dictadura de Primo de Rivera disolvió las Cortes). Durante la dictadura se instauró una cámara legislativa denominada Asamblea Nacional Consultiva, y no se convocó el Senado.

 

Las Cortes de la República eran unicamerales, y se reunían en el palacio de la Carrera de San Jerónimo (durante los debates constitucionales, en el Palacio de Cristal del Retiro).

 

Durante el franquismo, la búsqueda de una apariencia de institucionalización (la llamada "democracia orgánica") hizo que el edificio tradicional del Senado fuera ocupado por el Consejo Nacional del Movimiento (mientras que las Cortes Españolas ocuparan el palacio de la Carrera de San Jerónimo).

 

Con la Transición, se instaló en el edificio de la plaza de la Marina Española la institución que, con el nombre de "Senado", preveía la Ley para la Reforma Política de 1976, y que intervino junto con la llamada "Congreso de los Diputados" en la redacción de la Constitución española de 1978. Desde las elecciones de 1979, el edificio viene siendo ocupado por la institución actual del Senado

A finales del siglo XX se efectuó una ampliación en un edificio anexo, cuya fachada da a la calle Bailén, con forma semicircular. El Palacio conserva una interesante colección de obras de arte, entre las que destacan varias pinturas historicistas del siglo XIX.

  

MADRID DE LOS AUSTRIAS

 

Por Madrid de los Austrias, también llamado barrio de los Austrias, se conoce una amplia zona de la capital española, sin entidad administrativa, correspondiente al primitivo trazado medieval de la ciudad y a la expansión urbanística iniciada por los monarcas de la Casa de Austria, a partir de los reinados de Carlos I y, especialmente, de Felipe II, que, en el año 1561, estableció la Corte en Madrid. A efectos turísticos, el nombre se emplea para promocionar los conjuntos monumentales de una gran parte de los barrios administrativos de Sol y Palacio, que representa aproximadamente una cuarta parte de la citada zona. Además de su acepción geográfica, el término Madrid de los Austrias también tiene una acepción histórica. Según esta perspectiva, la expresión se emplea para designar la evolución, preferentemente urbanística, de la ciudad entre los reinados de Carlos I (r. 1516–1556), el primero de los Austrias, y Carlos II (r. 1665–1700), con el que se extinguió la rama española de esta dinastía.

Los límites del Madrid de los Austrias difieren significativamente según el punto de vista adoptado, ya sea histórico o turístico.

 

Límites históricos

  

Durante el reinado de Carlos I, Madrid estaba integrado por dos núcleos principales: el recinto comprendido dentro de la muralla cristiana, de origen medieval, y los arrabales. El casco urbano se extendía, de oeste a este, desde el Palacio Real hasta la Puerta del Sol; y, de norte a sur, desde la plaza de Santo Domingo hasta la plaza de la Cebada.

 

A partir de 1561, con la capitalidad, la ciudad creció de forma vertiginosa, expandiéndose principalmente hacia el este. El plano de Madrid realizado por Pedro Teixeira en el año 1656, casi un siglo después del establecimiento de la Corte, da una idea precisa de las dimensiones del casco urbano, en tiempos de Felipe IV (r. 1621–1665).​

 

La villa estaba rodeada por una cerca, mandada construir por el citado monarca en el año 1625, levantada, hacia el norte, sobre las actuales calles de Génova, Sagasta, Carranza y Alberto Aguilera (conocidas popularmente como los bulevares); hacia el sur, sobre las rondas de Toledo, Valencia y Embajadores; hacia el este, sobre los paseos del Prado y Recoletos; y hacia el oeste, sobre los terraplenes del valle del río Manzanares.

 

Extramuros,​ se situaban los jardines, parajes agrestes y recintos palaciegos del Buen Retiro, en la parte oriental de la ciudad; de la Casa de Campo, en la occidental; y del El Pardo, en la noroccidental.

 

La cerca de Felipe IV sustituyó a una anterior, promovida por Felipe II (r. 1556–1598) y que enseguida quedó obsoleta. Fue erigida para detener el crecimiento desordenado que estaba experimentando la ciudad y actuó como una auténtica barrera urbanística, que limitó la expansión de la urbe hasta el siglo XIX. Fue derribada en 1868.

 

A grandes rasgos, el espacio comprendido dentro de la cerca de Felipe IV se corresponde en la actualidad con el distrito Centro. Su superficie es de 523,73 hectáreas y comprende los barrios administrativos de Cortes, Embajadores, Justicia, Palacio, Sol y Universidad.

 

Límites turísticos

 

A diferencia de los límites históricos, perfectamente establecidos a través de la cerca de Felipe IV, la zona promocionada turísticamente como Madrid de los Austrias carece de una delimitación precisa. Se circunscribe a un ámbito sensiblemente menor, que comprende parcialmente los barrios administrativos de Sol y Palacio, pertenecientes al distrito Centro de la capital.

 

Se estaría hablando de las áreas de influencia de las calles Mayor, Arenal, Segovia, carrera de San Francisco, Bailén y Toledo y de las plazas de la Cebada, de la Paja, Mayor, Puerta del Sol y de Oriente, donde se hallan barrios y áreas sin entidad administrativa, como La Latina, Ópera o Las Vistillas.

 

Aquí se encuentran conjuntos monumentales construidos tanto en los siglos XVI y XVII, cuando reinó en España la dinastía Habsburgo, como en épocas anteriores y posteriores. Por lo general, todos ellos quedan incluidos en los itinerarios turísticos que utilizan la expresión Madrid de los Austrias. Es el caso de las iglesias medievales de san Nicolás de los Servitas y san Pedro el Viejo, de los siglos XII y XIV, respectivamente, y del Palacio Real, erigido en el siglo XVIII.

 

En orden inverso, existen monumentos promovidos por los Austrias no integrados en las citadas rutas, al situarse fuera de los barrios de Sol y Palacio. Algunos ejemplos son el Salón de Reinos y el Casón del Buen Retiro, que formaron parte del desaparecido Palacio del Buen Retiro, y los jardines homónimos.

 

También quedan excluidas de esta clasificación turística zonas de menor valor monumental, pero con un gran significado histórico en la época de los Austrias. Es el caso del barrio de las Letras, articulado alrededor de la calle de las Huertas, donde coincidieron algunos de los literatos más destacados del Siglo de Oro español, tales como Félix Lope de Vega, Miguel de Cervantes o Francisco de Quevedo; o de la Casa de Campo, concebida por Felipe II como una finca de recreo y reserva de caza. En la primera mitad del siglo XVI, antes de su designación como capital, Madrid era una villa de tamaño medio entre las urbes castellanas, con cierta relevancia social e influencia política. Tenía entre 10 000 y 20 000 habitantes y formaba parte del grupo de dieciocho ciudades que disfrutaban del privilegio de tener voz y voto en las Cortes de Castilla.​

 

Había acogido en numerosas ocasiones las Cortes del Reino y, desde la época de los Trastámara, era frecuentada por la monarquía, atraída por su riqueza cinegética. Además, uno de sus templos religiosos, San Jerónimo el Real, fue elegido por la monarquía como escenario oficial del acto de jura de los príncipes de Asturias como herederos de la Corona.​ El primero en hacerlo fue Felipe II (18 de abril de 1528), que 33 años después fijaría la Corte en Madrid, y la última Isabel II (20 de junio de 1883).

Carlos I (r. 1516–1556), el primer monarca de la Casa de Austria, mostró un interés especial por la villa, tal vez con la intención de establecer de forma definitiva la Corte en Madrid. Así sostiene el cronista Luis Cabrera de Córdoba (1559–1623), en un escrito referido a Felipe II

El emperador impulsó diferentes obras arquitectónicas y urbanísticas en Madrid. A él se debe la conversión del primitivo castillo de El Pardo en palacio, situado en las afueras del casco urbano. Las obras, dirigidas por el arquitecto Luis de Vega, se iniciaron en 1547 y concluyeron en 1558, durante el reinado de Felipe II. De este proyecto sólo se conservan algunos elementos que, como el Patio de los Austrias, quedaron integrados en la estructura definitiva del Palacio Real de El Pardo, fruto de la reconstrucción llevada a cabo en el siglo XVIII, tras el incendio de 1604.

 

Otro de los edificios que el monarca ordenó reformar fue el Real Alcázar de Madrid, un castillo de origen medieval, que fue pasto de las llamas en 1734 y en cuyo solar se levanta en la actualidad el Palacio Real. Duplicó su superficie con diferentes añadidos, entre los que destacan el Patio y las Salas de la Reina y la llamada Torre de Carlos I, a partir de un diseño de Luis de Vega y Alonso de Covarrubias.

 

Entre los proyectos urbanísticos promovidos por Carlos I, figura la demolición de la Puerta de Guadalaxara, el acceso principal de la antigua muralla cristiana de Madrid, y su sustitución por una más monumental, con tres arcos. Fue levantada hacia 1535 a la altura del número 49 de la actual calle Mayor y el 2 de septiembre de 1582 desapareció en un incendio.​

 

Durante su reinado, se inauguraron algunos templos religiosos, entre ellos el santuario de Nuestra Señora de Atocha, que data de 1523. Fue derribado en 1888, ante su mal estado, y reconstruido como basílica en el siglo XX.

 

En 1541, se dispuso la ampliación de la Iglesia de San Ginés, situada en la calle del Arenal, mediante un anejo parroquial en la calle de la Montera, que recibió el nombre de San Luis Obispo. Abrió sus puertas en 1689, en tiempos de Carlos II, y fue incendiado en 1935. Sólo se conserva su fachada principal, que fue trasladada e integrada en la estructura de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en la calle del Carmen.

 

El Convento de San Felipe el Real, de 1547, fue uno de los puntos de encuentro más importantes del Madrid de los Austrias. Su lonja recibió el sobrenombre de mentidero de la villa, por los rumores que allí se fraguaban.​ El edificio, destruido en 1838, poseía un relevante claustro renacentista, compuesto por 28 arcos en cada una de sus dos galerías.

 

Otro templo de la época es la Iglesia de San Sebastián (1554–1575), que tuvo que ser reconstruida tras ser alcanzada por una bomba durante la Guerra Civil.

 

La Capilla del Obispo es, sin duda, la construcción religiosa de mayor interés arquitectónico llevada a cabo en Madrid, en tiempos de Carlos I.​ Fue levantada entre 1520 y 1535, como un anejo de la iglesia medieval de San Andrés. Responde a una iniciativa de la familia de los Vargas, una de las más poderosas del Madrid medieval y renacentista. Debe su nombre a Gutierre de Vargas y Carvajal, obispo de Plasencia, su principal impulsor.

 

En el terreno social, el religioso Antón Martín creó en 1552 el Hospital de Nuestra Señora del Amor de Dios, que estuvo en la calle de Atocha, cerca de la plaza que lleva el nombre de su fundador.

 

En 1529, Carlos I ordenó que el Real Hospital de la Corte, de carácter itinerante ya que acompañaba a la Corte en sus desplazamientos, quedara establecido de forma fija en Madrid. Su edificio, conocido como Hospital del Buen Suceso, estaba integrado por un recinto hospitalario y una iglesia, que fueron concluidos en 1607. A mediados del siglo XIX, se procedió a su derribo dentro de las obras de ampliación de la Puerta del Sol, donde se encontraba.

 

En cuanto a las residencias palaciegas, cabe mencionar la de Alonso Gutiérrez de Madrid, tesorero del emperador, cuya estructura fue aprovechada, durante el reinado de Felipe II, para la fundación del Monasterio de las Descalzas Reales. Recientes intervenciones en este edificio han puesto al descubierto elementos originales del patio principal del citado palacio.​

 

El Palacio de los condes de Paredes de Nava o Casa de San Isidro, donde tiene sus instalaciones el Museo de los Orígenes, se encuentra en la plaza de San Andrés. Fue construido en el solar de un antiguo edificio donde, según la tradición, vivió Iván de Vargas, quien, en el siglo XI, dio alojamiento y trabajo a san Isidro. Data de la primera mitad del siglo XVI.

 

Por su parte, la Casa de Cisneros data del año 1537 y está construida en estilo plateresco. Situada entre la calle del Sacramento y la plaza de la Villa, su primer propietario fue Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del cardenal Cisneros (1436–1517), de quien toma su nombre.

 

Reinado de Felipe II

 

En 1561, Felipe II (r. 1556–1598) estableció la Corte en Madrid. Tal designación provocó un aumento de la población vertiginoso: de los 10 000 - 20 000 habitantes que podía haber en la villa antes de la capitalidad se pasó a 35 000 - 45 000 en el año 1575 y a más de 100 000 a finales del siglo XVI.

 

Para hacer frente a este crecimiento demográfico, el Concejo de Madrid, respaldado por la Corona, elaboró un proyecto de ordenación urbanística, consistente en la alineación y ensanchamiento de calles, el derribo de la antigua muralla medieval, la adecuación de la plaza del Arrabal (antecedente de la actual Plaza Mayor) y la construcción de edificios públicos como hospitales, hospicios, orfanatos, instalaciones de abastos y templos religiosos.

 

Felipe II puso al frente de este plan al arquitecto Juan Bautista de Toledo. Sin embargo, la falta de medios y lentitud burocrática del consistorio y el desinterés mostrado por la Corona en la aportación de recursos ralentizaron su desarrollo. La consecuencia fue un crecimiento urbano rápido y desordenado, que se realizó preferentemente hacia el este del centro histórico, dada la accidentada orografía de la parte occidental, orientada a los barrancos y terraplenes del valle del río Manzanares.

 

Los nuevos edificios se construyeron siguiendo la dirección de los caminos que partían de la villa y, a su alrededor, surgió un entramado de calles estrechas, aunque dispuestas hipodámicamente. El que conducía hasta Alcalá de Henares (hoy calle de Alcalá) vertebró el crecimiento urbano hacia el este, al igual que el camino que llevaba a San Jerónimo el Real, sobre el que se originó la carrera de San Jerónimo. Por el sudeste, la expansión tomó como eje principal el camino del santuario de Nuestra Señora de Atocha (actual calle de Atocha).

 

Hacia el sur, las nuevas casas se alinearon alrededor del camino de Toledo (calle de Toledo) y, por el norte, la referencia urbanística estuvo marcada por los caminos de Hortaleza y de Fuencarral (con sus respectivas calles homónimas), si bien hay que tener en cuenta que, en estos dos lados de la ciudad, el crecimiento fue más moderado.

 

Antes de la capitalidad, en 1535, la superficie de Madrid era de 72 hectáreas, cifra que aumentó hasta 134 en 1565, sólo cuatro años después de establecerse la Corte en la villa. A finales del reinado de Felipe II, el casco urbano ocupaba 282 hectáreas y tenía unos 7590 inmuebles, tres veces más que en 1563 (2250), al poco tiempo de la designación de Madrid como capital.

 

La intensa actividad inmobiliaria de este periodo no fue suficiente para satisfacer la demanda de viviendas, por parte de cortesanos y sirvientes de la Corona. Tal situación llevó al monarca a promulgar el edicto conocido como Regalía de Aposento, mediante el cual los propietarios de inmuebles de más de una planta estaban obligados a ceder una de ellas a una familia cortesana.

 

Este decreto favoreció el desarrollo de las llamadas casas a la malicia, un tipo de vivienda con el que sus propietarios intentaban evitar el cumplimiento de la norma, mediante diferentes soluciones (una única planta, compartimentación excesiva de los interiores, ocultación a la vía pública del piso superior...).

 

En 1590, la Corona y el Concejo crearon la Junta de Policía y Ornato, organismo presidido por el arquitecto Francisco de Mora, con el que se intentó poner fin a los desarreglos urbanísticos provocados por la rápida expansión de la ciudad. La correcta alineación de las calles, mediante la supresión de los recovecos existentes entre los inmuebles, fue uno de sus objetivos.

 

Felipe II promovió la realización de diferentes infraestructuras urbanas, caso del Puente de Segovia, la calle Real Nueva (actual calle de Segovia) y la Plaza Mayor. Los proyectos inicialmente previstos para estas tres obras no pudieron llevarse a cabo plenamente, adoptándose soluciones menos ambiciosas, ante las limitaciones presupuestarias.

 

Las dos primeras se enmarcaban dentro del mismo plan, consistente en la creación de una gran avenida, de aire monumental, que, salvando el río Manzanares por el oeste, conectase el antiguo camino de Segovia con el Real Alcázar. Finalmente, sólo pudo ejecutarse el puente (1582–1584), atribuido a Juan de Herrera, mientras que la avenida quedó reducida a unas nivelaciones del terreno sobre el barranco del arroyo de San Pedro y al derribo de varios edificios, que dieron origen a la calle de Segovia, terminada en 1577.

 

Con respecto a la Plaza Mayor, levantada sobre la antigua plaza del Arrabal, el centro comercial de la villa en aquel entonces, el monarca encargó su diseño a Juan de Herrera en el año 1580. Durante su reinado, se demolieron los edificios primitivos y dieron comienzo las obras de la Casa de la Panadería (1590), proyectada por Diego Sillero. Fue su sucesor, Felipe III, quien dio el impulso definitivo al recinto.

 

Felipe II continuó con las reformas y ampliaciones del Real Alcázar, iniciadas por su padre, con la edificación de la Torre Dorada, obra de Juan Bautista de Toledo, y la decoración de las distintas dependencias. También ordenó la construcción, en las inmediaciones del palacio, de la Casa del Tesoro, las Caballerizas Reales y la Armería Real. Todos estos conjuntos han desaparecido.

 

Pero tal vez su proyecto más personal fuese la Casa de Campo, paraje que convirtió en un recinto palaciego y ajardinado para su recreo. Se debe a un diseño de Juan Bautista de Toledo, que siguió el modelo de naturaleza urbanizada, acorde con el gusto renacentista de la época, a modo de conexión con el Monte de El Pardo.​ De este proyecto sólo se conservan partes del trazado de los jardines y algunos restos del palacete.

 

Asimismo, fueron levantados distintos edificios religiosos y civiles. El Monasterio de las Descalzas Reales fue fundado en 1559 por Juana de Austria, hermana del monarca, y en 1561 comenzaron las obras del Convento de la Victoria, que, como aquel, también estuvo muy vinculado con la Corona.

 

En 1583 abrió su puertas el corral de comedias del Teatro del Príncipe (en cuyo solar se levanta ahora el Teatro Español), institución clave en el Siglo de Oro español.15​ En 1590, fue inaugurado el Colegio de María de Córdoba y Aragón (actual Palacio del Senado), que toma su nombre de una dama de la reina Ana de Austria, principal impulsora del proyecto.

 

Entre los palacios nobiliarios, hay que destacar la Casa de las Siete Chimeneas (1574–1577), actual sede del Ministerio de Cultura, situada en la plaza del Rey. Su primer propietario fue Pedro de Ledesma, secretario de Antonio Pérez.

 

En la calle de Atocha se encontraban las casas de Antonio Pérez y en la plaza de la Paja se halla el Palacio de los Vargas, cuya fachada fue transformada en el siglo XX, adoptándose una solución historicista, a modo de continuación de la contigua Capilla del Obispo.

Reinado de Felipe III

En 1601, pocos años después de subir al trono Felipe III (r. 1598–1621), Madrid perdió la capitalidad a favor de Valladolid. Consiguió recuperarla cinco años después, tras el pago a la Corona de 250 000 ducados y el compromiso por parte del Concejo de abastecer de agua potable al Real Alcázar, entre otras infraestructuras.

 

Con tal fin, el consistorio realizó los denominados viajes de agua (conducciones desde manantiales cercanos a la villa), entre los cuales cabe destacar el de Amaniel (1614–1616). De ellos también se beneficiaron algunos conventos y palacios, además de los propios vecinos, a través de las fuentes públicas.​ En 1617 fue creada la llamada Junta de Fuentes, organismo encargado de su mantenimiento y conservación.

 

Bajo el reinado de Felipe III, se proyectaron numerosos edificios religiosos y civiles, algunos de los cuales fueron inaugurados en la época de Felipe IV. Es el caso de la Colegiata de San Isidro; de la nueva fachada del Real Alcázar (1610–1636), obra de Juan Gómez de Mora, que perduró hasta el incendio del palacio en 1734;​ y del Convento de los Padres Capuchinos, en El Pardo, fundado por el rey en 1612, cuyo edificio definitivo no pudo comenzarse hasta 1638.

 

Las nuevas edificaciones se construyeron con mayor calidad arquitectónica que en los periodos anteriores, al tiempo que se impuso un estilo propio, típicamente madrileño, de aire clasicista y de clara influencia herreriana,​ aunque también se observan rasgos prebarrocos.

 

Además, se establecieron arquetipos arquitectónicos, que, en relación con las casas palaciegas, quedaron definidos en un trazado de planta rectangular, dos o más alturas de órdenes, portadas manieristas, cubiertas abuhardilladas de pizarra y torres cuadrangulares, por lo general dos, con chapiteles rematados en punta, en la línea escurialense.

 

Este esquema, uno de los que mejor definen la arquitectura madrileña de los Austrias y de periodos posteriores, empezó a gestarse en tiempos de Felipe III, con ejemplos tan notables como las Casas de la Panadería y de la Carnicería, en la Plaza Mayor; el Palacio del marqués de Camarasa, ubicado en la calle Mayor y sede actual de diferentes dependencias municipales; el proyecto de reconstrucción del Palacio Real de El Pardo, incendiado el 13 de marzo de 1604; y la ya citada fachada del Real Alcázar. No obstante, fue con Felipe IV cuando alcanzó su máxima expresión.

 

Por su parte, el Palacio de los Consejos (también llamado del duque de Uceda) puede ser considerado un precedente en lo que respecta a la organización del espacio y fachadas, si bien carece de las torres de inspiración herreriana. Fue diseñado por Francisco de Mora, quien contó con la colaboración de Alonso de Trujillo, al frente las obras entre 1608 y 1613.

 

En cuanto a los templos religiosos, la mayoría de las construcciones utilizó como referencia el modelo jesuítico, de planta de cruz latina, que tiene su origen en la Iglesia del Gesú (Roma, Italia). La Colegiata de San Isidro, que, como se ha referido, fue diseñada en tiempos de Felipe III y terminada con Felipe IV, responde a esta pauta.

 

Mención especial merece el Real Monasterio de la Encarnación (1611–1616), fundado por Margarita de Austria, esposa del rey. Su fachada, obra de Juan Gómez de Mora (aunque posiblemente proyectada por su tío, Francisco de Mora), fue una de las más imitadas en la arquitectura castellana del siglo XVII y buena parte del XVIII.​

 

Un ejemplo es el Monasterio de la Inmaculada Concepción, en Loeches (Madrid), que, como aquel, presenta fachada rectangular con pórtico, pilastras a ambos lados y frontón en la parte superior.

 

La lista de edificios religiosos levantados durante el reinado de Felipe III es amplia. El Convento de San Ildefonso de las Trinitarias Descalzas (o, sencillamente, de las Trinitarias), del año 1609, se encuentra en el Barrio de las Letras y en él fue enterrado Miguel de Cervantes. Del Convento del Santísimo Sacramento, fundado en 1615 por Cristóbal Gómez de Sandoval y de la Cerda, valido del rey, sólo se conserva su iglesia (actual Catedral Arzobispal Castrense), levantada en tiempos de Carlos II.

 

El Monasterio del Corpus Christi o de las Carboneras y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen fueron empezados en 1607 y 1611, respectivamente, y ambos se deben a Miguel de Soria. La Iglesia de San Antonio de los Alemanes, de 1606, es una de las más singulares del primer tercio del siglo XVII, por su planta oval.21​ Su interior está decorado al fresco por Lucas Jordán, Juan Carreño de Miranda y Francisco Rizi.

 

Las iglesias de San Ildefonso (1619) y de Santos Justo y Pastor (hacia 1620) se encuentran entre las últimas fundaciones religiosas llevadas a cabo antes de la muerte del monarca en 1621. La primera, destruida completamente durante la Guerra Civil Española, fue reconstruida en la década de 1950.

 

Pero, sin duda, el proyecto urbanístico más importante llevado a cabo por el monarca fue la Plaza Mayor. En 1619, Felipe III finalizó las obras, que había iniciado su antecesor, con un nuevo diseño, firmado y desarrollado por Juan Gómez de Mora. Este arquitecto fue también responsable de la Casa de la Panadería, que preside el conjunto, si bien su aspecto actual corresponde a la reconstrucción realizada por Tomás Román, tras el incendio acaecido en 1672.

 

Además de este recinto, se procedió a adecuar otras plazas, como la de la Cebada y la desaparecida de Valnadú, esta última resultado de la demolición en el año 1567 de la puerta homónima, en la época de Felipe II. Otro de sus logros urbanísticos fue la reorganización del territorio en las riberas del río Manzanares y en el Real Camino de Valladolid, mediante la eliminación de las compartimentaciones internas y la estructuración de los plantíos.​

 

En el terreno de la escultura, destaca la estatua ecuestre del propio rey, traída desde Italia como obsequio del Gran Duque de Florencia. Realizada en bronce, fue comenzada por Juan de Bolonia y terminada por su discípulo, Pietro Tacca, en 1616.

 

Estuvo emplazada en la Casa de Campo, recinto que fue objeto de una especial atención por parte del monarca con la construcción de nuevas salas en el palacete (del Mosaico y de las Burlas) y la instalación de diferentes fuentes y adornos en los jardines. En 1848, la escultura fue trasladada al centro de la Plaza Mayor, donde actualmente se exhibe, por orden de Isabel II.

 

Reinado de Felipe IV

Felipe IV (r. 1621–1665) accedió al trono a la edad de dieciséis años, tras la inesperada muerte de su padre. Tradicionalmente ha sido considerado como un mecenas de las letras y de las artes, principalmente de la pintura.​ Durante su reinado, Madrid se convirtió en uno de los principales focos culturales de Europa y en el escenario donde se fraguaron muchas de las grandes creaciones del Siglo de Oro español. Además, la ciudad albergó la mayor parte de la colección pictórica del monarca, una de las más importantes de la historia del coleccionismo español

 

En el ámbito de la arquitectura, se levantaron numerosos edificios civiles y religiosos, al tiempo que se construyó una nueva residencia regia en el entorno del Prado de los Jerónimos, en el lado oriental del casco urbano. El Palacio del Buen Retiro desplazó hacia el este buena parte de la actividad política, social y cultural de la villa, que hasta entonces gravitaba únicamente sobre el Real Alcázar, situado en el extremo occidental.

En líneas generales, la arquitectura palaciega del reinado de Felipe IV siguió el modelo post-escurialense, de rasgos barrocos contenidos, que comenzó a forjarse con Felipe III. Este estándar aparecía en estado puro en el desaparecido Palacio del Buen Retiro, cuyo origen fue el llamado Cuarto Real, un anexo del Monasterio de los Jerónimos, que, desde tiempos de los Reyes Católicos, era frecuentado por la realeza para su descanso y retiro.

 

Siguiendo una iniciativa del Conde-Duque de Olivares,29​ en 1632 Felipe IV ordenó al arquitecto Alonso Carbonel la ampliación del recinto y su conversión en residencia veraniega. El palacio fue concebido como un lugar de recreo, función que quedó remarcada mediante una configuración articulada alrededor de dos grandes patios, diseñados a modo de plazas urbanas.30​ La Plaza Principal estaba reservada a la Familia Real, mientras que la Plaza Grande, de mayores dimensiones, era utilizada para la celebración de fiestas, actos lúdico-culturales y eventos taurinos.

 

La primera fase, correspondiente al núcleo central (Plaza Principal), se concluyó en 1633, sólo un año después de realizarse el encargo. Por su parte, las obras de la Plaza Grande, el Picadero, el Salón de Baile, el Coliseo y los jardines se prolongaron, a lo largo de diferentes etapas, hasta 1640.

 

El recinto palaciego sufrió graves desperfectos durante la Guerra de la Independencia y, finalmente, fue demolido en la época de Isabel II, ante la imposibilidad de recuperación. Sólo se conservan el Salón de Reinos y el Salón de Baile (o Casón del Buen Retiro), si bien con importantes transformaciones en relación con el diseño original.

 

En lo que respecta a los jardines, el Parque de El Retiro es heredero del trazado llevado a cabo en la época de Felipe IV, aunque su fisonomía actual responde a múltiples remodelaciones ejecutadas en periodos posteriores, principalmente en los siglos XVIII y XIX. Entre los elementos primitivos que aún se mantienen, cabe citar algunos complejos hidráulicos, como el Estanque Grande y la Ría Chica.

 

Además del Buen Retiro, el monarca mostró una especial predilección por el Real Sitio de El Pardo, donde mandó construir el Palacio de la Zarzuela, actual residencia de la Familia Real, y ampliar la Torre de la Parada, a partir de un diseño de Juan Gómez de Mora. Este último edificio fue erigido como pabellón de caza por Felipe II y resultó completamente destruido en el siglo XVIII.

 

La arquitectura civil tiene en el Palacio de Santa Cruz y en la Casa de la Villa, ambos proyectados por Juan Gómez de Mora en el año 1629, dos notables exponentes.

 

El primero albergó la Sala de Alcaldes de Casa y Corte y la Cárcel de Corte y, en la actualidad, acoge al Ministerio de Asuntos Exteriores. Se estructura alrededor de dos patios cuadrangulares simétricos, unidos mediante un eje central que sirve de distribuidor y acceso al edificio. La horizontalidad de su fachada principal, que da a la Plaza de la Provincia, queda rota por los torreones laterales de inspiración herreriana y la portada con dos niveles de triple vano. Fue terminado en 1636 y ha sido objeto de numerosas reformas en siglos posteriores.

 

Por su parte, la Casa de la Villa fue diseñada como sede del gobierno municipal y Cárcel de Villa. Sus obras comenzaron en 1644, quince años después de realizarse el proyecto, y finalizaron en 1696. Junto a Gómez de Mora, colaboraron José de Villarreal, a quien se debe el patio central, Teodoro Ardemans y José del Olmo.

 

Entre las residencias nobiliarias, figuran el Palacio del duque de Abrantes, construido por Juan Maza entre 1653 y 1655 y transformado sustancialmente en el siglo XIX, y el Palacio de la Moncloa. Este último fue erigido en el año 1642, a iniciativa de Melchor Antonio Portocarrero y Lasso de la Vega, conde de Monclova y virrey del Perú, su primer propietario. La estructura actual corresponde a la reconstrucción y ampliación llevadas a cabo en el siglo XX, tras los daños sufridos durante la Guerra Civil.

La arquitectura religiosa del reinado de Felipe IV presenta dos fases, coincidentes con los procesos evolutivos que se dieron en el arte barroco español a lo largo del siglo XVII.

 

En la primera mitad, se mantuvo la austeridad geométrica y espacial, arrastrada del estilo herreriano, con escasos y calculados motivos ornamentales, salvo en los interiores, que, en clara contraposición, aparecían profusamente decorados. En la segunda mitad del siglo, el gusto por las formas favoreció un progresivo alejamiento del clasicismo y la incorporación de motivos naturalistas en las fachadas.

 

Dentro de la primera corriente, que puede ser denominada como barroco clasicista, se encuentran la Colegiata de San Isidro, la Ermita de San Antonio de los Portugueses y el Convento de San Plácido.

 

La Colegiata de San Isidro (1622–1664) fue fundada como iglesia del antiguo Colegio Imperial,​ situado dentro del mismo complejo. El templo se debe a un proyecto del hermano jesuita Pedro Sánchez de hacia 1620, iniciándose su construcción en 1622. A su muerte, en 1633, se hará cargo de la obra el hermano Francisco Bautista junto con Melchor de Bueras. Es de planta de cruz latina y destaca por su fachada monumental, realizada en piedra de granito y flanqueada por dos torres en los lados. Fue la catedral provisional de Madrid desde 1885 hasta 1993.

 

La Ermita de San Antonio de los Portugueses estuvo ubicada en una isla artificial, en medio de un estanque lobulado, dentro de los Jardines del Buen Retiro. Fue edificada entre 1635 y 1637 por Alonso Carbonel y derribada en 1761, para levantar, sobre su solar, la Real Fábrica de Porcelana de la China, igualmente desaparecida. Su torre cuadrangular, rematada con chapitel herreriano, y su suntuosa portada, configurada por cuatro grandes columnas de mármol blanco y capiteles de mármol negro, eran sus elementos más notables.

 

El edificio actual del Convento de San Plácido, obra de Lorenzo de San Nicolás, data de 1641. La decoración interior es la parte más sobresaliente y en él se conserva un Cristo yacente de Gregorio Fernández.

 

Conforme fue avanzando el siglo XVII, los exteriores sobrios fueron perdiendo vigencia y se impuso un estilo plenamente barroco, sin apenas concesiones al clasicismo. Esta evolución puede apreciarse en la ya citada Casa de la Villa, que, dado su prolongado proceso de construcción (el diseño se hizo en 1629 y el edificio se terminó en 1696), fue incorporando diferentes elementos ornamentales en su fachada clasicista, acordes con las nuevas tendencias.

 

La Capilla de San Isidro ejemplifica el apogeo del barroco. Fue construida como un anejo de la iglesia de origen medieval de San Andrés para albergar los restos mortales de san Isidro. La primera piedra se puso en 1642, a partir de un proyecto de Pedro de la Torre. En 1657, José de Villarreal realizó un segundo proyecto, cuyas obras fueron inauguradas por Felipe IV y su esposa Mariana de Austria en un acto institucional. Fue terminada en 1699.

 

Junto a la basílica neoclásica de San Francisco el Grande (siglo XVIII), se halla la Capilla del santo Cristo de los Dolores para la Venerable Orden Tercera de San Francisco (1662–1668), realizada por el arquitecto Francisco Bautista. En su interior sobresale la decoración barroca, con especial mención al baldaquino, hecho en maderas, jaspes y mármoles, donde se guarda la talla del Cristo de los Dolores.

 

El Convento de Nuestra Señora de la Concepción o de las Góngoras es otro ejemplo del barroco madrileño. Debe su nombre a Juan Jiménez de Góngora, ministro del Consejo de Castilla, quien procedió a su creación, por encargo directo del rey, como ofrenda por el nacimiento de su hijo Carlos (a la postre Carlos II). Fue inaugurado en 1665 y ampliado en 1669, según un proyecto de Manuel del Olmo.

 

Dentro del capítulo de arquitectura religiosa, también hay que destacar la reconstrucción de la iglesia medieval de San Ginés, llevada a cabo, a partir de 1645, por el arquitecto Juan Ruiz. Es de planta de cruz latina, de tres naves, con crucero y cúpula.

 

Escultura

Las numerosas fundaciones religiosas llevadas a cabo con Felipe IV generaron una importante actividad escultórica, destinada a la realización de tallas y retablos. Hacia 1646 se estableció en la Corte Manuel Pereira, a quien se debe el retablo de la Iglesia de San Andrés, desaparecido durante la Guerra Civil, y la estatua de San Bruno, considerada una de sus obras maestras, que se conserva en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

 

Fuera del ámbito religioso, la producción escultórica se desarrolló a través de dos vías: la ornamentación de calles y plazas, mediante la construcción de fuentes artísticas (es el caso de la Fuente de Orfeo, diseñada por Juan Gómez de Mora y terminada en 1629), y los encargos reales, entre los que sobresale la estatua ecuestre de Felipe IV (1634–1640).

 

Se trata de las primera escultura a caballo del mundo en la que éste se sostiene únicamente sobre sus patas traseras.34​ Es obra de Pietro Tacca, quien trabajó sobre unos bocetos hechos por Velázquez y, según la tradición, contó con el asesoramiento científico de Galileo Galilei. Conocida como el caballo de bronce, estuvo inialmente en el Palacio del Buen Retiro y, en tiempos de Isabel II, fue trasladada a la Plaza de Oriente, su actual ubicación.

En el terreno urbanístico, Felipe IV ordenó la construcción de una cerca alrededor del casco urbano, mediante la cual quedaron establecidos los nuevos límites de la villa, tras los procesos expansivos de los periodos anteriores. Desde la fundación de Madrid en el siglo IX, había sido costumbre cercar el caserío, bien con una finalidad defensiva (murallas musulmana y cristiana), bien para el control fiscal de los abastos e inmigración (cerca medieval de los arrabales y Cerca de Felipe II).

 

La Cerca de Felipe IV provocó varios efectos en el desarrollo urbano: por un lado, impidió la expansión horizontal de Madrid hasta bien entrado el siglo XIX, cuando fue demolida y pudieron acometerse los primeros ensanches; y, por otro, favoreció un cierto crecimiento vertical, dando lugar a las corralas, viviendas dispuestas en varias alturas y organizadas en corredera, alrededor de un gran patio común.

 

De la citada cerca, realizada en ladrillo y mampostería, aún se mantienen en pie algunos restos, como los situados en la Ronda de Segovia, en los alrededores de la Puerta de Toledo.

 

El Puente de Toledo es otro de los proyectos urbanísticos impulsados por el rey. Su función era enlazar directamente el casco urbano con el camino de Toledo, salvando el río Manzanares por la parte suroccidental de la ciudad. Fue construido por José de Villarreal entre 1649 y 1660, a partir de un proyecto de Juan Gómez de Mora.

 

El puente quedó destruido en una riada y en 1671, durante el reinado de Carlos II, se levantó uno nuevo, que también desapareció por los mismos motivos. La estructura definitiva que ha llegado a la actualidad corresponde al primer tercio del siglo XVIII y es obra de Pedro de Ribera.

Reinado de Carlos II

Con la llegada al trono de Carlos II (r. 1665–1700), se frenó el ritmo constructor del reinado anterior, sobre todo en lo que respecta a las edificaciones civiles. Entre éstas, tan sólo cabe mencionar la Puerta de Felipe IV (1680), que, pese a su nombre, fue erigida en honor de María Luisa de Orleáns, primera esposa de Carlos II. Trazada por Melchor Bueras, estuvo inicialmente emplazada en la Carrera de San Jerónimo, hasta su traslado, a mediados del siglo XIX, a la calle de Alfonso XII, donde sirve de acceso al Parque de El Retiro.

 

En cuanto a las fundaciones religiosas, se levantaron algunos templos de interés artístico, que abandonaron definitivamente el aspecto austero de la primera mitad del siglo XVII e incorporaron plenamente las tendencias barrocas.

 

Es el caso de la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, que forma parte del convento homónimo.​ Fue trazada en el año 1668 por el arquitecto Sebastián Herrera Barnuevo, si bien su proyecto fue transformado por Gaspar de la Peña, Juan de Torija, Pedro de la Torre, Francisco Aspur y Pedro de Ribera, que intervinieron, en diferentes fases, hasta la conclusión del conjunto en 1720. El edificio destaca por su exterior profusamente ornamentado, en especial la torre que flanquea uno de sus lados, con abundantes motivos naturalistas en su parte superior y alrededor de los vanos.

 

El gusto por las formas también está presente en la Iglesia de las Calatravas (1670–1678), situada en la calle de Alcalá. Se debe a un diseño de fray Lorenzo de San Nicolás, terminado por Isidro Martínez y Gregorio Garrote. Presenta planta de cruz latina y, en su crucero, se alza una cúpula con tambor de ocho vanos, cuatro abiertos y cuatro cegados. La capilla mayor está adornada con un retablo de José Benito de Churriguera, realizado en tiempos de Felipe V.

 

Del Monasterio del santísimo Sacramento, fundado por Cristóbal Gómez de Sandoval en la época de Felipe IV, sólo se conserva su iglesia, actual Catedral Arzobispal Castrense. El templo se construyó con Carlos II, entre 1671 y 1744, a partir de un proyecto firmado por Francisco Bautista, Manuel del Olmo y Bartolomé Hurtado García.

 

Su fachada, labrada en sillares de granito, se estructura en tres niveles horizontales y está rematada por un frontón circular. La decoración exterior consiste en diferentes molduras que recorren los vanos, con motivos naturales, y en un relieve dedicado a san Benito y san Bernardo, instalado en el nivel intermedio.

 

Pese a las corrientes barrocas del momento, el Convento de las Comendadoras de Santiago se aproxima más al arquetipo arquitectónico de la primera mitad del reinado de Felipe IV, caracterizado por su sobriedad. El edificio, que empezó a construirse en 1667, destaca por su iglesia, de planta de cruz griega, fachada inspirada en el modelo del Real Monasterio de la Encarnación y torres con chapiteles herrerianos en los lados.

   

Llamada asi , por unos hornos de ladrillo, que se localizaban sobre la playa.

SIGNIFICADO DE ACAPULCO

 

1.- Del náhuatl: “Acame”: Cañas; “pul”: Grueso. “Co”: Locativo

 

“Donde hay cañas gruesas”

 

2.- Acatl: Carrizo; Pol: Arrasar, destruir; Co: En el lugar.

 

“En el lugar en que fueron destruidos los carrizos”

 

Cronología: Antigüedad

 

Restos arqueológicos indican especialmente la existencia de una población en el período preclásico. Se encontraron figuras cuyos rasgos extraordinarios difieren de muchas otras regiones de México.

 

*Prehistórico o arcaico:

 

La Sabana.

 

Se considera la existencia de una ciudad en ese tiempo, cuyos vestigios son llamados “La ciudad perdida”. Se han encontrado objetos de acaso 2 mil años de antigüedad, entre ellos figuras de bellas damas.

 

Época precortesiana:

 

Datos escogidos en una conferencia de mesa redonda por personalidades de antropología e historia, “hace 5 mil años, la bahía estaba habitada y 2 mil años después la poblaron los nahoas denominando al lugar “Acapulco” que se traduce como “donde fueron arrasados los carrizos”.

 

Siglo VII (aproximadamente)

 

Arribaron los tlahuicas y siglos después, dominaron el territorio los “yopes” quienes fueron conquistados por el emperador azteca “Ahuitzol” por el año 1488.

 

1486-1502

 

Acapulco pasó a formar parte del imperio azteca durante el reinado de Ahuitzol.

 

Siglo XVI

 

Las primeras manifestaciones arquitectónicas datan del siglo XVI, en que los primeros misioneros construyeron conventos y hermitas en Chilapa, Tlapa, Tepecoacuilco, Tasco y Acapulco.

 

1519

 

Hernán Cortés tuvo la primera noticia de la existencia de Acapulco, de boca del mismo emperador Moctezuma II, al mostrarle los mapas que tenía en su imperio, siendo Francisco Chico el primer emperador que recorrió esta región pasando por Acapulco el 15 de diciembre de 1521.

 

1522

 

Con el fin de encontrar en el mar del sur, una ruta hacia oriente, Cortés promovió varias expediciones marítimas a partir de este año.

 

1523 (finales)

 

Juan Rodríguez de Villafuerte lleva a cabo la conquista definitiva de Acapulco, mereciendo por ello la encomienda que se extendía desde el río del Papagayo, abarcando los pueblos de Xaltianguis, Nahuala y otros hasta Coyuca.

 

1524

 

Envía Cortés otra expedición al sur en busca de estaño. Exploraron la región de Taxco el Viejo y fundaron algunos centros mineros que recibieron el nombre de “reales”; uno de ellos que quedaba en Tetelcingo, dio origen posteriormente a la actual ciudad de Taxco. Como esta región resultaría riquísima en metales preciosos, pronto fue poblada por los españoles.

 

1527

 

Fue hasta el 31 de octubre de este año cuando salieron de Zacatula las primeras naves hacia oriente, que por cierto no volvieron.

 

1528 (25 de abril)

 

Por una real orden del Rey Carlos I de España y V de Alemania, Acapulco pasó a poder directo de la Corona el 25 de abril de 1528, tomando el nombre de “Acapulco, la ciudad de los Reyes”.

 

1531

 

Se abrió la vía de comunicación de la capital del virreynato al puerto de Acapulco.

 

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1532 (principios)

 

Gran actividad se registraba en el puerto de Acapulco con motivo de la expedición que se preparaba en cumplimiento del contrato celebrado entre la emperatriz Isabel y Hernán Cortés.

 

1532 (31 de mayo día de Corpus Cristi)

 

Salió de Acapulco la primera expedición marítima al mando de Hurtado de Mendoza.

 

1532

 

Hernán Cortés manda expediciones a explorar las costas del pacífico.

 

Andres de Urdaneta zarpó de Acapulco a Filipinas.

 

1532

 

Salió de Acapulco la expedición mandada por Hurtado de Mendoza para descubrir las islas de los mares del sur.

 

1532

 

Zarpan de Acapulco las embarcaciones de Hurtado de Mendoza.

 

1532

 

Muy poco provecho había alcanzado Hernán Cortés en las expediciones que preparó y envió hasta este año, gastando su fortuna en la construcción de barcos.

 

Fueron 2 naves que habían salido a explorar: “La Concepción”, cuyo almirante fue Diego Becerra; “San Lázaro” a cargo del Capitán Hernando de Grijalva.

 

“San Lázaro” descubrió la Isla del Socorro y el Archipiélago de San Benedicto; llegó al puerto de Acapulco a finales del año.

 

1533 (5 de octubre)

 

Los frailes que llegaron al actual estado de Guerrero atenuaron con su bondad los rigores aplicados por los encomenderos a los indios, la evangelización de nuestro pueblo indígena estuvo a cargo de frailes agustinos y franciscanos.

 

Los frailes agustinos llegaron a Chilapa el 5 de octubre de 1533 encabezados por los frailes Agustín de Coruña y Jerónimo de San Esteban. Estos fundaron 3 conventos. Uno en Chilapa, otro en Tlapa y otro en Tepecoacuilco.

 

Por su parte, la orden de frailes dieguinos fundó otros 2 conventos. Uno en Tasco y otro en Acapulco.

 

1535

 

Cortés embarcó en Tehuantepec, pero tuvo que buscar puerto en Acapulco.

 

1535

 

Levan anclas en el puerto los navíos que Cortés envió en ayuda de Pizarro.

 

1536

 

Hernán Cortés transita el camino México-Acapulco viniendo de regreso de su expedición a la California; enseguida dispuso que se rectificaran tramos para facilitar el paso a caballo y con bestias de carga.

 

1539

 

Salió de Acapulco la expedición de Francisco de Ulloa con el propósito de conquistar las míticas ciudades de Cíbola y Quivira.

 

1540

 

Salió de Acapulco la expedición de Domingo de Castillo, a quien se debe la Carta Geográfica más antigua de las costas occidentales del país.

 

1540

 

Zarpan otros navíos, ya sin patrocinio de Cortés, explorando el litoral del pacífico hasta el mar Cortés.

 

1540

 

El primer virrey Antonio de Mendoza mandó a acondicionar el camino México-Acapulco, para facilitar los aprestos de la expedición que iba a emprender Hernando de Alarcón, imponiendo la reparación y conservación a las comunidades de naturales y de algunos hacendados lindantes.

 

1550 (12 de marzo)

 

Don Antonio de Mendoza, visorrey y gobernador de la Nueva España, extiende nombramiento al primer alcalde de la ciudad de Acapulco a Don Pedro Pacheco.

 

1550

 

Acapulco empezó a poblarse con familias que trajo Fernando de Santa Anna; algunas de éstas (españolas y mestizas) las llevó a La Sabana.

 

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1550

 

Felipe II le otorgó el título de Ciudad, pero habiéndose perdido el documento, se volvió a expedir otro el 28 de noviembre de 1799. (Véase 1799)

 

1550

 

El virrey Antonio de Mendoza mandó condicionar por segunda vez el camino México-Acapulco, cuando tuvo que embarcarse en Acapulco, promovido al Perú con igual grado.

 

1553

 

Fray Juan Bautista Moya evangelizó Acapulco y sus contornos.

 

1561

 

Andrés de Urdaneta, en atención a sus condiciones portuarias, escribe del puerto singular elogio calificándolo de “grande, seguro, muy saludable y dotado de buen agua”.

 

1564 (31 de julio)

 

El 2° virrey Luis de Velasco, mandó condicionar nuevamente el camino México-Acapulco, dos años antes de su muerte.

 

Notablemente se mejoró en cuanto hubo certeza de poderse efectuar los tornaviajes de la Filipina y, por ende, la posibilidad de entablar un provechoso comercio.

 

1564 (21 de noviembre)

 

Empezó la conquista de Filipinas por Legazpi y Urdaneta. Este último estableció una ruta con Asia a través de Baja California.

 

1564 (21 de noviembre)

 

Parte para las Filipinas la expedición de Miguel López de Legazpi, como primer piloto va un fraile de la Orden de San Agustín de nombre Andrés de Urdaneta, marino de largo historial.

 

1565 (8 de octubre)

 

Vuelve Urdaneta al puerto de Acapulco procedente de la Isla de Cebú. Conquista con ello una de las rutas marinas más difíciles de su tiempo.

 

1565

 

El fraile Andrés de Urdaneta, cumplida su misión de dirigir la expedición de Legazpi a las Filipinas, al regreso fija la ruta del Oriente asiático a la América con puerto en Acapulco.

 

1565

 

Recibió la nave que, mandada por Felipe de Saleeda y Fray Andrés de Urdaneta, volvía de Filipinas tras haber descubierto la llamada “Vuelta al poniente”.

 

1565

 

Desembarcó en el puerto Fray Andrés de Urdaneta,quien volvía de las Islas Filipinas, dejando establecida la ruta de regreso de Asia por el Pacífico.

 

1565 (octubre)

 

Fray Antón de Urdaneta ancló de tornaviaje en Acapulco.

 

1571

 

El comercio en Acapulco favoreció los ataques de piratas y corsarios, que hacían lo indecible por adueñarse de los galeones, perjudicando de paso a España. Entre los bandidos más famosos del mar, Francisco Drake por 1579; Thomas Candish, 1586; el alemán Spielberg, 1615; Jorge Anson, 1742.

 

Con el fin de protegerse de estos ataques, el gobierno virreynal mandó construir el Fuerte . (Véase 1784)

 

1571 (18 de mayo)

 

Termina la conquista de las Filipinas por Legaspi y Urdaneta, fecha en que se declara a Acapulco único puerto comercial entre Asia a través de México, lo que propició el comercio que consistía en transportar mercancía en barcos grandes de vela que llamaban Naos, que llegaban en diciembre de cada año.

 

1571 (14 de abril)

 

Felipe II ordena que Acapulco sea el único puerto oficial en la América para el comercio con Asia.

 

1571

 

Se estableció una comunicación permanente entre Acapulco y Manila. Anualmente realizaba estos viajes un galeón cargado de provisiones para las Islas Filipinas, trayendo a Acapulco riquísimas mercancías: Tejidos de seda y algodón, cerámica china, especias y objetos de arte.

 

De Acapulco esta mercancía pasaba a la capital, y de ahí eran enviados a Veracruz, Puebla, Guadalajara, Jalapa y Saltillo; gran parte de la misma eran expedidas a España. Cada vez que arribaba un galeón, acudían al puerto los principales comerciantes, no sólo de México, sino hasta del Perú y otras regiones lejanas.

 

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1578

 

Francis Drake fue el primer pirata que conoció el valioso comercio que se sostenía con el Asia al cruzar estos mares en este año, pero no entró en Acapulco temeroso de perder las riquezas que traía en su nave, pero por los informes que rindió en Inglaterra, el pirata Cavendish atrapó en aguas de California a la Nao Santa Ana en 1587.

 

1579 (14 de abril)

 

Gracias a la proeza de Fray Andrés de Urdaneta, fue posible el comercio en Acapulco que en pocos años se hizo intensivo, a grado tal, que alarmó a la Corte de España, dando lugar a que con fecha 14 de abril de 1579 firmara Cédula Real el Rey Felipe II declarando como único puerto comercial entre la América y Asia, al de Acapulco. Desde entonces empieza a aumentar la importancia de Acapulco.

 

1579 (14 de abril)

 

Se ampliaron los horizontes comerciales hasta China y la India, y entonces las naos hacían hasta tres y cuatro viajes de ida y vuelta, por lo que Felipe II fue presionado por los mercaderes de Sevilla a fin de que declarara por Cédula Real del 14 de abril de 1579, que el único puerto comercial con el Asia era Acapulco.

 

1582

 

Llegó la expedición marítima de Francisco Galli y otras.

 

1582 (28 de octubre)

 

El virrey, conde de La Coruña, en carta enviada al rey Felipe, le manda un plano del puerto y de la fortaleza que conviene construir para protegerlo del ataque de los rufianes del mar.

 

1591

 

Los representantes de Cadiz y Sevilla eran los más poderosos y controlaban el comercio en grande. Viendo el desorden de las ferias, lograron en este año que se expidieran grandes restricciones para el comercio con el oriente; se prohibió al comercio mediano que traficara con Manila, y los comerciantes de aquella lejana provincia, solamente podrían enviar dos galeones de 400 toneladas como máximo y que el valor de las mercancías no podía exceder de 250,000 pesos. La nave que zarpara de Acapulco, controlada naturalmente por los ricos acaparadores, sólo llevaría plata por un valor de 500,000 y los frailes que quisieran ir a evangelizar...

 

1592

 

La carretera México-Acapulco, llamda Ruta de Asia, era una vereda, hasta en este año que el virrey Luis de Velaszo la convirtió en camino de herradura.

 

1592

 

Fue construido el camino entre México y Acapulco por órdenes del Virrey Mendoza, mejorándose en 1596 por instrucciones del virrey Velasco; los mismos mandatarios ordenaron la construcción de otro camino que comunicaba al Real de Minas de Tasco con la capital.

 

De Acapulco partía otro camino hacia Zihuatanejo para terminar en Valladolid (Morelia). Hacia esta ciudad partía otro desde Tepecoacuilco, pasando por Iguala Teloloapan y Coyuca de Catalán. Otro más salía de chilapa, se dirigía a Chilpancingo, continuaba por Tlacotepec, pasaba por Coyuca y terminaba en la misma Valladolid. Otro camino salía de México y se dirigía a Alahuistlán pasando por los minerales de Zacualpan y Sultepec tocando a Tenancingo y a Toluca.

 

De Puebla salía otro hacia Ometepec, pasando por Tlapa y Chipetlán. Otro comunicaba a Chilapa con Tlapa, pasando por Olinalá.

 

El transporte de mercancías se hizo utilizando el sistema de arriería.

 

1593 (25 de febrero)

 

El virrey D. Luis de Velasco encarece al rey Felipe una vez mas la construcción de la fortaleza para la mejor protección del puerto.

 

1596 y 1602

 

Llegaron las 2 primeras expediciones de Sebastián Vizcaíno, quien llegó a los 42 grados de latitud norte buscando en vano un estrecho septentrional.

 

Siglo XVII

 

Debido a la afluencia de españoles hacia poblados indígenas, algunas alcaldías menores y repúblicas de indios, se transformaron en alcaldías mayores, entre ellas: Acapulco, Chilapa, Tixtla, Ajuchitlán, Zacualpa, Tasco, Iguala, Tlapa y Zacatula.

 

En cada una de ellas continuaron existiendo repúblicas de indios.

 

1600 (18 de abril)

 

El virrey, Conde de Monterrey, en carta que dirige a Felipe III, hace suya la petición de sus antecesores, para que se inicie la construcción de la fortaleza en dicho puerto de Acapulco.

 

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1602

 

Bernardo de Balbuena, al escribir su “grandeza mexicana”, en la ampulosidad del su prosa, dice de Acapulco: “En ti se junta España con la China, Italia con Japón, y finalmente un mundo entero en trato y disciplina.

 

En ti de los tesoros del poniente se goza lo mejor; en ti la nata de cuanto entre su luz cría el oriente”.

 

1607 (7 de junio)

 

Los franciscanos fundaron en Acapulco el Convento de San Diego, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Guía.

 

Acapulco pertenecía al arzobispado de México, junto con otros pueblos: Tasco, Teloloapan, Chilpancingo e Iguala.

 

1611 (22 de mayo)

 

Sale de Acapulco la primera embajada de México al Japón a cargo de Sebastián Vizcaíno y llegó a playas japonesas en agosto del mismo año, embajada que fue correspondida mediante el jefe de arcabuceros del emperador, Recuyemon Faxitura, quien con un séquito de 150 personas arribó al puerto de Acapulco el 25 de enero de 1614.

 

1611

 

Zarpó de Acapulco Sebastián Vizcaíno, cuando el virrey Luis de Velasco lo nombró representante ante el emperador de Japón.

 

1614

 

Nicolás Cardona, con 30 arcabuceros a sus órdenes; trata vanamente de iniciar la construcción del fuerte, asistiendo durante dos meses y medio a las fajinas, cercas, trincheras y demás reparos necesarios.

 

1614

 

Arribó a las playas del Japón la embarcación de Sebastián Vizcaíno; la embajada nipona estaba encabezada por el capitán Hasekura.

 

1615

 

Una flota holandesa de la compañía de las Indias Orientales invadió la bahía, pero izó la bandera blanca ante los primeros disparos que se le hicieron y acabó cambiando por víveres a los prisioneros españoles que llevaba.

 

1615

 

La fábrica de la fortaleza de Acapulco no pasaba de ser uno de tantos proyectos, cuya resolución duerme el sueño de la espera en la Corte de Madrid. Algo hizo realidad la defensa. Cuando los holandeses desembarcaron en el puerto de Zalahua, los graves señores madrileños se alarmaron y pidieron el proyecto a los archivos.

 

Días después el virrey Marqués de Guadalcázar, quegobernó la Nueva España de 1612 a 1621, tras largas y complicadas discusiones con propios y extraños, encargó al ingeniero Adrian Boot, la construcción del Fuerte de San Diego para la defensa de la bahía.

 

1615 (últimos meses del año)

 

Bajo la dirección de Boot se inició la construcción del Fuerte de San Diego, que tuvo por base un pentágono irregular con caballeros unidos por lienzos o cortinas. Los nombres de estos caballeros a ángulos del pentágono fueron: Rey, Príncipe, Duque, Marqués y Guadalcázar.

 

La altura y perímetro de los mismo no fe igual; se manifestó como razón para ello, dar mayor firmeza al edificio, teniendo en cuenta la irregularidad del terreno sobre el que se construía.

 

1616 (principios)

 

Ante el peligro que corría Acapulco a causa de piratas y filibusteros, el virrey Diego Fernández de Córdoba ordenó la construcción del castillo, iniciándose las obras a principios de 1616 y al terminar tomó el nombre de Fuerte de San Diego.

 

1617 (15 de abril)

 

Termina la fábrica del castillo de San Diego. En la portada se dejó una inscripción que dice: “Reynando en las Españas, Yndias Orientales y Occidentales la Magd. del Imbictissimo y Católico Rey Don Felipe nuestro señor, Terzero deste nombre, siendo su Virrey lugarteniente y Capitán General en los Reynos de la Nueva España Don Diego Fernández de Córdoba, Marquéz de Guadalcázar, se hizo esta fortificación. año de 1616. Yngeniero Adrian Boot”. (Véase 1776 y 1778 a 1783, re acondicionamiento del fuerte).

 

1617 (mayo)

 

El virrey anuncia al soberano la terminación del Fuerte de San Diego, con un costo de 11,400 ducados. Entre la documentación que se manda al rey, hay una vista panorámica de la bahía, hecha por Adrián Boot. La falta de perspectiva es tal, que todo parece estar en un mismo plano. La bahía está dibujada desde la montaña, posiblemente bajo las ramas de un árbol enorme que es capaz de proyectar su sombra sobre ella.

 

1624 (marzo)

 

El príncipe Nasáu al mando de poderosa escuadra y disparando su artillería entera en la bahía de Acapulco, y sus vecinos y tropa, atemorizados por el alarde de fuerza, huyeron a las montañas.

 

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1625

 

Gobernando el virrey Marqués de Cerralvo, la escuadra holandesa del príncipe de Nassau, atacó y tomó el Fuerte de San Diego, sin que la guarnición hubiera opuesto ni la menor resistencia.

 

Los holandeses, dueños de la plaza, saquearon y robaron a su antojo durante varios días.

 

Cuando los asaltantes brincaron a sus naves y se alejaron, el virrey ordenó la erección de un nuevo muro en el castillo y la fábrica de cuatro nuevos bastiones.

 

1634

 

Edificación y fundación de la primera capilla de San José, construida a instancias del sargento Francisco Rincón.

 

Durante esta época colonial, Acapulco tuvo una apariencia muy pobre, salvo el castillo, el hospital administrado por los hipólitos y esta capilla.

 

1646

 

Se fundó y comenzó a funcionar la primera aduana, misma que estaba ubicada a la orilla del mar en un jacalón de madera de 4 aguas. Por supuesto que esa oficina solamente abría sus puertas durante las ferias de diciembre. La fayuca iniciaba su institucionalización en estos litorales.

 

1673 (22 de octubre)

 

En las instrucciones del virrey Marqués de Mancera al duque de Veragua, se habla de las mejoras hechas a la fortaleza de Acapulco; se asienta: “que no se admite disputa es en que consiste la defensa del reyno, por el mar del sur en el castillo de Acapulco, no menos que por la del norte, en el de San Juan de Ulúa y que merece toda atención y providencias por ser escala de las Islas Filipinas y de las provincias del Perú y uno de los más capaces y seguros puertos de la monarquía.

 

1697

 

Acapulco era una humilde aldea de pescadores; sus casas son bajas y viles, hechas de madera, barro y paja, situadas al pie de altísimos montes.

 

Estaba habitado por negros y mulatos –que son los nacidos de negros y blancas-, y rara vez se veía en aquel lugar algún nacido en él de color aceitunado.

 

1697 (21 de enero)

 

Gemelli Careri desembarcó en Acapulco, fecha en que inicia su diario correspondiente a la Nueva España, en donde permaneció hasta el 14 de diciembre del mismo año.

 

El 21 de enero (1697), al no encontrar albergue alguno en Acapulco, tuvo necesidad de ir ese día lunes al convento de Nuestra Señora del Guía, de padres franciscanos “los cuales me hospedaron muy humanamente” señala en su diario.

 

1697

 

El italiano Gemelli Careri, a su paso por Acapulco toma la pluma y escribe: “La seguridad natural del puerto, que siendo a manera de caracol y con igual fondo por todas partes, que quedan en él las naves cerradas como un patio cercado de altísimos montes y atados a los árboles que están en la ribera.

 

1697

 

El virrey Gemelli Carreri empleó 12 días en recorrer la carretera México- Acapulco per en la estación de lluvias había que esperar hasta 10 días sólo para vadear el río Mezcala o el Papagayo.

 

1698 (aproximadamente)

 

El Fraile dominico Ignacio Muñoz, de la clave o derrotero de las naves al entrar al puerto: “En entrando de la dicha punta del grifo para adentro, luego vereis la fortaleza enfrente encima de un tiesso, y las causas del pueblo que están para el norueste en la dicha rinconada. En entrando dentro dareis fondo frontero de las casas, la popa en tierra y estareis de ella apartado como medio cable porque todo es sondeable y limpio y se puede barloventar dentro, porque no hay que temer más que de aquello que se viene. De bien los navíos del rey que vienen de Filipinas, y son muy grandes surgen enfrente de la fortaleza , a medio tiro de mosquete y se amarran en Tierra”.

 

Siglo XVI (Colonización española del territorio)

 

Para compensar los servicios que numerosos españoles prestaron a la conquista de México, Cortés a nombre del Rey de España, otorgó a algunos ciertas enmiendas y repartimientos de indios. Acapulco, por ejemplo, fue de Juan Rodríguez de Villafuerte, quien recibía cacao, algodón y maíz de los indios que ahora estaban a su servicio.

 

Siglo XVI

 

A pesar de los peligros que corrían las naves y las dificultades que presentaban los caminos, a finales del siglo, tenía lugar en Acapulco la Feria más importante de América con mercancías que llegaban de Sur América, Nueva España y del Oriente.

 

Siglo XVIII (principios)

 

La fortaleza se mantiene con la misma planta de la centuria anterior, aunque totalmente deteriorada.

 

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1712

 

Miguel Gallo, castellano de Acapulco, informa al rey que el castillo tiene 6 culebrinas, 27 cañones de bronce y 20 piezas de hierro. La guarnición se compone de un alférez, un sargento, 40 infantes y 15 artilleros con su condestable.

 

1730

 

Francisco Álvarez Barreiro emprende la tarea de hacer un cuidadoso plano del puerto. En el dibujo se advierte la fortaleza, así como también varios edificios de 2 plantas, 2 iglesias y una enorme cruz sobre un zócalo.

 

1742 (enero)

 

Trata de entrar por la fuerza en Acapulco el pirata Ansón, pero temiendo no lograrlo, tomó el rumbo de las Filipinas a fin de esperar el regreso de la nao en cuyas aguas cayó en su poder, obteniendo un botín de un millón 300 mil pesos en moneda acuñada y 40 mil en barras de plata.

 

1743

 

El corsario inglés Jorge Ansón apresó en sus inmediaciones al galeón “La Covadonga”.

 

1743 (7 de julio)

 

Se terminó de construir el actual Fuerte, al cual le pusieron el nombre de San Carlos, en honor del rey Carlos III. Los nombres de las torres quedaron así:

 

Oeste: San José; Norte: San Antonio; Noroeste: San Luis; Suroeste: Santa Bárbara; Sur: La Purísima Concepción.

 

1752

 

Pedro Murillo Velarde, en su “Geografía histórica” publicada en Madrid, dice refiriéndose a Acapulco: “...ni se puede llamar ciudad ni villa y con dificultad aún merece el nombre de aldea, pues sólo hay alguna gente desde diciembre hasta abril, en que está allí el galeón de Filipinas. Fuera de este tiempo, apenas asisten allí algunos indios mulatos y mestizos, pues ni aún el alcayde del castillo vive allí entre año”

 

1762 (29 de octubre)

 

La Nao Santísima Trinidad, el barco más grande de la época, cae en poder del pirata Cornish y con todas las riquezas que portaba lo llevó a Inglaterra donde causó admiración.

 

1776 (21 de abril)

 

Un terrible terremoto sacude la población de Acapulco “a las dos de la tarde, con el acostumbrado bramido de los cerros circunvecinos, que inspira el mayor horror y espanto a los pobres habitantes, por más que están hechos a oírlo”.

 

El terremoto tiró el ala izquierda del castillo, por lo que se decidió construir uno nuevo un poco más arriba.

 

1776

 

Don Miguel Costanzo, activo y diligente ingeniero, propone al virrey la construcción de una nueva fortaleza para Acapulco, pues alega: “La inutilidad del gasto que se invierte con esta mira, respecto a ser aquella una fortificación, que más parece un reducto de irregularísima figura, o un cuerpo de guardia retrincherado, que un castillo construido sobre un sistema regular de defensa”.

 

El proyecto de Costanzo fue enviado por el virrey Bucareli a Don José de Gálvez, ministro de Indias, para su aprobación. Visto y estudiado el trabajo de Costanzo, se dio el visto bueno a la fábrica del nuevo fuerte. Para la ejecución de la obra se nombró al ingeniero Ramón Panón, uno d elos mejores técnicos militares de España.

 

1776

 

El alférez de ingeniero, Don José González, propone para la fortaleza de San Diego grandes mejores que importan $15,250.00 y para ello recomienda habilitar las baterías frente al mar, en tanto que se espera la resolución del rey.

 

Anticipándose a la resolución real, el virrey Marquéz de Croix, principia las mejoras a la fortaleza, por considerarlas de gran utilidad.

 

1777

 

Llega Panón a Acapulco y en el sitio de la antigua fortaleza traza un plano sobre el terreno, en donde el nuevo castillo se habría de levantar. De entonces data el “Plano que manifiesta la majistral y contornos del antiguo Castillo de San Diego y la traza más ventajosa, para el establecimiento del nuevo pentágono aprobado por S.M.”

 

1778 (16 de marzo)

 

Principia la excavación de los cimientos de la nueva fortaleza. Los cinco baluartes reciben los nombres de “San Antonio, “San Luis”, “La Concepción”, “San José” y “Santa Bárbara”. Al nuevo castillo se le denomina de “San Carlos” en honor al monarca reinante, pero la tradición sigue llamándolo “Castillo de San Diego”.

 

1778 a 1783

 

Reconstrucción del Fuerte de San Diego que fue destruido en 1776 por un terremoto, según proyecto del ingeniero Miguel Constansó.

 

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1783 (7 de julio)

 

Termina la construcción de la fortaleza de San Carlos. Su costo excedió de los $600,000.00. Su forma es de una estrella con 5 baluartes para montar 70 piezas de artillería. De la fortaleza mitad mira hacia el mar y mitad hacia la tierra.

 

Tiene “cuatro bóvedas grandes con sus galeras, sirviendo dos de ellas para cuarteles de la tropa, otra para guardar los pertrechos y útiles de la artillería y la otra para guardar cuando había víveres. Además tenia otras 8 bóvedas más chicas, siendo una para la guarnición principal, otra de almacén de pólvora, otra para depósito de armas y las demás para habitación de oficiales. Tenía a más del calabozo y galera para los presos, cocina y dos aljibes para abastecer de agua a más de 2 mil soldados por un año”.

 

1799 (1 de noviembre)

 

El rey Carlos IV confirma el título de Ciudad al puerto de Acapulco.

 

1784

 

La escuadra del almirante Jorge Anson es puesta en fuga por seiscientos hombres milicianos, que contra él combaten en el fuerte.

 

1789

 

El capitán de navío Alejandro Malaspina da la vuelta al mundo al mando de las corbetas Descubierta y Atrevida. Los tres pintores que van a la expedición, a su paso por Acapulco, se dan a la feliz tarea de llevar el lienzo tres vistas o paisajes portuarios.

 

Fernando Brambila pinta un cuadro con el tema de “Puerto de Acapulco”; Tomás de Suria una: “Vista de la bahía y puerto de Acapulco desde el arco de los ospitales de los padres ipólitos”, y José Cordero una: “Vista del puerto y parte de la ciudad de Acapulco, sacada desde su ospital”.

 

1791

 

Tocaron el puerto las corbetas: “Descubierta” y “Atrevida” que luego navegaron hasta la bahía de Behring (59 grados de latitud norte).

 

1792 (15 de enero)

 

Sale de Acapulco Francisco de la Bodega y Cuádra, con el fin de fijar los límites entre los Estados Unidos y la Nueva España.

 

Siglo XIX

 

Se estableció el servicio de diligencias para el transporte de personas; en ambos casos los riesgos siempre fueron múltiples, pues los caminos eran pésimos y los robos muy frecuentes.

 

Siglo XIX (primera mitad, 1850 aproximadamente)

 

Bien poco adelantó el comercio en el puerto, ya que aislado de todo el país, solamente se tenía comunicación marítima.

 

Fue en esa época que se estableció aquí la casa “B. Fernández y Cía.” con un para entonces poderoso capital. Estaba localizada en donde está ahora el edificio de Don Israel Soberanis, en la calle Jesús Carranza.

 

Fue por muchos años el centro comercial más importante de Acapulco y las costas.

 

1803 (22 de marzo)

 

Desembarca en Acapulco el barón de Humbolt al amparo de una carta del rey de España para sus estudios de mineralogía y botánica.

 

1803

 

Pasa por Acapulco el barón de Humboldt y tiene, a juzgar por lo que escribe, una triste opinión del puerto, pues le parece que: “Forma una inmensa concha abierta entre rocas graníticas, hacia el sur-suroeste, y la cual tiene más de seis mil metros de ancho de este a oeste. He visto pocos parajes en ambos hemisferios que presentan un aspecto más triste y horroroso. Estas rocas forman una costa tan escarpada, que un navío de línea puede pasar tocándolas, sin peligro alguno, porque casi por todas partes hay diez o doce brazas de fondo.”

 

1803

 

Alejandro de Humboldt advirtió que era una miserable ciudad, poblado exclusivamente por 4 mil personas de color, que aumentaban a 9 mil cuando llegaba la Nao de China.

 

1805 (marzo)

 

Llega al puerto “La Caravana de la Salud” compuesta de 22 niños portadores de la vacuna contra la viruela bajo el sistema “Brazo a brazo” los que siguieron bajo el cuidado del Dr. Balmis a Filipinas.

 

1810

 

Se suspendió la “Feria de Acapulco”

 

1810 a 1812

 

Tiempo de la Revolución Mexicana, terminó el auge de Acapulco.

 

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1810 (20 de octubre)

 

Recibió Morelos nombramiento de lugarteniente de Hidalgo y comisión de apoderarse de Acapulco.

 

Morelos llevó el movimiento a otros lugares: A Tixtla, donde se le unieron los Bravo; a Chilpancingo, Chilapa, Tehuacan, Orizaba, Oaxaca y Cuautla.

 

Tecpan fue nombrada ciudad capital de la nueva provincia; Acapulco perdió su nombre de “Ciudad de los Reyes” por el de “Congregación de los fieles”.

 

1810 (19 de noviembre)

 

El insurgente José Ma. Morelos y Pavón, inicia el asedio de Acapulco. (véase 1813 19 de agosto)

 

1811

 

José María Morelos derrotó al realista Francisco París en 3 Palos (4 de enero) pero no pudo tomar el Fuerte de San Diego (8 de febrero) cuyo asedio levantó a la postre (19 de febrero).

 

1813 (6 de abril)

 

De regreso de su tercera campaña Morelos puso sitio a Acapulco. Desalojados sucesivamente los españoles de Casamata, del Cerro de la Mira y del Baluarte del Hospital, se concentraron en la fortaleza hasta el 20 de agosto en que capitularon.

 

1813 (19 de agosto)

 

El insurgente José Ma. Morelos logra apoderarse de Acapulco, tras reñidos combates y riguroso asedio al castillo, donde se desarrollaron escenas de tragedia por la falta de alimentos, leña, agua y medicinas. Ciudad que recuperaron los realistas al año siguiente para pasar a poder de la nación mexicana el 15 de octubre de 1821 como consecuencia de los Tratados de Córdoba.

 

1813 (20 de agosto)

 

Morelos logra posesionarse del puerto en los primeros años de la guerra de Independencia. En lo alto de la fortaleza ondea la bandera azul y blanco de los insurgentes.

 

1813 (18 de septiembre)

 

Morelos fue nombrado Generalísimo de las Armas Nacionales.

 

Morelos, tomando como capital a Valladolid, hoy Morelia, marcha a la ciudad donde lo atacaron los realistas y perdió. El Congreso dictó sentencia a todos los presos del Fuerte y mandó quemar las casas de Acapulco, así se hizo; el 10 y 11 de abril de 1814, Acapulco era una ruina histórica.

 

1813 (27 de septiembre)

 

A finales del siglo XVIII la Revolución Industrial de Europa invadió el mundo con sus productos, violando todas las barreras y convenios aduanales. Esto afectó a España, quien tuvo que luchar también contra la piratería con máscara de corsarios, auspiciada por Inglaterra que iniciaba su poderío por todos los mares.

 

Entonces Fernando VII expidió el siguiente decreto:

 

“Queda suprimida la Nao de Manila o de Acapulco (se entiende que como tráfico oficial) y los habitantes de las Islas Filipinas pueden hacer por ahora el comercio de géneros de la China y del Continente Asiático, en buques particulares nacionales, continuando su giro con la Nueva España a los puertos de Acapulco y San Blas, bajo el mismo permiso de quinientos mil pesos convenidos a la Nao de Manila y al millón de retorno. Cádiz, 27 de septiembre de 1813”.

 

1813-1814 (diciembre y enero)

 

Después de los desastres de Valladolid (Morelia) y Purvarán, José Ma. Morelos volvió al puerto (a principios de marzo) de donde salió (9 de abril) acosado por los realistas. Previamente mandó incendiar la ciudad, degollar a los españoles residentes y fusilar a todos los prisioneros. El 14 de abril Armijo recuperó la plaza.

 

1849 (27 de octubre)

 

Se erigió el estado de Guerrero.

 

1854

 

El 1 de marzo de este año se proclamó en Ayutla, Gro. el Plan que desató la revolución contra la última dictadura de Antonio López de Santa Anna. El día 11 siguiente la guarnición de Acapulco se adhirió al movimiento y designó a Ignacio Comonfort (que era administrador de la aduana) gobernador del puerto y jefe provisional de las fuerzas armadas en cuyo carácter invitó a Juan Álvarez a que asumiera el mando supremo del Ejército Restaurador de la Libertad.

 

1854 (26 de abril)

 

El presidente López de Santa Anna, que salió al frente de un ejército de 5 mil hombres a someter a los sublevados, fracasó en su intento de tomar Acapulco.

 

1863 (10 y 11 de enero)

 

Una escuadra francesa bombardeó el puerto y luego desembarcaron los marinos, que no pasaron de los límites de la ciudad abandonada, retirándose tres días después.

 

El 4 de junio volvieron por mar y un batallón de tiradores argelinos se posesionó de la plaza.

 

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1863 (enero 10-12)

 

Al estallar la guerra entre México y Francia., Acapulco sufrió horrible bombardeo los días 10, 11 y 12 de enero porque e Gral. Diego Álvarez no quiso aceptar las proposiciones del almirante Bovet, quien, al frente de poderosa escuadra se hallaba en el puerto.

 

1864

 

A finales de este año los invasores franceses evacuaron Acapulco después de la derrota que Vicente Jiménez y Diego Álvarez infringieron a los imperiales en el Zapotal.

 

1865 (junio y septiembre)

 

Los franceses intentaron nuevamente invadir el territorio por ese punto, pero fueron rechazados por los republicanos.

 

1868

 

Primeras escuelas en la calle 5 de mayo (una de niños y una de niñas)

 

1894

 

El VIII virrey Luis de Velasco, hijo, mandó acondicionar notablemente el camino México-Acapulco, en 1894, un año antes de que fuese promovido con igual rango al Perú.

 

1904

 

Llegó al puerto un crucero italiano.

 

El 30 de julio hubo un gran temblor que sólo el castillo quedó de pie.

 

1910

 

Era un somnoliento pueblecito con algunas estrechas y retorcidas calles empedradas y la mayoría protegidas por su piso natural arenoso. A la quebrada se subía por una tortuosa vereda y otra conducía a la bella playa de Caleta.

 

1910

 

Se inauguró el alumbrado público de 30 faroles de acetileno en el centro de la población y algunos faroles de petróleo medio iluminaban las esquinas de otras calles hasta las 11 de la noche.

 

1910

 

El primer hotel de Acapulco “Doña Eliza Sutter de Link”; después pasa a hotel “Miramar” y después se convierte en el famoso Edificio “Pintos”.

 

Donde se encuentra el hotel Colonial estuvo la aduana, después se instaló ahí la Casa de Huéspedes “Dos de abril” y más tarde El Colonial.

 

1911 (10 de mayo)

 

Atacaron por primea vez los maderistas; sorprendieron a los mercaderes y a muchas amas de casa en el primitivo mercado que se localizaba en la Plaza Álvarez, al norte de ésta, frente a lo que es ahora el Banco Mexicano del Sur.

 

Este mercado era una serie de mesas o grandes cajones de madera, algunos con techo de lámina, en donde se expendía el pescado y la carne. Lo demás, las verduras, la leche, el pan y cuanto comestible consumía aquel pequeño pueblo, estaban en el suelo sobre petates de palma.

 

1912

 

Doña Elisa dejó su negocio y en el local se estableció en 1912 el Hotel Jardín, donde más tarde, por 1934 se construyó el Hotel Miramar y después se convirtió en el Edificio Pintos.

 

1912 (30 de octubre)

 

Un ciclón arrasó con el puerto de Acapulco.

 

1913

 

Primer planta eléctrica.

 

1913 (noviembre)

 

Estuvo lista la primer planta eléctrica)

 

1913 (¿1923?)

 

Juan R. Escudero, primer líder sindical. Se inició con los cargadores de los barcos.

 

1920

 

Contaba solamente con un automóvil, marca “Exes” y una lancha a motor que pertenecía a la capitanía del puerto. En un carro tirado por mulas se recogía la basura de las calles.

 

1920

 

Vino el príncipe de Gales, posteriormente el rey Eduardo VIII.

 

1922

 

Llegaron los primeros submarinos americanos y también varios hidroplanos entraron por Pie de la Cuesta.

 

1924 (31 de julio)

 

Un grupo de audaces comerciantes dieron forma a la Cámara de Comercio, constituyéndola legalmente el 31 de julio de 1924.

 

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1927 (mediados)

 

Una nueva etapa fue marcada en la vida comercial de Acapulco cuando a mediados de 1927 el señor presidente Plutarco Elías Calles, desde el Castillo de Chapultepec, detonó un petardo que voló la última piedra que obstruía la brecha o camino México- Acapulco, a la altura casi del actual puente de Xaltianguis.

 

Era entonces gobernador del estado el general Héctor F. López. La Cámara Nacional de Comercio en pleno y otros sectores representativos, estuvieron presentes en aquel acto trascendental.

 

1927 (11 de noviembre)

 

Día de fiesta, de la tarde en que se hizo volar el último obstáculo de la carretera México- Acapulco e hicieron su entrada principal al puerto los 12 primeros automóviles procedentes de México.

 

Los concurrentes a la inauguración oficial llenaron los 2 únicos hoteles: El Jardín y el Acapulco, así como varias casas de huéspedes, ejemplo: La Costeña, del señor Pintos.

 

1927 (11 de noviembre 6:00 pm)

 

Llegaron al puerto, aunque transitando por una brecha de trabajo, los 12 primeros automóviles a bordo de los cuales iban el gobernador del estado, el presidente municipal y las autoridades militares.

 

1927 (11 de noviembre)

 

El presidente Plutarco Elías Calles accionó por teléfono desde el Castillo de Chapultepec, el dispositivo que hizo estallar la dinamita que removió el último obstáculo en la carretera a Acapulco, cuyo trazo se había interrumpido en el kilómetro 402 por un tapón de roca.

 

1927 (11 de noviembre)

 

Hubo agua potable en los manantiales de Santa Cruz.

 

1927 (27 de noviembre)

 

La era de la prosperidad de Acapulco se inició este día al quedar abierta la carretera hacia la Cd. de México, pero su desenvolvimiento como centro turístico se realizó bajo el gobierno del Lic. Miguel Alemán Valdés durante el cual se llevaron a cabo grandes obras, colocando a la ciudad a la altura de los granes centros turísticos del mundo.

 

1928

 

La pequeña mejoría lograda desde la construcción de la carretera México-Acapulco se exteriorizó con la apertura del Hotel México (segundo en Acapulco), frente a la casa de huéspedes “La Mar” que abrió también en 1928.

 

1928

 

Desde esta fecha se había realizado la primera obra a favor del turismo, cuando el pueblo de Acapulco construyó el camino de rueda para hacer accesible la playa de Caleta, y a continuación se reunieron $30,000.00 para el camino de rueda a Pie de la Cuesta

 

Quito, 2 de marzo 2020.- Presidente de la Asamblea Nacional, César Litardo participó de ceremonia Cívico Policial en conmemoración a los 82 años de profesionalización y a los 174 años de institucionalización de Policia Nacional. Quito, 2 de marzo 2020. Fotos: Alexander Moya / Asamblea Nacional

1.- Del náhuatl: “Acame”: Cañas; “pul”: Grueso. “Co”: Locativo

 

“Donde hay cañas gruesas”

 

2.- Acatl: Carrizo; Pol: Arrasar, destruir; Co: En el lugar.

 

“En el lugar en que fueron destruidos los carrizos”

 

Cronología: Antigüedad

 

Restos arqueológicos indican especialmente la existencia de una población en el período preclásico. Se encontraron figuras cuyos rasgos extraordinarios difieren de muchas otras regiones de México.

 

*Prehistórico o arcaico:

 

La Sabana.

 

Se considera la existencia de una ciudad en ese tiempo, cuyos vestigios son llamados “La ciudad perdida”. Se han encontrado objetos de acaso 2 mil años de antigüedad, entre ellos figuras de bellas damas.

 

Época precortesiana:

 

Datos escogidos en una conferencia de mesa redonda por personalidades de antropología e historia, “hace 5 mil años, la bahía estaba habitada y 2 mil años después la poblaron los nahoas denominando al lugar “Acapulco” que se traduce como “donde fueron arrasados los carrizos”.

 

Siglo VII (aproximadamente)

 

Arribaron los tlahuicas y siglos después, dominaron el territorio los “yopes” quienes fueron conquistados por el emperador azteca “Ahuitzol” por el año 1488.

 

1486-1502

 

Acapulco pasó a formar parte del imperio azteca durante el reinado de Ahuitzol.

 

Siglo XVI

 

Las primeras manifestaciones arquitectónicas datan del siglo XVI, en que los primeros misioneros construyeron conventos y hermitas en Chilapa, Tlapa, Tepecoacuilco, Tasco y Acapulco.

 

1519

 

Hernán Cortés tuvo la primera noticia de la existencia de Acapulco, de boca del mismo emperador Moctezuma II, al mostrarle los mapas que tenía en su imperio, siendo Francisco Chico el primer emperador que recorrió esta región pasando por Acapulco el 15 de diciembre de 1521.

 

1522

 

Con el fin de encontrar en el mar del sur, una ruta hacia oriente, Cortés promovió varias expediciones marítimas a partir de este año.

 

1523 (finales)

 

Juan Rodríguez de Villafuerte lleva a cabo la conquista definitiva de Acapulco, mereciendo por ello la encomienda que se extendía desde el río del Papagayo, abarcando los pueblos de Xaltianguis, Nahuala y otros hasta Coyuca.

 

1524

 

Envía Cortés otra expedición al sur en busca de estaño. Exploraron la región de Taxco el Viejo y fundaron algunos centros mineros que recibieron el nombre de “reales”; uno de ellos que quedaba en Tetelcingo, dio origen posteriormente a la actual ciudad de Taxco. Como esta región resultaría riquísima en metales preciosos, pronto fue poblada por los españoles.

 

1527

 

Fue hasta el 31 de octubre de este año cuando salieron de Zacatula las primeras naves hacia oriente, que por cierto no volvieron.

 

1528 (25 de abril)

 

Por una real orden del Rey Carlos I de España y V de Alemania, Acapulco pasó a poder directo de la Corona el 25 de abril de 1528, tomando el nombre de “Acapulco, la ciudad de los Reyes”.

 

1531

 

Se abrió la vía de comunicación de la capital del virreynato al puerto de Acapulco.

 

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1532 (principios)

 

Gran actividad se registraba en el puerto de Acapulco con motivo de la expedición que se preparaba en cumplimiento del contrato celebrado entre la emperatriz Isabel y Hernán Cortés.

 

1532 (31 de mayo día de Corpus Cristi)

 

Salió de Acapulco la primera expedición marítima al mando de Hurtado de Mendoza.

 

1532

 

Hernán Cortés manda expediciones a explorar las costas del pacífico.

 

Andres de Urdaneta zarpó de Acapulco a Filipinas.

 

1532

 

Salió de Acapulco la expedición mandada por Hurtado de Mendoza para descubrir las islas de los mares del sur.

 

1532

 

Zarpan de Acapulco las embarcaciones de Hurtado de Mendoza.

 

1532

 

Muy poco provecho había alcanzado Hernán Cortés en las expediciones que preparó y envió hasta este año, gastando su fortuna en la construcción de barcos.

 

Fueron 2 naves que habían salido a explorar: “La Concepción”, cuyo almirante fue Diego Becerra; “San Lázaro” a cargo del Capitán Hernando de Grijalva.

 

“San Lázaro” descubrió la Isla del Socorro y el Archipiélago de San Benedicto; llegó al puerto de Acapulco a finales del año.

 

1533 (5 de octubre)

 

Los frailes que llegaron al actual estado de Guerrero atenuaron con su bondad los rigores aplicados por los encomenderos a los indios, la evangelización de nuestro pueblo indígena estuvo a cargo de frailes agustinos y franciscanos.

 

Los frailes agustinos llegaron a Chilapa el 5 de octubre de 1533 encabezados por los frailes Agustín de Coruña y Jerónimo de San Esteban. Estos fundaron 3 conventos. Uno en Chilapa, otro en Tlapa y otro en Tepecoacuilco.

 

Por su parte, la orden de frailes dieguinos fundó otros 2 conventos. Uno en Tasco y otro en Acapulco.

 

1535

 

Cortés embarcó en Tehuantepec, pero tuvo que buscar puerto en Acapulco.

 

1535

 

Levan anclas en el puerto los navíos que Cortés envió en ayuda de Pizarro.

 

1536

 

Hernán Cortés transita el camino México-Acapulco viniendo de regreso de su expedición a la California; enseguida dispuso que se rectificaran tramos para facilitar el paso a caballo y con bestias de carga.

 

1539

 

Salió de Acapulco la expedición de Francisco de Ulloa con el propósito de conquistar las míticas ciudades de Cíbola y Quivira.

 

1540

 

Salió de Acapulco la expedición de Domingo de Castillo, a quien se debe la Carta Geográfica más antigua de las costas occidentales del país.

 

1540

 

Zarpan otros navíos, ya sin patrocinio de Cortés, explorando el litoral del pacífico hasta el mar Cortés.

 

1540

 

El primer virrey Antonio de Mendoza mandó a acondicionar el camino México-Acapulco, para facilitar los aprestos de la expedición que iba a emprender Hernando de Alarcón, imponiendo la reparación y conservación a las comunidades de naturales y de algunos hacendados lindantes.

 

1550 (12 de marzo)

 

Don Antonio de Mendoza, visorrey y gobernador de la Nueva España, extiende nombramiento al primer alcalde de la ciudad de Acapulco a Don Pedro Pacheco.

 

1550

 

Acapulco empezó a poblarse con familias que trajo Fernando de Santa Anna; algunas de éstas (españolas y mestizas) las llevó a La Sabana.

 

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1550

 

Felipe II le otorgó el título de Ciudad, pero habiéndose perdido el documento, se volvió a expedir otro el 28 de noviembre de 1799. (Véase 1799)

 

1550

 

El virrey Antonio de Mendoza mandó condicionar por segunda vez el camino México-Acapulco, cuando tuvo que embarcarse en Acapulco, promovido al Perú con igual grado.

 

1553

 

Fray Juan Bautista Moya evangelizó Acapulco y sus contornos.

 

1561

 

Andrés de Urdaneta, en atención a sus condiciones portuarias, escribe del puerto singular elogio calificándolo de “grande, seguro, muy saludable y dotado de buen agua”.

 

1564 (31 de julio)

 

El 2° virrey Luis de Velasco, mandó condicionar nuevamente el camino México-Acapulco, dos años antes de su muerte.

 

Notablemente se mejoró en cuanto hubo certeza de poderse efectuar los tornaviajes de la Filipina y, por ende, la posibilidad de entablar un provechoso comercio.

 

1564 (21 de noviembre)

 

Empezó la conquista de Filipinas por Legazpi y Urdaneta. Este último estableció una ruta con Asia a través de Baja California.

 

1564 (21 de noviembre)

 

Parte para las Filipinas la expedición de Miguel López de Legazpi, como primer piloto va un fraile de la Orden de San Agustín de nombre Andrés de Urdaneta, marino de largo historial.

 

1565 (8 de octubre)

 

Vuelve Urdaneta al puerto de Acapulco procedente de la Isla de Cebú. Conquista con ello una de las rutas marinas más difíciles de su tiempo.

 

1565

 

El fraile Andrés de Urdaneta, cumplida su misión de dirigir la expedición de Legazpi a las Filipinas, al regreso fija la ruta del Oriente asiático a la América con puerto en Acapulco.

 

1565

 

Recibió la nave que, mandada por Felipe de Saleeda y Fray Andrés de Urdaneta, volvía de Filipinas tras haber descubierto la llamada “Vuelta al poniente”.

 

1565

 

Desembarcó en el puerto Fray Andrés de Urdaneta,quien volvía de las Islas Filipinas, dejando establecida la ruta de regreso de Asia por el Pacífico.

 

1565 (octubre)

 

Fray Antón de Urdaneta ancló de tornaviaje en Acapulco.

 

1571

 

El comercio en Acapulco favoreció los ataques de piratas y corsarios, que hacían lo indecible por adueñarse de los galeones, perjudicando de paso a España. Entre los bandidos más famosos del mar, Francisco Drake por 1579; Thomas Candish, 1586; el alemán Spielberg, 1615; Jorge Anson, 1742.

 

Con el fin de protegerse de estos ataques, el gobierno virreynal mandó construir el Fuerte . (Véase 1784)

 

1571 (18 de mayo)

 

Termina la conquista de las Filipinas por Legaspi y Urdaneta, fecha en que se declara a Acapulco único puerto comercial entre Asia a través de México, lo que propició el comercio que consistía en transportar mercancía en barcos grandes de vela que llamaban Naos, que llegaban en diciembre de cada año.

 

1571 (14 de abril)

 

Felipe II ordena que Acapulco sea el único puerto oficial en la América para el comercio con Asia.

 

1571

 

Se estableció una comunicación permanente entre Acapulco y Manila. Anualmente realizaba estos viajes un galeón cargado de provisiones para las Islas Filipinas, trayendo a Acapulco riquísimas mercancías: Tejidos de seda y algodón, cerámica china, especias y objetos de arte.

 

De Acapulco esta mercancía pasaba a la capital, y de ahí eran enviados a Veracruz, Puebla, Guadalajara, Jalapa y Saltillo; gran parte de la misma eran expedidas a España. Cada vez que arribaba un galeón, acudían al puerto los principales comerciantes, no sólo de México, sino hasta del Perú y otras regiones lejanas.

 

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1578

 

Francis Drake fue el primer pirata que conoció el valioso comercio que se sostenía con el Asia al cruzar estos mares en este año, pero no entró en Acapulco temeroso de perder las riquezas que traía en su nave, pero por los informes que rindió en Inglaterra, el pirata Cavendish atrapó en aguas de California a la Nao Santa Ana en 1587.

 

1579 (14 de abril)

 

Gracias a la proeza de Fray Andrés de Urdaneta, fue posible el comercio en Acapulco que en pocos años se hizo intensivo, a grado tal, que alarmó a la Corte de España, dando lugar a que con fecha 14 de abril de 1579 firmara Cédula Real el Rey Felipe II declarando como único puerto comercial entre la América y Asia, al de Acapulco. Desde entonces empieza a aumentar la importancia de Acapulco.

 

1579 (14 de abril)

 

Se ampliaron los horizontes comerciales hasta China y la India, y entonces las naos hacían hasta tres y cuatro viajes de ida y vuelta, por lo que Felipe II fue presionado por los mercaderes de Sevilla a fin de que declarara por Cédula Real del 14 de abril de 1579, que el único puerto comercial con el Asia era Acapulco.

 

1582

 

Llegó la expedición marítima de Francisco Galli y otras.

 

1582 (28 de octubre)

 

El virrey, conde de La Coruña, en carta enviada al rey Felipe, le manda un plano del puerto y de la fortaleza que conviene construir para protegerlo del ataque de los rufianes del mar.

 

1591

 

Los representantes de Cadiz y Sevilla eran los más poderosos y controlaban el comercio en grande. Viendo el desorden de las ferias, lograron en este año que se expidieran grandes restricciones para el comercio con el oriente; se prohibió al comercio mediano que traficara con Manila, y los comerciantes de aquella lejana provincia, solamente podrían enviar dos galeones de 400 toneladas como máximo y que el valor de las mercancías no podía exceder de 250,000 pesos. La nave que zarpara de Acapulco, controlada naturalmente por los ricos acaparadores, sólo llevaría plata por un valor de 500,000 y los frailes que quisieran ir a evangelizar...

 

1592

 

La carretera México-Acapulco, llamda Ruta de Asia, era una vereda, hasta en este año que el virrey Luis de Velaszo la convirtió en camino de herradura.

 

1592

 

Fue construido el camino entre México y Acapulco por órdenes del Virrey Mendoza, mejorándose en 1596 por instrucciones del virrey Velasco; los mismos mandatarios ordenaron la construcción de otro camino que comunicaba al Real de Minas de Tasco con la capital.

 

De Acapulco partía otro camino hacia Zihuatanejo para terminar en Valladolid (Morelia). Hacia esta ciudad partía otro desde Tepecoacuilco, pasando por Iguala Teloloapan y Coyuca de Catalán. Otro más salía de chilapa, se dirigía a Chilpancingo, continuaba por Tlacotepec, pasaba por Coyuca y terminaba en la misma Valladolid. Otro camino salía de México y se dirigía a Alahuistlán pasando por los minerales de Zacualpan y Sultepec tocando a Tenancingo y a Toluca.

 

De Puebla salía otro hacia Ometepec, pasando por Tlapa y Chipetlán. Otro comunicaba a Chilapa con Tlapa, pasando por Olinalá.

 

El transporte de mercancías se hizo utilizando el sistema de arriería.

 

1593 (25 de febrero)

 

El virrey D. Luis de Velasco encarece al rey Felipe una vez mas la construcción de la fortaleza para la mejor protección del puerto.

 

1596 y 1602

 

Llegaron las 2 primeras expediciones de Sebastián Vizcaíno, quien llegó a los 42 grados de latitud norte buscando en vano un estrecho septentrional.

 

Siglo XVII

 

Debido a la afluencia de españoles hacia poblados indígenas, algunas alcaldías menores y repúblicas de indios, se transformaron en alcaldías mayores, entre ellas: Acapulco, Chilapa, Tixtla, Ajuchitlán, Zacualpa, Tasco, Iguala, Tlapa y Zacatula.

 

En cada una de ellas continuaron existiendo repúblicas de indios.

 

1600 (18 de abril)

 

El virrey, Conde de Monterrey, en carta que dirige a Felipe III, hace suya la petición de sus antecesores, para que se inicie la construcción de la fortaleza en dicho puerto de Acapulco.

 

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1602

 

Bernardo de Balbuena, al escribir su “grandeza mexicana”, en la ampulosidad del su prosa, dice de Acapulco: “En ti se junta España con la China, Italia con Japón, y finalmente un mundo entero en trato y disciplina.

 

En ti de los tesoros del poniente se goza lo mejor; en ti la nata de cuanto entre su luz cría el oriente”.

 

1607 (7 de junio)

 

Los franciscanos fundaron en Acapulco el Convento de San Diego, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Guía.

 

Acapulco pertenecía al arzobispado de México, junto con otros pueblos: Tasco, Teloloapan, Chilpancingo e Iguala.

 

1611 (22 de mayo)

 

Sale de Acapulco la primera embajada de México al Japón a cargo de Sebastián Vizcaíno y llegó a playas japonesas en agosto del mismo año, embajada que fue correspondida mediante el jefe de arcabuceros del emperador, Recuyemon Faxitura, quien con un séquito de 150 personas arribó al puerto de Acapulco el 25 de enero de 1614.

 

1611

 

Zarpó de Acapulco Sebastián Vizcaíno, cuando el virrey Luis de Velasco lo nombró representante ante el emperador de Japón.

 

1614

 

Nicolás Cardona, con 30 arcabuceros a sus órdenes; trata vanamente de iniciar la construcción del fuerte, asistiendo durante dos meses y medio a las fajinas, cercas, trincheras y demás reparos necesarios.

 

1614

 

Arribó a las playas del Japón la embarcación de Sebastián Vizcaíno; la embajada nipona estaba encabezada por el capitán Hasekura.

 

1615

 

Una flota holandesa de la compañía de las Indias Orientales invadió la bahía, pero izó la bandera blanca ante los primeros disparos que se le hicieron y acabó cambiando por víveres a los prisioneros españoles que llevaba.

 

1615

 

La fábrica de la fortaleza de Acapulco no pasaba de ser uno de tantos proyectos, cuya resolución duerme el sueño de la espera en la Corte de Madrid. Algo hizo realidad la defensa. Cuando los holandeses desembarcaron en el puerto de Zalahua, los graves señores madrileños se alarmaron y pidieron el proyecto a los archivos.

 

Días después el virrey Marqués de Guadalcázar, quegobernó la Nueva España de 1612 a 1621, tras largas y complicadas discusiones con propios y extraños, encargó al ingeniero Adrian Boot, la construcción del Fuerte de San Diego para la defensa de la bahía.

 

1615 (últimos meses del año)

 

Bajo la dirección de Boot se inició la construcción del Fuerte de San Diego, que tuvo por base un pentágono irregular con caballeros unidos por lienzos o cortinas. Los nombres de estos caballeros a ángulos del pentágono fueron: Rey, Príncipe, Duque, Marqués y Guadalcázar.

 

La altura y perímetro de los mismo no fe igual; se manifestó como razón para ello, dar mayor firmeza al edificio, teniendo en cuenta la irregularidad del terreno sobre el que se construía.

 

1616 (principios)

 

Ante el peligro que corría Acapulco a causa de piratas y filibusteros, el virrey Diego Fernández de Córdoba ordenó la construcción del castillo, iniciándose las obras a principios de 1616 y al terminar tomó el nombre de Fuerte de San Diego.

 

1617 (15 de abril)

 

Termina la fábrica del castillo de San Diego. En la portada se dejó una inscripción que dice: “Reynando en las Españas, Yndias Orientales y Occidentales la Magd. del Imbictissimo y Católico Rey Don Felipe nuestro señor, Terzero deste nombre, siendo su Virrey lugarteniente y Capitán General en los Reynos de la Nueva España Don Diego Fernández de Córdoba, Marquéz de Guadalcázar, se hizo esta fortificación. año de 1616. Yngeniero Adrian Boot”. (Véase 1776 y 1778 a 1783, re acondicionamiento del fuerte).

 

1617 (mayo)

 

El virrey anuncia al soberano la terminación del Fuerte de San Diego, con un costo de 11,400 ducados. Entre la documentación que se manda al rey, hay una vista panorámica de la bahía, hecha por Adrián Boot. La falta de perspectiva es tal, que todo parece estar en un mismo plano. La bahía está dibujada desde la montaña, posiblemente bajo las ramas de un árbol enorme que es capaz de proyectar su sombra sobre ella.

 

1624 (marzo)

 

El príncipe Nasáu al mando de poderosa escuadra y disparando su artillería entera en la bahía de Acapulco, y sus vecinos y tropa, atemorizados por el alarde de fuerza, huyeron a las montañas.

 

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1625

 

Gobernando el virrey Marqués de Cerralvo, la escuadra holandesa del príncipe de Nassau, atacó y tomó el Fuerte de San Diego, sin que la guarnición hubiera opuesto ni la menor resistencia.

 

Los holandeses, dueños de la plaza, saquearon y robaron a su antojo durante varios días.

 

Cuando los asaltantes brincaron a sus naves y se alejaron, el virrey ordenó la erección de un nuevo muro en el castillo y la fábrica de cuatro nuevos bastiones.

 

1634

 

Edificación y fundación de la primera capilla de San José, construida a instancias del sargento Francisco Rincón.

 

Durante esta época colonial, Acapulco tuvo una apariencia muy pobre, salvo el castillo, el hospital administrado por los hipólitos y esta capilla.

 

1646

 

Se fundó y comenzó a funcionar la primera aduana, misma que estaba ubicada a la orilla del mar en un jacalón de madera de 4 aguas. Por supuesto que esa oficina solamente abría sus puertas durante las ferias de diciembre. La fayuca iniciaba su institucionalización en estos litorales.

 

1673 (22 de octubre)

 

En las instrucciones del virrey Marqués de Mancera al duque de Veragua, se habla de las mejoras hechas a la fortaleza de Acapulco; se asienta: “que no se admite disputa es en que consiste la defensa del reyno, por el mar del sur en el castillo de Acapulco, no menos que por la del norte, en el de San Juan de Ulúa y que merece toda atención y providencias por ser escala de las Islas Filipinas y de las provincias del Perú y uno de los más capaces y seguros puertos de la monarquía.

 

1697

 

Acapulco era una humilde aldea de pescadores; sus casas son bajas y viles, hechas de madera, barro y paja, situadas al pie de altísimos montes.

 

Estaba habitado por negros y mulatos –que son los nacidos de negros y blancas-, y rara vez se veía en aquel lugar algún nacido en él de color aceitunado.

 

1697 (21 de enero)

 

Gemelli Careri desembarcó en Acapulco, fecha en que inicia su diario correspondiente a la Nueva España, en donde permaneció hasta el 14 de diciembre del mismo año.

 

El 21 de enero (1697), al no encontrar albergue alguno en Acapulco, tuvo necesidad de ir ese día lunes al convento de Nuestra Señora del Guía, de padres franciscanos “los cuales me hospedaron muy humanamente” señala en su diario.

 

1697

 

El italiano Gemelli Careri, a su paso por Acapulco toma la pluma y escribe: “La seguridad natural del puerto, que siendo a manera de caracol y con igual fondo por todas partes, que quedan en él las naves cerradas como un patio cercado de altísimos montes y atados a los árboles que están en la ribera.

 

1697

 

El virrey Gemelli Carreri empleó 12 días en recorrer la carretera México- Acapulco per en la estación de lluvias había que esperar hasta 10 días sólo para vadear el río Mezcala o el Papagayo.

 

1698 (aproximadamente)

 

El Fraile dominico Ignacio Muñoz, de la clave o derrotero de las naves al entrar al puerto: “En entrando de la dicha punta del grifo para adentro, luego vereis la fortaleza enfrente encima de un tiesso, y las causas del pueblo que están para el norueste en la dicha rinconada. En entrando dentro dareis fondo frontero de las casas, la popa en tierra y estareis de ella apartado como medio cable porque todo es sondeable y limpio y se puede barloventar dentro, porque no hay que temer más que de aquello que se viene. De bien los navíos del rey que vienen de Filipinas, y son muy grandes surgen enfrente de la fortaleza , a medio tiro de mosquete y se amarran en Tierra”.

 

Siglo XVI (Colonización española del territorio)

 

Para compensar los servicios que numerosos españoles prestaron a la conquista de México, Cortés a nombre del Rey de España, otorgó a algunos ciertas enmiendas y repartimientos de indios. Acapulco, por ejemplo, fue de Juan Rodríguez de Villafuerte, quien recibía cacao, algodón y maíz de los indios que ahora estaban a su servicio.

 

Siglo XVI

 

A pesar de los peligros que corrían las naves y las dificultades que presentaban los caminos, a finales del siglo, tenía lugar en Acapulco la Feria más importante de América con mercancías que llegaban de Sur América, Nueva España y del Oriente.

 

Siglo XVIII (principios)

 

La fortaleza se mantiene con la misma planta de la centuria anterior, aunque totalmente deteriorada.

 

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1712

 

Miguel Gallo, castellano de Acapulco, informa al rey que el castillo tiene 6 culebrinas, 27 cañones de bronce y 20 piezas de hierro. La guarnición se compone de un alférez, un sargento, 40 infantes y 15 artilleros con su condestable.

 

1730

 

Francisco Álvarez Barreiro emprende la tarea de hacer un cuidadoso plano del puerto. En el dibujo se advierte la fortaleza, así como también varios edificios de 2 plantas, 2 iglesias y una enorme cruz sobre un zócalo.

 

1742 (enero)

 

Trata de entrar por la fuerza en Acapulco el pirata Ansón, pero temiendo no lograrlo, tomó el rumbo de las Filipinas a fin de esperar el regreso de la nao en cuyas aguas cayó en su poder, obteniendo un botín de un millón 300 mil pesos en moneda acuñada y 40 mil en barras de plata.

 

1743

 

El corsario inglés Jorge Ansón apresó en sus inmediaciones al galeón “La Covadonga”.

 

1743 (7 de julio)

 

Se terminó de construir el actual Fuerte, al cual le pusieron el nombre de San Carlos, en honor del rey Carlos III. Los nombres de las torres quedaron así:

 

Oeste: San José; Norte: San Antonio; Noroeste: San Luis; Suroeste: Santa Bárbara; Sur: La Purísima Concepción.

 

1752

 

Pedro Murillo Velarde, en su “Geografía histórica” publicada en Madrid, dice refiriéndose a Acapulco: “...ni se puede llamar ciudad ni villa y con dificultad aún merece el nombre de aldea, pues sólo hay alguna gente desde diciembre hasta abril, en que está allí el galeón de Filipinas. Fuera de este tiempo, apenas asisten allí algunos indios mulatos y mestizos, pues ni aún el alcayde del castillo vive allí entre año”

 

1762 (29 de octubre)

 

La Nao Santísima Trinidad, el barco más grande de la época, cae en poder del pirata Cornish y con todas las riquezas que portaba lo llevó a Inglaterra donde causó admiración.

 

1776 (21 de abril)

 

Un terrible terremoto sacude la población de Acapulco “a las dos de la tarde, con el acostumbrado bramido de los cerros circunvecinos, que inspira el mayor horror y espanto a los pobres habitantes, por más que están hechos a oírlo”.

 

El terremoto tiró el ala izquierda del castillo, por lo que se decidió construir uno nuevo un poco más arriba.

 

1776

 

Don Miguel Costanzo, activo y diligente ingeniero, propone al virrey la construcción de una nueva fortaleza para Acapulco, pues alega: “La inutilidad del gasto que se invierte con esta mira, respecto a ser aquella una fortificación, que más parece un reducto de irregularísima figura, o un cuerpo de guardia retrincherado, que un castillo construido sobre un sistema regular de defensa”.

 

El proyecto de Costanzo fue enviado por el virrey Bucareli a Don José de Gálvez, ministro de Indias, para su aprobación. Visto y estudiado el trabajo de Costanzo, se dio el visto bueno a la fábrica del nuevo fuerte. Para la ejecución de la obra se nombró al ingeniero Ramón Panón, uno d elos mejores técnicos militares de España.

 

1776

 

El alférez de ingeniero, Don José González, propone para la fortaleza de San Diego grandes mejores que importan $15,250.00 y para ello recomienda habilitar las baterías frente al mar, en tanto que se espera la resolución del rey.

 

Anticipándose a la resolución real, el virrey Marquéz de Croix, principia las mejoras a la fortaleza, por considerarlas de gran utilidad.

 

1777

 

Llega Panón a Acapulco y en el sitio de la antigua fortaleza traza un plano sobre el terreno, en donde el nuevo castillo se habría de levantar. De entonces data el “Plano que manifiesta la majistral y contornos del antiguo Castillo de San Diego y la traza más ventajosa, para el establecimiento del nuevo pentágono aprobado por S.M.”

 

1778 (16 de marzo)

 

Principia la excavación de los cimientos de la nueva fortaleza. Los cinco baluartes reciben los nombres de “San Antonio, “San Luis”, “La Concepción”, “San José” y “Santa Bárbara”. Al nuevo castillo se le denomina de “San Carlos” en honor al monarca reinante, pero la tradición sigue llamándolo “Castillo de San Diego”.

 

1778 a 1783

 

Reconstrucción del Fuerte de San Diego que fue destruido en 1776 por un terremoto, según proyecto del ingeniero Miguel Constansó.

 

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1783 (7 de julio)

 

Termina la construcción de la fortaleza de San Carlos. Su costo excedió de los $600,000.00. Su forma es de una estrella con 5 baluartes para montar 70 piezas de artillería. De la fortaleza mitad mira hacia el mar y mitad hacia la tierra.

 

Tiene “cuatro bóvedas grandes con sus galeras, sirviendo dos de ellas para cuarteles de la tropa, otra para guardar los pertrechos y útiles de la artillería y la otra para guardar cuando había víveres. Además tenia otras 8 bóvedas más chicas, siendo una para la guarnición principal, otra de almacén de pólvora, otra para depósito de armas y las demás para habitación de oficiales. Tenía a más del calabozo y galera para los presos, cocina y dos aljibes para abastecer de agua a más de 2 mil soldados por un año”.

 

1799 (1 de noviembre)

 

El rey Carlos IV confirma el título de Ciudad al puerto de Acapulco.

 

1784

 

La escuadra del almirante Jorge Anson es puesta en fuga por seiscientos hombres milicianos, que contra él combaten en el fuerte.

 

1789

 

El capitán de navío Alejandro Malaspina da la vuelta al mundo al mando de las corbetas Descubierta y Atrevida. Los tres pintores que van a la expedición, a su paso por Acapulco, se dan a la feliz tarea de llevar el lienzo tres vistas o paisajes portuarios.

 

Fernando Brambila pinta un cuadro con el tema de “Puerto de Acapulco”; Tomás de Suria una: “Vista de la bahía y puerto de Acapulco desde el arco de los ospitales de los padres ipólitos”, y José Cordero una: “Vista del puerto y parte de la ciudad de Acapulco, sacada desde su ospital”.

 

1791

 

Tocaron el puerto las corbetas: “Descubierta” y “Atrevida” que luego navegaron hasta la bahía de Behring (59 grados de latitud norte).

 

1792 (15 de enero)

 

Sale de Acapulco Francisco de la Bodega y Cuádra, con el fin de fijar los límites entre los Estados Unidos y la Nueva España.

 

Siglo XIX

 

Se estableció el servicio de diligencias para el transporte de personas; en ambos casos los riesgos siempre fueron múltiples, pues los caminos eran pésimos y los robos muy frecuentes.

 

Siglo XIX (primera mitad, 1850 aproximadamente)

 

Bien poco adelantó el comercio en el puerto, ya que aislado de todo el país, solamente se tenía comunicación marítima.

 

Fue en esa época que se estableció aquí la casa “B. Fernández y Cía.” con un para entonces poderoso capital. Estaba localizada en donde está ahora el edificio de Don Israel Soberanis, en la calle Jesús Carranza.

 

Fue por muchos años el centro comercial más importante de Acapulco y las costas.

 

1803 (22 de marzo)

 

Desembarca en Acapulco el barón de Humbolt al amparo de una carta del rey de España para sus estudios de mineralogía y botánica.

 

1803

 

Pasa por Acapulco el barón de Humboldt y tiene, a juzgar por lo que escribe, una triste opinión del puerto, pues le parece que: “Forma una inmensa concha abierta entre rocas graníticas, hacia el sur-suroeste, y la cual tiene más de seis mil metros de ancho de este a oeste. He visto pocos parajes en ambos hemisferios que presentan un aspecto más triste y horroroso. Estas rocas forman una costa tan escarpada, que un navío de línea puede pasar tocándolas, sin peligro alguno, porque casi por todas partes hay diez o doce brazas de fondo.”

 

1803

 

Alejandro de Humboldt advirtió que era una miserable ciudad, poblado exclusivamente por 4 mil personas de color, que aumentaban a 9 mil cuando llegaba la Nao de China.

 

1805 (marzo)

 

Llega al puerto “La Caravana de la Salud” compuesta de 22 niños portadores de la vacuna contra la viruela bajo el sistema “Brazo a brazo” los que siguieron bajo el cuidado del Dr. Balmis a Filipinas.

 

1810

 

Se suspendió la “Feria de Acapulco”

 

1810 a 1812

 

Tiempo de la Revolución Mexicana, terminó el auge de Acapulco.

 

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1810 (20 de octubre)

 

Recibió Morelos nombramiento de lugarteniente de Hidalgo y comisión de apoderarse de Acapulco.

 

Morelos llevó el movimiento a otros lugares: A Tixtla, donde se le unieron los Bravo; a Chilpancingo, Chilapa, Tehuacan, Orizaba, Oaxaca y Cuautla.

 

Tecpan fue nombrada ciudad capital de la nueva provincia; Acapulco perdió su nombre de “Ciudad de los Reyes” por el de “Congregación de los fieles”.

 

1810 (19 de noviembre)

 

El insurgente José Ma. Morelos y Pavón, inicia el asedio de Acapulco. (véase 1813 19 de agosto)

 

1811

 

José María Morelos derrotó al realista Francisco París en 3 Palos (4 de enero) pero no pudo tomar el Fuerte de San Diego (8 de febrero) cuyo asedio levantó a la postre (19 de febrero).

 

1813 (6 de abril)

 

De regreso de su tercera campaña Morelos puso sitio a Acapulco. Desalojados sucesivamente los españoles de Casamata, del Cerro de la Mira y del Baluarte del Hospital, se concentraron en la fortaleza hasta el 20 de agosto en que capitularon.

 

1813 (19 de agosto)

 

El insurgente José Ma. Morelos logra apoderarse de Acapulco, tras reñidos combates y riguroso asedio al castillo, donde se desarrollaron escenas de tragedia por la falta de alimentos, leña, agua y medicinas. Ciudad que recuperaron los realistas al año siguiente para pasar a poder de la nación mexicana el 15 de octubre de 1821 como consecuencia de los Tratados de Córdoba.

 

1813 (20 de agosto)

 

Morelos logra posesionarse del puerto en los primeros años de la guerra de Independencia. En lo alto de la fortaleza ondea la bandera azul y blanco de los insurgentes.

 

1813 (18 de septiembre)

 

Morelos fue nombrado Generalísimo de las Armas Nacionales.

 

Morelos, tomando como capital a Valladolid, hoy Morelia, marcha a la ciudad donde lo atacaron los realistas y perdió. El Congreso dictó sentencia a todos los presos del Fuerte y mandó quemar las casas de Acapulco, así se hizo; el 10 y 11 de abril de 1814, Acapulco era una ruina histórica.

 

1813 (27 de septiembre)

 

A finales del siglo XVIII la Revolución Industrial de Europa invadió el mundo con sus productos, violando todas las barreras y convenios aduanales. Esto afectó a España, quien tuvo que luchar también contra la piratería con máscara de corsarios, auspiciada por Inglaterra que iniciaba su poderío por todos los mares.

 

Entonces Fernando VII expidió el siguiente decreto:

 

“Queda suprimida la Nao de Manila o de Acapulco (se entiende que como tráfico oficial) y los habitantes de las Islas Filipinas pueden hacer por ahora el comercio de géneros de la China y del Continente Asiático, en buques particulares nacionales, continuando su giro con la Nueva España a los puertos de Acapulco y San Blas, bajo el mismo permiso de quinientos mil pesos convenidos a la Nao de Manila y al millón de retorno. Cádiz, 27 de septiembre de 1813”.

 

1813-1814 (diciembre y enero)

 

Después de los desastres de Valladolid (Morelia) y Purvarán, José Ma. Morelos volvió al puerto (a principios de marzo) de donde salió (9 de abril) acosado por los realistas. Previamente mandó incendiar la ciudad, degollar a los españoles residentes y fusilar a todos los prisioneros. El 14 de abril Armijo recuperó la plaza.

 

1849 (27 de octubre)

 

Se erigió el estado de Guerrero.

 

1854

 

El 1 de marzo de este año se proclamó en Ayutla, Gro. el Plan que desató la revolución contra la última dictadura de Antonio López de Santa Anna. El día 11 siguiente la guarnición de Acapulco se adhirió al movimiento y designó a Ignacio Comonfort (que era administrador de la aduana) gobernador del puerto y jefe provisional de las fuerzas armadas en cuyo carácter invitó a Juan Álvarez a que asumiera el mando supremo del Ejército Restaurador de la Libertad.

 

1854 (26 de abril)

 

El presidente López de Santa Anna, que salió al frente de un ejército de 5 mil hombres a someter a los sublevados, fracasó en su intento de tomar Acapulco.

 

1863 (10 y 11 de enero)

 

Una escuadra francesa bombardeó el puerto y luego desembarcaron los marinos, que no pasaron de los límites de la ciudad abandonada, retirándose tres días después.

 

El 4 de junio volvieron por mar y un batallón de tiradores argelinos se posesionó de la plaza.

 

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1863 (enero 10-12)

 

Al estallar la guerra entre México y Francia., Acapulco sufrió horrible bombardeo los días 10, 11 y 12 de enero porque e Gral. Diego Álvarez no quiso aceptar las proposiciones del almirante Bovet, quien, al frente de poderosa escuadra se hallaba en el puerto.

 

1864

 

A finales de este año los invasores franceses evacuaron Acapulco después de la derrota que Vicente Jiménez y Diego Álvarez infringieron a los imperiales en el Zapotal.

 

1865 (junio y septiembre)

 

Los franceses intentaron nuevamente invadir el territorio por ese punto, pero fueron rechazados por los republicanos.

 

1868

 

Primeras escuelas en la calle 5 de mayo (una de niños y una de niñas)

 

1894

 

El VIII virrey Luis de Velasco, hijo, mandó acondicionar notablemente el camino México-Acapulco, en 1894, un año antes de que fuese promovido con igual rango al Perú.

 

1904

 

Llegó al puerto un crucero italiano.

 

El 30 de julio hubo un gran temblor que sólo el castillo quedó de pie.

 

1910

 

Era un somnoliento pueblecito con algunas estrechas y retorcidas calles empedradas y la mayoría protegidas por su piso natural arenoso. A la quebrada se subía por una tortuosa vereda y otra conducía a la bella playa de Caleta.

 

1910

 

Se inauguró el alumbrado público de 30 faroles de acetileno en el centro de la población y algunos faroles de petróleo medio iluminaban las esquinas de otras calles hasta las 11 de la noche.

 

1910

 

El primer hotel de Acapulco “Doña Eliza Sutter de Link”; después pasa a hotel “Miramar” y después se convierte en el famoso Edificio “Pintos”.

 

Donde se encuentra el hotel Colonial estuvo la aduana, después se instaló ahí la Casa de Huéspedes “Dos de abril” y más tarde El Colonial.

 

1911 (10 de mayo)

 

Atacaron por primea vez los maderistas; sorprendieron a los mercaderes y a muchas amas de casa en el primitivo mercado que se localizaba en la Plaza Álvarez, al norte de ésta, frente a lo que es ahora el Banco Mexicano del Sur.

 

Este mercado era una serie de mesas o grandes cajones de madera, algunos con techo de lámina, en donde se expendía el pescado y la carne. Lo demás, las verduras, la leche, el pan y cuanto comestible consumía aquel pequeño pueblo, estaban en el suelo sobre petates de palma.

 

1912

 

Doña Elisa dejó su negocio y en el local se estableció en 1912 el Hotel Jardín, donde más tarde, por 1934 se construyó el Hotel Miramar y después se convirtió en el Edificio Pintos.

 

1912 (30 de octubre)

 

Un ciclón arrasó con el puerto de Acapulco.

 

1913

 

Primer planta eléctrica.

 

1913 (noviembre)

 

Estuvo lista la primer planta eléctrica)

 

1913 (¿1923?)

 

Juan R. Escudero, primer líder sindical. Se inició con los cargadores de los barcos.

 

1920

 

Contaba solamente con un automóvil, marca “Exes” y una lancha a motor que pertenecía a la capitanía del puerto. En un carro tirado por mulas se recogía la basura de las calles.

 

1920

 

Vino el príncipe de Gales, posteriormente el rey Eduardo VIII.

 

1922

 

Llegaron los primeros submarinos americanos y también varios hidroplanos entraron por Pie de la Cuesta.

 

1924 (31 de julio)

 

Un grupo de audaces comerciantes dieron forma a la Cámara de Comercio, constituyéndola legalmente el 31 de julio de 1924.

 

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1927 (mediados)

 

Una nueva etapa fue marcada en la vida comercial de Acapulco cuando a mediados de 1927 el señor presidente Plutarco Elías Calles, desde el Castillo de Chapultepec, detonó un petardo que voló la última piedra que obstruía la brecha o camino México- Acapulco, a la altura casi del actual puente de Xaltianguis.

 

Era entonces gobernador del estado el general Héctor F. López. La Cámara Nacional de Comercio en pleno y otros sectores representativos, estuvieron presentes en aquel acto trascendental.

 

1927 (11 de noviembre)

 

Día de fiesta, de la tarde en que se hizo volar el último obstáculo de la carretera México- Acapulco e hicieron su entrada principal al puerto los 12 primeros automóviles procedentes de México.

 

Los concurrentes a la inauguración oficial llenaron los 2 únicos hoteles: El Jardín y el Acapulco, así como varias casas de huéspedes, ejemplo: La Costeña, del señor Pintos.

 

1927 (11 de noviembre 6:00 pm)

 

Llegaron al puerto, aunque transitando por una brecha de trabajo, los 12 primeros automóviles a bordo de los cuales iban el gobernador del estado, el presidente municipal y las autoridades militares.

 

1927 (11 de noviembre)

 

El presidente Plutarco Elías Calles accionó por teléfono desde el Castillo de Chapultepec, el dispositivo que hizo estallar la dinamita que removió el último obstáculo en la carretera a Acapulco, cuyo trazo se había interrumpido en el kilómetro 402 por un tapón de roca.

 

1927 (11 de noviembre)

 

Hubo agua potable en los manantiales de Santa Cruz.

 

1927 (27 de noviembre)

 

La era de la prosperidad de Acapulco se inició este día al quedar abierta la carretera hacia la Cd. de México, pero su desenvolvimiento como centro turístico se realizó bajo el gobierno del Lic. Miguel Alemán Valdés durante el cual se llevaron a cabo grandes obras, colocando a la ciudad a la altura de los granes centros turísticos del mundo.

 

1928

 

La pequeña mejoría lograda desde la construcción de la carretera México-Acapulco se exteriorizó con la apertura del Hotel México (segundo en Acapulco), frente a la casa de huéspedes “La Mar” que abrió también en 1928.

 

1928

 

Desde esta fecha se había realizado la primera obra a favor del turismo, cuando el pueblo de Acapulco construyó el camino de rueda para hacer accesible la playa de Caleta, y a continuación se reunieron $30,000.00 para el camino de rueda a Pie de la Cuesta

 

1.- Del náhuatl: “Acame”: Cañas; “pul”: Grueso. “Co”: Locativo

 

“Donde hay cañas gruesas”

 

2.- Acatl: Carrizo; Pol: Arrasar, destruir; Co: En el lugar.

 

“En el lugar en que fueron destruidos los carrizos”

 

Cronología: Antigüedad

 

Restos arqueológicos indican especialmente la existencia de una población en el período preclásico. Se encontraron figuras cuyos rasgos extraordinarios difieren de muchas otras regiones de México.

 

*Prehistórico o arcaico:

 

La Sabana.

 

Se considera la existencia de una ciudad en ese tiempo, cuyos vestigios son llamados “La ciudad perdida”. Se han encontrado objetos de acaso 2 mil años de antigüedad, entre ellos figuras de bellas damas.

 

Época precortesiana:

 

Datos escogidos en una conferencia de mesa redonda por personalidades de antropología e historia, “hace 5 mil años, la bahía estaba habitada y 2 mil años después la poblaron los nahoas denominando al lugar “Acapulco” que se traduce como “donde fueron arrasados los carrizos”.

 

Siglo VII (aproximadamente)

 

Arribaron los tlahuicas y siglos después, dominaron el territorio los “yopes” quienes fueron conquistados por el emperador azteca “Ahuitzol” por el año 1488.

 

1486-1502

 

Acapulco pasó a formar parte del imperio azteca durante el reinado de Ahuitzol.

 

Siglo XVI

 

Las primeras manifestaciones arquitectónicas datan del siglo XVI, en que los primeros misioneros construyeron conventos y hermitas en Chilapa, Tlapa, Tepecoacuilco, Tasco y Acapulco.

 

1519

 

Hernán Cortés tuvo la primera noticia de la existencia de Acapulco, de boca del mismo emperador Moctezuma II, al mostrarle los mapas que tenía en su imperio, siendo Francisco Chico el primer emperador que recorrió esta región pasando por Acapulco el 15 de diciembre de 1521.

 

1522

 

Con el fin de encontrar en el mar del sur, una ruta hacia oriente, Cortés promovió varias expediciones marítimas a partir de este año.

 

1523 (finales)

 

Juan Rodríguez de Villafuerte lleva a cabo la conquista definitiva de Acapulco, mereciendo por ello la encomienda que se extendía desde el río del Papagayo, abarcando los pueblos de Xaltianguis, Nahuala y otros hasta Coyuca.

 

1524

 

Envía Cortés otra expedición al sur en busca de estaño. Exploraron la región de Taxco el Viejo y fundaron algunos centros mineros que recibieron el nombre de “reales”; uno de ellos que quedaba en Tetelcingo, dio origen posteriormente a la actual ciudad de Taxco. Como esta región resultaría riquísima en metales preciosos, pronto fue poblada por los españoles.

 

1527

 

Fue hasta el 31 de octubre de este año cuando salieron de Zacatula las primeras naves hacia oriente, que por cierto no volvieron.

 

1528 (25 de abril)

 

Por una real orden del Rey Carlos I de España y V de Alemania, Acapulco pasó a poder directo de la Corona el 25 de abril de 1528, tomando el nombre de “Acapulco, la ciudad de los Reyes”.

 

1531

 

Se abrió la vía de comunicación de la capital del virreynato al puerto de Acapulco.

 

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1532 (principios)

 

Gran actividad se registraba en el puerto de Acapulco con motivo de la expedición que se preparaba en cumplimiento del contrato celebrado entre la emperatriz Isabel y Hernán Cortés.

 

1532 (31 de mayo día de Corpus Cristi)

 

Salió de Acapulco la primera expedición marítima al mando de Hurtado de Mendoza.

 

1532

 

Hernán Cortés manda expediciones a explorar las costas del pacífico.

 

Andres de Urdaneta zarpó de Acapulco a Filipinas.

 

1532

 

Salió de Acapulco la expedición mandada por Hurtado de Mendoza para descubrir las islas de los mares del sur.

 

1532

 

Zarpan de Acapulco las embarcaciones de Hurtado de Mendoza.

 

1532

 

Muy poco provecho había alcanzado Hernán Cortés en las expediciones que preparó y envió hasta este año, gastando su fortuna en la construcción de barcos.

 

Fueron 2 naves que habían salido a explorar: “La Concepción”, cuyo almirante fue Diego Becerra; “San Lázaro” a cargo del Capitán Hernando de Grijalva.

 

“San Lázaro” descubrió la Isla del Socorro y el Archipiélago de San Benedicto; llegó al puerto de Acapulco a finales del año.

 

1533 (5 de octubre)

 

Los frailes que llegaron al actual estado de Guerrero atenuaron con su bondad los rigores aplicados por los encomenderos a los indios, la evangelización de nuestro pueblo indígena estuvo a cargo de frailes agustinos y franciscanos.

 

Los frailes agustinos llegaron a Chilapa el 5 de octubre de 1533 encabezados por los frailes Agustín de Coruña y Jerónimo de San Esteban. Estos fundaron 3 conventos. Uno en Chilapa, otro en Tlapa y otro en Tepecoacuilco.

 

Por su parte, la orden de frailes dieguinos fundó otros 2 conventos. Uno en Tasco y otro en Acapulco.

 

1535

 

Cortés embarcó en Tehuantepec, pero tuvo que buscar puerto en Acapulco.

 

1535

 

Levan anclas en el puerto los navíos que Cortés envió en ayuda de Pizarro.

 

1536

 

Hernán Cortés transita el camino México-Acapulco viniendo de regreso de su expedición a la California; enseguida dispuso que se rectificaran tramos para facilitar el paso a caballo y con bestias de carga.

 

1539

 

Salió de Acapulco la expedición de Francisco de Ulloa con el propósito de conquistar las míticas ciudades de Cíbola y Quivira.

 

1540

 

Salió de Acapulco la expedición de Domingo de Castillo, a quien se debe la Carta Geográfica más antigua de las costas occidentales del país.

 

1540

 

Zarpan otros navíos, ya sin patrocinio de Cortés, explorando el litoral del pacífico hasta el mar Cortés.

 

1540

 

El primer virrey Antonio de Mendoza mandó a acondicionar el camino México-Acapulco, para facilitar los aprestos de la expedición que iba a emprender Hernando de Alarcón, imponiendo la reparación y conservación a las comunidades de naturales y de algunos hacendados lindantes.

 

1550 (12 de marzo)

 

Don Antonio de Mendoza, visorrey y gobernador de la Nueva España, extiende nombramiento al primer alcalde de la ciudad de Acapulco a Don Pedro Pacheco.

 

1550

 

Acapulco empezó a poblarse con familias que trajo Fernando de Santa Anna; algunas de éstas (españolas y mestizas) las llevó a La Sabana.

 

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1550

 

Felipe II le otorgó el título de Ciudad, pero habiéndose perdido el documento, se volvió a expedir otro el 28 de noviembre de 1799. (Véase 1799)

 

1550

 

El virrey Antonio de Mendoza mandó condicionar por segunda vez el camino México-Acapulco, cuando tuvo que embarcarse en Acapulco, promovido al Perú con igual grado.

 

1553

 

Fray Juan Bautista Moya evangelizó Acapulco y sus contornos.

 

1561

 

Andrés de Urdaneta, en atención a sus condiciones portuarias, escribe del puerto singular elogio calificándolo de “grande, seguro, muy saludable y dotado de buen agua”.

 

1564 (31 de julio)

 

El 2° virrey Luis de Velasco, mandó condicionar nuevamente el camino México-Acapulco, dos años antes de su muerte.

 

Notablemente se mejoró en cuanto hubo certeza de poderse efectuar los tornaviajes de la Filipina y, por ende, la posibilidad de entablar un provechoso comercio.

 

1564 (21 de noviembre)

 

Empezó la conquista de Filipinas por Legazpi y Urdaneta. Este último estableció una ruta con Asia a través de Baja California.

 

1564 (21 de noviembre)

 

Parte para las Filipinas la expedición de Miguel López de Legazpi, como primer piloto va un fraile de la Orden de San Agustín de nombre Andrés de Urdaneta, marino de largo historial.

 

1565 (8 de octubre)

 

Vuelve Urdaneta al puerto de Acapulco procedente de la Isla de Cebú. Conquista con ello una de las rutas marinas más difíciles de su tiempo.

 

1565

 

El fraile Andrés de Urdaneta, cumplida su misión de dirigir la expedición de Legazpi a las Filipinas, al regreso fija la ruta del Oriente asiático a la América con puerto en Acapulco.

 

1565

 

Recibió la nave que, mandada por Felipe de Saleeda y Fray Andrés de Urdaneta, volvía de Filipinas tras haber descubierto la llamada “Vuelta al poniente”.

 

1565

 

Desembarcó en el puerto Fray Andrés de Urdaneta,quien volvía de las Islas Filipinas, dejando establecida la ruta de regreso de Asia por el Pacífico.

 

1565 (octubre)

 

Fray Antón de Urdaneta ancló de tornaviaje en Acapulco.

 

1571

 

El comercio en Acapulco favoreció los ataques de piratas y corsarios, que hacían lo indecible por adueñarse de los galeones, perjudicando de paso a España. Entre los bandidos más famosos del mar, Francisco Drake por 1579; Thomas Candish, 1586; el alemán Spielberg, 1615; Jorge Anson, 1742.

 

Con el fin de protegerse de estos ataques, el gobierno virreynal mandó construir el Fuerte . (Véase 1784)

 

1571 (18 de mayo)

 

Termina la conquista de las Filipinas por Legaspi y Urdaneta, fecha en que se declara a Acapulco único puerto comercial entre Asia a través de México, lo que propició el comercio que consistía en transportar mercancía en barcos grandes de vela que llamaban Naos, que llegaban en diciembre de cada año.

 

1571 (14 de abril)

 

Felipe II ordena que Acapulco sea el único puerto oficial en la América para el comercio con Asia.

 

1571

 

Se estableció una comunicación permanente entre Acapulco y Manila. Anualmente realizaba estos viajes un galeón cargado de provisiones para las Islas Filipinas, trayendo a Acapulco riquísimas mercancías: Tejidos de seda y algodón, cerámica china, especias y objetos de arte.

 

De Acapulco esta mercancía pasaba a la capital, y de ahí eran enviados a Veracruz, Puebla, Guadalajara, Jalapa y Saltillo; gran parte de la misma eran expedidas a España. Cada vez que arribaba un galeón, acudían al puerto los principales comerciantes, no sólo de México, sino hasta del Perú y otras regiones lejanas.

 

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1578

 

Francis Drake fue el primer pirata que conoció el valioso comercio que se sostenía con el Asia al cruzar estos mares en este año, pero no entró en Acapulco temeroso de perder las riquezas que traía en su nave, pero por los informes que rindió en Inglaterra, el pirata Cavendish atrapó en aguas de California a la Nao Santa Ana en 1587.

 

1579 (14 de abril)

 

Gracias a la proeza de Fray Andrés de Urdaneta, fue posible el comercio en Acapulco que en pocos años se hizo intensivo, a grado tal, que alarmó a la Corte de España, dando lugar a que con fecha 14 de abril de 1579 firmara Cédula Real el Rey Felipe II declarando como único puerto comercial entre la América y Asia, al de Acapulco. Desde entonces empieza a aumentar la importancia de Acapulco.

 

1579 (14 de abril)

 

Se ampliaron los horizontes comerciales hasta China y la India, y entonces las naos hacían hasta tres y cuatro viajes de ida y vuelta, por lo que Felipe II fue presionado por los mercaderes de Sevilla a fin de que declarara por Cédula Real del 14 de abril de 1579, que el único puerto comercial con el Asia era Acapulco.

 

1582

 

Llegó la expedición marítima de Francisco Galli y otras.

 

1582 (28 de octubre)

 

El virrey, conde de La Coruña, en carta enviada al rey Felipe, le manda un plano del puerto y de la fortaleza que conviene construir para protegerlo del ataque de los rufianes del mar.

 

1591

 

Los representantes de Cadiz y Sevilla eran los más poderosos y controlaban el comercio en grande. Viendo el desorden de las ferias, lograron en este año que se expidieran grandes restricciones para el comercio con el oriente; se prohibió al comercio mediano que traficara con Manila, y los comerciantes de aquella lejana provincia, solamente podrían enviar dos galeones de 400 toneladas como máximo y que el valor de las mercancías no podía exceder de 250,000 pesos. La nave que zarpara de Acapulco, controlada naturalmente por los ricos acaparadores, sólo llevaría plata por un valor de 500,000 y los frailes que quisieran ir a evangelizar...

 

1592

 

La carretera México-Acapulco, llamda Ruta de Asia, era una vereda, hasta en este año que el virrey Luis de Velaszo la convirtió en camino de herradura.

 

1592

 

Fue construido el camino entre México y Acapulco por órdenes del Virrey Mendoza, mejorándose en 1596 por instrucciones del virrey Velasco; los mismos mandatarios ordenaron la construcción de otro camino que comunicaba al Real de Minas de Tasco con la capital.

 

De Acapulco partía otro camino hacia Zihuatanejo para terminar en Valladolid (Morelia). Hacia esta ciudad partía otro desde Tepecoacuilco, pasando por Iguala Teloloapan y Coyuca de Catalán. Otro más salía de chilapa, se dirigía a Chilpancingo, continuaba por Tlacotepec, pasaba por Coyuca y terminaba en la misma Valladolid. Otro camino salía de México y se dirigía a Alahuistlán pasando por los minerales de Zacualpan y Sultepec tocando a Tenancingo y a Toluca.

 

De Puebla salía otro hacia Ometepec, pasando por Tlapa y Chipetlán. Otro comunicaba a Chilapa con Tlapa, pasando por Olinalá.

 

El transporte de mercancías se hizo utilizando el sistema de arriería.

 

1593 (25 de febrero)

 

El virrey D. Luis de Velasco encarece al rey Felipe una vez mas la construcción de la fortaleza para la mejor protección del puerto.

 

1596 y 1602

 

Llegaron las 2 primeras expediciones de Sebastián Vizcaíno, quien llegó a los 42 grados de latitud norte buscando en vano un estrecho septentrional.

 

Siglo XVII

 

Debido a la afluencia de españoles hacia poblados indígenas, algunas alcaldías menores y repúblicas de indios, se transformaron en alcaldías mayores, entre ellas: Acapulco, Chilapa, Tixtla, Ajuchitlán, Zacualpa, Tasco, Iguala, Tlapa y Zacatula.

 

En cada una de ellas continuaron existiendo repúblicas de indios.

 

1600 (18 de abril)

 

El virrey, Conde de Monterrey, en carta que dirige a Felipe III, hace suya la petición de sus antecesores, para que se inicie la construcción de la fortaleza en dicho puerto de Acapulco.

 

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1602

 

Bernardo de Balbuena, al escribir su “grandeza mexicana”, en la ampulosidad del su prosa, dice de Acapulco: “En ti se junta España con la China, Italia con Japón, y finalmente un mundo entero en trato y disciplina.

 

En ti de los tesoros del poniente se goza lo mejor; en ti la nata de cuanto entre su luz cría el oriente”.

 

1607 (7 de junio)

 

Los franciscanos fundaron en Acapulco el Convento de San Diego, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Guía.

 

Acapulco pertenecía al arzobispado de México, junto con otros pueblos: Tasco, Teloloapan, Chilpancingo e Iguala.

 

1611 (22 de mayo)

 

Sale de Acapulco la primera embajada de México al Japón a cargo de Sebastián Vizcaíno y llegó a playas japonesas en agosto del mismo año, embajada que fue correspondida mediante el jefe de arcabuceros del emperador, Recuyemon Faxitura, quien con un séquito de 150 personas arribó al puerto de Acapulco el 25 de enero de 1614.

 

1611

 

Zarpó de Acapulco Sebastián Vizcaíno, cuando el virrey Luis de Velasco lo nombró representante ante el emperador de Japón.

 

1614

 

Nicolás Cardona, con 30 arcabuceros a sus órdenes; trata vanamente de iniciar la construcción del fuerte, asistiendo durante dos meses y medio a las fajinas, cercas, trincheras y demás reparos necesarios.

 

1614

 

Arribó a las playas del Japón la embarcación de Sebastián Vizcaíno; la embajada nipona estaba encabezada por el capitán Hasekura.

 

1615

 

Una flota holandesa de la compañía de las Indias Orientales invadió la bahía, pero izó la bandera blanca ante los primeros disparos que se le hicieron y acabó cambiando por víveres a los prisioneros españoles que llevaba.

 

1615

 

La fábrica de la fortaleza de Acapulco no pasaba de ser uno de tantos proyectos, cuya resolución duerme el sueño de la espera en la Corte de Madrid. Algo hizo realidad la defensa. Cuando los holandeses desembarcaron en el puerto de Zalahua, los graves señores madrileños se alarmaron y pidieron el proyecto a los archivos.

 

Días después el virrey Marqués de Guadalcázar, quegobernó la Nueva España de 1612 a 1621, tras largas y complicadas discusiones con propios y extraños, encargó al ingeniero Adrian Boot, la construcción del Fuerte de San Diego para la defensa de la bahía.

 

1615 (últimos meses del año)

 

Bajo la dirección de Boot se inició la construcción del Fuerte de San Diego, que tuvo por base un pentágono irregular con caballeros unidos por lienzos o cortinas. Los nombres de estos caballeros a ángulos del pentágono fueron: Rey, Príncipe, Duque, Marqués y Guadalcázar.

 

La altura y perímetro de los mismo no fe igual; se manifestó como razón para ello, dar mayor firmeza al edificio, teniendo en cuenta la irregularidad del terreno sobre el que se construía.

 

1616 (principios)

 

Ante el peligro que corría Acapulco a causa de piratas y filibusteros, el virrey Diego Fernández de Córdoba ordenó la construcción del castillo, iniciándose las obras a principios de 1616 y al terminar tomó el nombre de Fuerte de San Diego.

 

1617 (15 de abril)

 

Termina la fábrica del castillo de San Diego. En la portada se dejó una inscripción que dice: “Reynando en las Españas, Yndias Orientales y Occidentales la Magd. del Imbictissimo y Católico Rey Don Felipe nuestro señor, Terzero deste nombre, siendo su Virrey lugarteniente y Capitán General en los Reynos de la Nueva España Don Diego Fernández de Córdoba, Marquéz de Guadalcázar, se hizo esta fortificación. año de 1616. Yngeniero Adrian Boot”. (Véase 1776 y 1778 a 1783, re acondicionamiento del fuerte).

 

1617 (mayo)

 

El virrey anuncia al soberano la terminación del Fuerte de San Diego, con un costo de 11,400 ducados. Entre la documentación que se manda al rey, hay una vista panorámica de la bahía, hecha por Adrián Boot. La falta de perspectiva es tal, que todo parece estar en un mismo plano. La bahía está dibujada desde la montaña, posiblemente bajo las ramas de un árbol enorme que es capaz de proyectar su sombra sobre ella.

 

1624 (marzo)

 

El príncipe Nasáu al mando de poderosa escuadra y disparando su artillería entera en la bahía de Acapulco, y sus vecinos y tropa, atemorizados por el alarde de fuerza, huyeron a las montañas.

 

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1625

 

Gobernando el virrey Marqués de Cerralvo, la escuadra holandesa del príncipe de Nassau, atacó y tomó el Fuerte de San Diego, sin que la guarnición hubiera opuesto ni la menor resistencia.

 

Los holandeses, dueños de la plaza, saquearon y robaron a su antojo durante varios días.

 

Cuando los asaltantes brincaron a sus naves y se alejaron, el virrey ordenó la erección de un nuevo muro en el castillo y la fábrica de cuatro nuevos bastiones.

 

1634

 

Edificación y fundación de la primera capilla de San José, construida a instancias del sargento Francisco Rincón.

 

Durante esta época colonial, Acapulco tuvo una apariencia muy pobre, salvo el castillo, el hospital administrado por los hipólitos y esta capilla.

 

1646

 

Se fundó y comenzó a funcionar la primera aduana, misma que estaba ubicada a la orilla del mar en un jacalón de madera de 4 aguas. Por supuesto que esa oficina solamente abría sus puertas durante las ferias de diciembre. La fayuca iniciaba su institucionalización en estos litorales.

 

1673 (22 de octubre)

 

En las instrucciones del virrey Marqués de Mancera al duque de Veragua, se habla de las mejoras hechas a la fortaleza de Acapulco; se asienta: “que no se admite disputa es en que consiste la defensa del reyno, por el mar del sur en el castillo de Acapulco, no menos que por la del norte, en el de San Juan de Ulúa y que merece toda atención y providencias por ser escala de las Islas Filipinas y de las provincias del Perú y uno de los más capaces y seguros puertos de la monarquía.

 

1697

 

Acapulco era una humilde aldea de pescadores; sus casas son bajas y viles, hechas de madera, barro y paja, situadas al pie de altísimos montes.

 

Estaba habitado por negros y mulatos –que son los nacidos de negros y blancas-, y rara vez se veía en aquel lugar algún nacido en él de color aceitunado.

 

1697 (21 de enero)

 

Gemelli Careri desembarcó en Acapulco, fecha en que inicia su diario correspondiente a la Nueva España, en donde permaneció hasta el 14 de diciembre del mismo año.

 

El 21 de enero (1697), al no encontrar albergue alguno en Acapulco, tuvo necesidad de ir ese día lunes al convento de Nuestra Señora del Guía, de padres franciscanos “los cuales me hospedaron muy humanamente” señala en su diario.

 

1697

 

El italiano Gemelli Careri, a su paso por Acapulco toma la pluma y escribe: “La seguridad natural del puerto, que siendo a manera de caracol y con igual fondo por todas partes, que quedan en él las naves cerradas como un patio cercado de altísimos montes y atados a los árboles que están en la ribera.

 

1697

 

El virrey Gemelli Carreri empleó 12 días en recorrer la carretera México- Acapulco per en la estación de lluvias había que esperar hasta 10 días sólo para vadear el río Mezcala o el Papagayo.

 

1698 (aproximadamente)

 

El Fraile dominico Ignacio Muñoz, de la clave o derrotero de las naves al entrar al puerto: “En entrando de la dicha punta del grifo para adentro, luego vereis la fortaleza enfrente encima de un tiesso, y las causas del pueblo que están para el norueste en la dicha rinconada. En entrando dentro dareis fondo frontero de las casas, la popa en tierra y estareis de ella apartado como medio cable porque todo es sondeable y limpio y se puede barloventar dentro, porque no hay que temer más que de aquello que se viene. De bien los navíos del rey que vienen de Filipinas, y son muy grandes surgen enfrente de la fortaleza , a medio tiro de mosquete y se amarran en Tierra”.

 

Siglo XVI (Colonización española del territorio)

 

Para compensar los servicios que numerosos españoles prestaron a la conquista de México, Cortés a nombre del Rey de España, otorgó a algunos ciertas enmiendas y repartimientos de indios. Acapulco, por ejemplo, fue de Juan Rodríguez de Villafuerte, quien recibía cacao, algodón y maíz de los indios que ahora estaban a su servicio.

 

Siglo XVI

 

A pesar de los peligros que corrían las naves y las dificultades que presentaban los caminos, a finales del siglo, tenía lugar en Acapulco la Feria más importante de América con mercancías que llegaban de Sur América, Nueva España y del Oriente.

 

Siglo XVIII (principios)

 

La fortaleza se mantiene con la misma planta de la centuria anterior, aunque totalmente deteriorada.

 

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1712

 

Miguel Gallo, castellano de Acapulco, informa al rey que el castillo tiene 6 culebrinas, 27 cañones de bronce y 20 piezas de hierro. La guarnición se compone de un alférez, un sargento, 40 infantes y 15 artilleros con su condestable.

 

1730

 

Francisco Álvarez Barreiro emprende la tarea de hacer un cuidadoso plano del puerto. En el dibujo se advierte la fortaleza, así como también varios edificios de 2 plantas, 2 iglesias y una enorme cruz sobre un zócalo.

 

1742 (enero)

 

Trata de entrar por la fuerza en Acapulco el pirata Ansón, pero temiendo no lograrlo, tomó el rumbo de las Filipinas a fin de esperar el regreso de la nao en cuyas aguas cayó en su poder, obteniendo un botín de un millón 300 mil pesos en moneda acuñada y 40 mil en barras de plata.

 

1743

 

El corsario inglés Jorge Ansón apresó en sus inmediaciones al galeón “La Covadonga”.

 

1743 (7 de julio)

 

Se terminó de construir el actual Fuerte, al cual le pusieron el nombre de San Carlos, en honor del rey Carlos III. Los nombres de las torres quedaron así:

 

Oeste: San José; Norte: San Antonio; Noroeste: San Luis; Suroeste: Santa Bárbara; Sur: La Purísima Concepción.

 

1752

 

Pedro Murillo Velarde, en su “Geografía histórica” publicada en Madrid, dice refiriéndose a Acapulco: “...ni se puede llamar ciudad ni villa y con dificultad aún merece el nombre de aldea, pues sólo hay alguna gente desde diciembre hasta abril, en que está allí el galeón de Filipinas. Fuera de este tiempo, apenas asisten allí algunos indios mulatos y mestizos, pues ni aún el alcayde del castillo vive allí entre año”

 

1762 (29 de octubre)

 

La Nao Santísima Trinidad, el barco más grande de la época, cae en poder del pirata Cornish y con todas las riquezas que portaba lo llevó a Inglaterra donde causó admiración.

 

1776 (21 de abril)

 

Un terrible terremoto sacude la población de Acapulco “a las dos de la tarde, con el acostumbrado bramido de los cerros circunvecinos, que inspira el mayor horror y espanto a los pobres habitantes, por más que están hechos a oírlo”.

 

El terremoto tiró el ala izquierda del castillo, por lo que se decidió construir uno nuevo un poco más arriba.

 

1776

 

Don Miguel Costanzo, activo y diligente ingeniero, propone al virrey la construcción de una nueva fortaleza para Acapulco, pues alega: “La inutilidad del gasto que se invierte con esta mira, respecto a ser aquella una fortificación, que más parece un reducto de irregularísima figura, o un cuerpo de guardia retrincherado, que un castillo construido sobre un sistema regular de defensa”.

 

El proyecto de Costanzo fue enviado por el virrey Bucareli a Don José de Gálvez, ministro de Indias, para su aprobación. Visto y estudiado el trabajo de Costanzo, se dio el visto bueno a la fábrica del nuevo fuerte. Para la ejecución de la obra se nombró al ingeniero Ramón Panón, uno d elos mejores técnicos militares de España.

 

1776

 

El alférez de ingeniero, Don José González, propone para la fortaleza de San Diego grandes mejores que importan $15,250.00 y para ello recomienda habilitar las baterías frente al mar, en tanto que se espera la resolución del rey.

 

Anticipándose a la resolución real, el virrey Marquéz de Croix, principia las mejoras a la fortaleza, por considerarlas de gran utilidad.

 

1777

 

Llega Panón a Acapulco y en el sitio de la antigua fortaleza traza un plano sobre el terreno, en donde el nuevo castillo se habría de levantar. De entonces data el “Plano que manifiesta la majistral y contornos del antiguo Castillo de San Diego y la traza más ventajosa, para el establecimiento del nuevo pentágono aprobado por S.M.”

 

1778 (16 de marzo)

 

Principia la excavación de los cimientos de la nueva fortaleza. Los cinco baluartes reciben los nombres de “San Antonio, “San Luis”, “La Concepción”, “San José” y “Santa Bárbara”. Al nuevo castillo se le denomina de “San Carlos” en honor al monarca reinante, pero la tradición sigue llamándolo “Castillo de San Diego”.

 

1778 a 1783

 

Reconstrucción del Fuerte de San Diego que fue destruido en 1776 por un terremoto, según proyecto del ingeniero Miguel Constansó.

 

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1783 (7 de julio)

 

Termina la construcción de la fortaleza de San Carlos. Su costo excedió de los $600,000.00. Su forma es de una estrella con 5 baluartes para montar 70 piezas de artillería. De la fortaleza mitad mira hacia el mar y mitad hacia la tierra.

 

Tiene “cuatro bóvedas grandes con sus galeras, sirviendo dos de ellas para cuarteles de la tropa, otra para guardar los pertrechos y útiles de la artillería y la otra para guardar cuando había víveres. Además tenia otras 8 bóvedas más chicas, siendo una para la guarnición principal, otra de almacén de pólvora, otra para depósito de armas y las demás para habitación de oficiales. Tenía a más del calabozo y galera para los presos, cocina y dos aljibes para abastecer de agua a más de 2 mil soldados por un año”.

 

1799 (1 de noviembre)

 

El rey Carlos IV confirma el título de Ciudad al puerto de Acapulco.

 

1784

 

La escuadra del almirante Jorge Anson es puesta en fuga por seiscientos hombres milicianos, que contra él combaten en el fuerte.

 

1789

 

El capitán de navío Alejandro Malaspina da la vuelta al mundo al mando de las corbetas Descubierta y Atrevida. Los tres pintores que van a la expedición, a su paso por Acapulco, se dan a la feliz tarea de llevar el lienzo tres vistas o paisajes portuarios.

 

Fernando Brambila pinta un cuadro con el tema de “Puerto de Acapulco”; Tomás de Suria una: “Vista de la bahía y puerto de Acapulco desde el arco de los ospitales de los padres ipólitos”, y José Cordero una: “Vista del puerto y parte de la ciudad de Acapulco, sacada desde su ospital”.

 

1791

 

Tocaron el puerto las corbetas: “Descubierta” y “Atrevida” que luego navegaron hasta la bahía de Behring (59 grados de latitud norte).

 

1792 (15 de enero)

 

Sale de Acapulco Francisco de la Bodega y Cuádra, con el fin de fijar los límites entre los Estados Unidos y la Nueva España.

 

Siglo XIX

 

Se estableció el servicio de diligencias para el transporte de personas; en ambos casos los riesgos siempre fueron múltiples, pues los caminos eran pésimos y los robos muy frecuentes.

 

Siglo XIX (primera mitad, 1850 aproximadamente)

 

Bien poco adelantó el comercio en el puerto, ya que aislado de todo el país, solamente se tenía comunicación marítima.

 

Fue en esa época que se estableció aquí la casa “B. Fernández y Cía.” con un para entonces poderoso capital. Estaba localizada en donde está ahora el edificio de Don Israel Soberanis, en la calle Jesús Carranza.

 

Fue por muchos años el centro comercial más importante de Acapulco y las costas.

 

1803 (22 de marzo)

 

Desembarca en Acapulco el barón de Humbolt al amparo de una carta del rey de España para sus estudios de mineralogía y botánica.

 

1803

 

Pasa por Acapulco el barón de Humboldt y tiene, a juzgar por lo que escribe, una triste opinión del puerto, pues le parece que: “Forma una inmensa concha abierta entre rocas graníticas, hacia el sur-suroeste, y la cual tiene más de seis mil metros de ancho de este a oeste. He visto pocos parajes en ambos hemisferios que presentan un aspecto más triste y horroroso. Estas rocas forman una costa tan escarpada, que un navío de línea puede pasar tocándolas, sin peligro alguno, porque casi por todas partes hay diez o doce brazas de fondo.”

 

1803

 

Alejandro de Humboldt advirtió que era una miserable ciudad, poblado exclusivamente por 4 mil personas de color, que aumentaban a 9 mil cuando llegaba la Nao de China.

 

1805 (marzo)

 

Llega al puerto “La Caravana de la Salud” compuesta de 22 niños portadores de la vacuna contra la viruela bajo el sistema “Brazo a brazo” los que siguieron bajo el cuidado del Dr. Balmis a Filipinas.

 

1810

 

Se suspendió la “Feria de Acapulco”

 

1810 a 1812

 

Tiempo de la Revolución Mexicana, terminó el auge de Acapulco.

 

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1810 (20 de octubre)

 

Recibió Morelos nombramiento de lugarteniente de Hidalgo y comisión de apoderarse de Acapulco.

 

Morelos llevó el movimiento a otros lugares: A Tixtla, donde se le unieron los Bravo; a Chilpancingo, Chilapa, Tehuacan, Orizaba, Oaxaca y Cuautla.

 

Tecpan fue nombrada ciudad capital de la nueva provincia; Acapulco perdió su nombre de “Ciudad de los Reyes” por el de “Congregación de los fieles”.

 

1810 (19 de noviembre)

 

El insurgente José Ma. Morelos y Pavón, inicia el asedio de Acapulco. (véase 1813 19 de agosto)

 

1811

 

José María Morelos derrotó al realista Francisco París en 3 Palos (4 de enero) pero no pudo tomar el Fuerte de San Diego (8 de febrero) cuyo asedio levantó a la postre (19 de febrero).

 

1813 (6 de abril)

 

De regreso de su tercera campaña Morelos puso sitio a Acapulco. Desalojados sucesivamente los españoles de Casamata, del Cerro de la Mira y del Baluarte del Hospital, se concentraron en la fortaleza hasta el 20 de agosto en que capitularon.

 

1813 (19 de agosto)

 

El insurgente José Ma. Morelos logra apoderarse de Acapulco, tras reñidos combates y riguroso asedio al castillo, donde se desarrollaron escenas de tragedia por la falta de alimentos, leña, agua y medicinas. Ciudad que recuperaron los realistas al año siguiente para pasar a poder de la nación mexicana el 15 de octubre de 1821 como consecuencia de los Tratados de Córdoba.

 

1813 (20 de agosto)

 

Morelos logra posesionarse del puerto en los primeros años de la guerra de Independencia. En lo alto de la fortaleza ondea la bandera azul y blanco de los insurgentes.

 

1813 (18 de septiembre)

 

Morelos fue nombrado Generalísimo de las Armas Nacionales.

 

Morelos, tomando como capital a Valladolid, hoy Morelia, marcha a la ciudad donde lo atacaron los realistas y perdió. El Congreso dictó sentencia a todos los presos del Fuerte y mandó quemar las casas de Acapulco, así se hizo; el 10 y 11 de abril de 1814, Acapulco era una ruina histórica.

 

1813 (27 de septiembre)

 

A finales del siglo XVIII la Revolución Industrial de Europa invadió el mundo con sus productos, violando todas las barreras y convenios aduanales. Esto afectó a España, quien tuvo que luchar también contra la piratería con máscara de corsarios, auspiciada por Inglaterra que iniciaba su poderío por todos los mares.

 

Entonces Fernando VII expidió el siguiente decreto:

 

“Queda suprimida la Nao de Manila o de Acapulco (se entiende que como tráfico oficial) y los habitantes de las Islas Filipinas pueden hacer por ahora el comercio de géneros de la China y del Continente Asiático, en buques particulares nacionales, continuando su giro con la Nueva España a los puertos de Acapulco y San Blas, bajo el mismo permiso de quinientos mil pesos convenidos a la Nao de Manila y al millón de retorno. Cádiz, 27 de septiembre de 1813”.

 

1813-1814 (diciembre y enero)

 

Después de los desastres de Valladolid (Morelia) y Purvarán, José Ma. Morelos volvió al puerto (a principios de marzo) de donde salió (9 de abril) acosado por los realistas. Previamente mandó incendiar la ciudad, degollar a los españoles residentes y fusilar a todos los prisioneros. El 14 de abril Armijo recuperó la plaza.

 

1849 (27 de octubre)

 

Se erigió el estado de Guerrero.

 

1854

 

El 1 de marzo de este año se proclamó en Ayutla, Gro. el Plan que desató la revolución contra la última dictadura de Antonio López de Santa Anna. El día 11 siguiente la guarnición de Acapulco se adhirió al movimiento y designó a Ignacio Comonfort (que era administrador de la aduana) gobernador del puerto y jefe provisional de las fuerzas armadas en cuyo carácter invitó a Juan Álvarez a que asumiera el mando supremo del Ejército Restaurador de la Libertad.

 

1854 (26 de abril)

 

El presidente López de Santa Anna, que salió al frente de un ejército de 5 mil hombres a someter a los sublevados, fracasó en su intento de tomar Acapulco.

 

1863 (10 y 11 de enero)

 

Una escuadra francesa bombardeó el puerto y luego desembarcaron los marinos, que no pasaron de los límites de la ciudad abandonada, retirándose tres días después.

 

El 4 de junio volvieron por mar y un batallón de tiradores argelinos se posesionó de la plaza.

 

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1863 (enero 10-12)

 

Al estallar la guerra entre México y Francia., Acapulco sufrió horrible bombardeo los días 10, 11 y 12 de enero porque e Gral. Diego Álvarez no quiso aceptar las proposiciones del almirante Bovet, quien, al frente de poderosa escuadra se hallaba en el puerto.

 

1864

 

A finales de este año los invasores franceses evacuaron Acapulco después de la derrota que Vicente Jiménez y Diego Álvarez infringieron a los imperiales en el Zapotal.

 

1865 (junio y septiembre)

 

Los franceses intentaron nuevamente invadir el territorio por ese punto, pero fueron rechazados por los republicanos.

 

1868

 

Primeras escuelas en la calle 5 de mayo (una de niños y una de niñas)

 

1894

 

El VIII virrey Luis de Velasco, hijo, mandó acondicionar notablemente el camino México-Acapulco, en 1894, un año antes de que fuese promovido con igual rango al Perú.

 

1904

 

Llegó al puerto un crucero italiano.

 

El 30 de julio hubo un gran temblor que sólo el castillo quedó de pie.

 

1910

 

Era un somnoliento pueblecito con algunas estrechas y retorcidas calles empedradas y la mayoría protegidas por su piso natural arenoso. A la quebrada se subía por una tortuosa vereda y otra conducía a la bella playa de Caleta.

 

1910

 

Se inauguró el alumbrado público de 30 faroles de acetileno en el centro de la población y algunos faroles de petróleo medio iluminaban las esquinas de otras calles hasta las 11 de la noche.

 

1910

 

El primer hotel de Acapulco “Doña Eliza Sutter de Link”; después pasa a hotel “Miramar” y después se convierte en el famoso Edificio “Pintos”.

 

Donde se encuentra el hotel Colonial estuvo la aduana, después se instaló ahí la Casa de Huéspedes “Dos de abril” y más tarde El Colonial.

 

1911 (10 de mayo)

 

Atacaron por primea vez los maderistas; sorprendieron a los mercaderes y a muchas amas de casa en el primitivo mercado que se localizaba en la Plaza Álvarez, al norte de ésta, frente a lo que es ahora el Banco Mexicano del Sur.

 

Este mercado era una serie de mesas o grandes cajones de madera, algunos con techo de lámina, en donde se expendía el pescado y la carne. Lo demás, las verduras, la leche, el pan y cuanto comestible consumía aquel pequeño pueblo, estaban en el suelo sobre petates de palma.

 

1912

 

Doña Elisa dejó su negocio y en el local se estableció en 1912 el Hotel Jardín, donde más tarde, por 1934 se construyó el Hotel Miramar y después se convirtió en el Edificio Pintos.

 

1912 (30 de octubre)

 

Un ciclón arrasó con el puerto de Acapulco.

 

1913

 

Primer planta eléctrica.

 

1913 (noviembre)

 

Estuvo lista la primer planta eléctrica)

 

1913 (¿1923?)

 

Juan R. Escudero, primer líder sindical. Se inició con los cargadores de los barcos.

 

1920

 

Contaba solamente con un automóvil, marca “Exes” y una lancha a motor que pertenecía a la capitanía del puerto. En un carro tirado por mulas se recogía la basura de las calles.

 

1920

 

Vino el príncipe de Gales, posteriormente el rey Eduardo VIII.

 

1922

 

Llegaron los primeros submarinos americanos y también varios hidroplanos entraron por Pie de la Cuesta.

 

1924 (31 de julio)

 

Un grupo de audaces comerciantes dieron forma a la Cámara de Comercio, constituyéndola legalmente el 31 de julio de 1924.

 

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1927 (mediados)

 

Una nueva etapa fue marcada en la vida comercial de Acapulco cuando a mediados de 1927 el señor presidente Plutarco Elías Calles, desde el Castillo de Chapultepec, detonó un petardo que voló la última piedra que obstruía la brecha o camino México- Acapulco, a la altura casi del actual puente de Xaltianguis.

 

Era entonces gobernador del estado el general Héctor F. López. La Cámara Nacional de Comercio en pleno y otros sectores representativos, estuvieron presentes en aquel acto trascendental.

 

1927 (11 de noviembre)

 

Día de fiesta, de la tarde en que se hizo volar el último obstáculo de la carretera México- Acapulco e hicieron su entrada principal al puerto los 12 primeros automóviles procedentes de México.

 

Los concurrentes a la inauguración oficial llenaron los 2 únicos hoteles: El Jardín y el Acapulco, así como varias casas de huéspedes, ejemplo: La Costeña, del señor Pintos.

 

1927 (11 de noviembre 6:00 pm)

 

Llegaron al puerto, aunque transitando por una brecha de trabajo, los 12 primeros automóviles a bordo de los cuales iban el gobernador del estado, el presidente municipal y las autoridades militares.

 

1927 (11 de noviembre)

 

El presidente Plutarco Elías Calles accionó por teléfono desde el Castillo de Chapultepec, el dispositivo que hizo estallar la dinamita que removió el último obstáculo en la carretera a Acapulco, cuyo trazo se había interrumpido en el kilómetro 402 por un tapón de roca.

 

1927 (11 de noviembre)

 

Hubo agua potable en los manantiales de Santa Cruz.

 

1927 (27 de noviembre)

 

La era de la prosperidad de Acapulco se inició este día al quedar abierta la carretera hacia la Cd. de México, pero su desenvolvimiento como centro turístico se realizó bajo el gobierno del Lic. Miguel Alemán Valdés durante el cual se llevaron a cabo grandes obras, colocando a la ciudad a la altura de los granes centros turísticos del mundo.

 

1928

 

La pequeña mejoría lograda desde la construcción de la carretera México-Acapulco se exteriorizó con la apertura del Hotel México (segundo en Acapulco), frente a la casa de huéspedes “La Mar” que abrió también en 1928.

 

1928

 

Desde esta fecha se había realizado la primera obra a favor del turismo, cuando el pueblo de Acapulco construyó el camino de rueda para hacer accesible la playa de Caleta, y a continuación se reunieron $30,000.00 para el camino de rueda a Pie de la Cuesta

 

1.- Del náhuatl: “Acame”: Cañas; “pul”: Grueso. “Co”: Locativo

 

“Donde hay cañas gruesas”

 

2.- Acatl: Carrizo; Pol: Arrasar, destruir; Co: En el lugar.

 

“En el lugar en que fueron destruidos los carrizos”

 

Cronología: Antigüedad

 

Restos arqueológicos indican especialmente la existencia de una población en el período preclásico. Se encontraron figuras cuyos rasgos extraordinarios difieren de muchas otras regiones de México.

 

*Prehistórico o arcaico:

 

La Sabana.

 

Se considera la existencia de una ciudad en ese tiempo, cuyos vestigios son llamados “La ciudad perdida”. Se han encontrado objetos de acaso 2 mil años de antigüedad, entre ellos figuras de bellas damas.

 

Época precortesiana:

 

Datos escogidos en una conferencia de mesa redonda por personalidades de antropología e historia, “hace 5 mil años, la bahía estaba habitada y 2 mil años después la poblaron los nahoas denominando al lugar “Acapulco” que se traduce como “donde fueron arrasados los carrizos”.

 

Siglo VII (aproximadamente)

 

Arribaron los tlahuicas y siglos después, dominaron el territorio los “yopes” quienes fueron conquistados por el emperador azteca “Ahuitzol” por el año 1488.

 

1486-1502

 

Acapulco pasó a formar parte del imperio azteca durante el reinado de Ahuitzol.

 

Siglo XVI

 

Las primeras manifestaciones arquitectónicas datan del siglo XVI, en que los primeros misioneros construyeron conventos y hermitas en Chilapa, Tlapa, Tepecoacuilco, Tasco y Acapulco.

 

1519

 

Hernán Cortés tuvo la primera noticia de la existencia de Acapulco, de boca del mismo emperador Moctezuma II, al mostrarle los mapas que tenía en su imperio, siendo Francisco Chico el primer emperador que recorrió esta región pasando por Acapulco el 15 de diciembre de 1521.

 

1522

 

Con el fin de encontrar en el mar del sur, una ruta hacia oriente, Cortés promovió varias expediciones marítimas a partir de este año.

 

1523 (finales)

 

Juan Rodríguez de Villafuerte lleva a cabo la conquista definitiva de Acapulco, mereciendo por ello la encomienda que se extendía desde el río del Papagayo, abarcando los pueblos de Xaltianguis, Nahuala y otros hasta Coyuca.

 

1524

 

Envía Cortés otra expedición al sur en busca de estaño. Exploraron la región de Taxco el Viejo y fundaron algunos centros mineros que recibieron el nombre de “reales”; uno de ellos que quedaba en Tetelcingo, dio origen posteriormente a la actual ciudad de Taxco. Como esta región resultaría riquísima en metales preciosos, pronto fue poblada por los españoles.

 

1527

 

Fue hasta el 31 de octubre de este año cuando salieron de Zacatula las primeras naves hacia oriente, que por cierto no volvieron.

 

1528 (25 de abril)

 

Por una real orden del Rey Carlos I de España y V de Alemania, Acapulco pasó a poder directo de la Corona el 25 de abril de 1528, tomando el nombre de “Acapulco, la ciudad de los Reyes”.

 

1531

 

Se abrió la vía de comunicación de la capital del virreynato al puerto de Acapulco.

 

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1532 (principios)

 

Gran actividad se registraba en el puerto de Acapulco con motivo de la expedición que se preparaba en cumplimiento del contrato celebrado entre la emperatriz Isabel y Hernán Cortés.

 

1532 (31 de mayo día de Corpus Cristi)

 

Salió de Acapulco la primera expedición marítima al mando de Hurtado de Mendoza.

 

1532

 

Hernán Cortés manda expediciones a explorar las costas del pacífico.

 

Andres de Urdaneta zarpó de Acapulco a Filipinas.

 

1532

 

Salió de Acapulco la expedición mandada por Hurtado de Mendoza para descubrir las islas de los mares del sur.

 

1532

 

Zarpan de Acapulco las embarcaciones de Hurtado de Mendoza.

 

1532

 

Muy poco provecho había alcanzado Hernán Cortés en las expediciones que preparó y envió hasta este año, gastando su fortuna en la construcción de barcos.

 

Fueron 2 naves que habían salido a explorar: “La Concepción”, cuyo almirante fue Diego Becerra; “San Lázaro” a cargo del Capitán Hernando de Grijalva.

 

“San Lázaro” descubrió la Isla del Socorro y el Archipiélago de San Benedicto; llegó al puerto de Acapulco a finales del año.

 

1533 (5 de octubre)

 

Los frailes que llegaron al actual estado de Guerrero atenuaron con su bondad los rigores aplicados por los encomenderos a los indios, la evangelización de nuestro pueblo indígena estuvo a cargo de frailes agustinos y franciscanos.

 

Los frailes agustinos llegaron a Chilapa el 5 de octubre de 1533 encabezados por los frailes Agustín de Coruña y Jerónimo de San Esteban. Estos fundaron 3 conventos. Uno en Chilapa, otro en Tlapa y otro en Tepecoacuilco.

 

Por su parte, la orden de frailes dieguinos fundó otros 2 conventos. Uno en Tasco y otro en Acapulco.

 

1535

 

Cortés embarcó en Tehuantepec, pero tuvo que buscar puerto en Acapulco.

 

1535

 

Levan anclas en el puerto los navíos que Cortés envió en ayuda de Pizarro.

 

1536

 

Hernán Cortés transita el camino México-Acapulco viniendo de regreso de su expedición a la California; enseguida dispuso que se rectificaran tramos para facilitar el paso a caballo y con bestias de carga.

 

1539

 

Salió de Acapulco la expedición de Francisco de Ulloa con el propósito de conquistar las míticas ciudades de Cíbola y Quivira.

 

1540

 

Salió de Acapulco la expedición de Domingo de Castillo, a quien se debe la Carta Geográfica más antigua de las costas occidentales del país.

 

1540

 

Zarpan otros navíos, ya sin patrocinio de Cortés, explorando el litoral del pacífico hasta el mar Cortés.

 

1540

 

El primer virrey Antonio de Mendoza mandó a acondicionar el camino México-Acapulco, para facilitar los aprestos de la expedición que iba a emprender Hernando de Alarcón, imponiendo la reparación y conservación a las comunidades de naturales y de algunos hacendados lindantes.

 

1550 (12 de marzo)

 

Don Antonio de Mendoza, visorrey y gobernador de la Nueva España, extiende nombramiento al primer alcalde de la ciudad de Acapulco a Don Pedro Pacheco.

 

1550

 

Acapulco empezó a poblarse con familias que trajo Fernando de Santa Anna; algunas de éstas (españolas y mestizas) las llevó a La Sabana.

 

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1550

 

Felipe II le otorgó el título de Ciudad, pero habiéndose perdido el documento, se volvió a expedir otro el 28 de noviembre de 1799. (Véase 1799)

 

1550

 

El virrey Antonio de Mendoza mandó condicionar por segunda vez el camino México-Acapulco, cuando tuvo que embarcarse en Acapulco, promovido al Perú con igual grado.

 

1553

 

Fray Juan Bautista Moya evangelizó Acapulco y sus contornos.

 

1561

 

Andrés de Urdaneta, en atención a sus condiciones portuarias, escribe del puerto singular elogio calificándolo de “grande, seguro, muy saludable y dotado de buen agua”.

 

1564 (31 de julio)

 

El 2° virrey Luis de Velasco, mandó condicionar nuevamente el camino México-Acapulco, dos años antes de su muerte.

 

Notablemente se mejoró en cuanto hubo certeza de poderse efectuar los tornaviajes de la Filipina y, por ende, la posibilidad de entablar un provechoso comercio.

 

1564 (21 de noviembre)

 

Empezó la conquista de Filipinas por Legazpi y Urdaneta. Este último estableció una ruta con Asia a través de Baja California.

 

1564 (21 de noviembre)

 

Parte para las Filipinas la expedición de Miguel López de Legazpi, como primer piloto va un fraile de la Orden de San Agustín de nombre Andrés de Urdaneta, marino de largo historial.

 

1565 (8 de octubre)

 

Vuelve Urdaneta al puerto de Acapulco procedente de la Isla de Cebú. Conquista con ello una de las rutas marinas más difíciles de su tiempo.

 

1565

 

El fraile Andrés de Urdaneta, cumplida su misión de dirigir la expedición de Legazpi a las Filipinas, al regreso fija la ruta del Oriente asiático a la América con puerto en Acapulco.

 

1565

 

Recibió la nave que, mandada por Felipe de Saleeda y Fray Andrés de Urdaneta, volvía de Filipinas tras haber descubierto la llamada “Vuelta al poniente”.

 

1565

 

Desembarcó en el puerto Fray Andrés de Urdaneta,quien volvía de las Islas Filipinas, dejando establecida la ruta de regreso de Asia por el Pacífico.

 

1565 (octubre)

 

Fray Antón de Urdaneta ancló de tornaviaje en Acapulco.

 

1571

 

El comercio en Acapulco favoreció los ataques de piratas y corsarios, que hacían lo indecible por adueñarse de los galeones, perjudicando de paso a España. Entre los bandidos más famosos del mar, Francisco Drake por 1579; Thomas Candish, 1586; el alemán Spielberg, 1615; Jorge Anson, 1742.

 

Con el fin de protegerse de estos ataques, el gobierno virreynal mandó construir el Fuerte . (Véase 1784)

 

1571 (18 de mayo)

 

Termina la conquista de las Filipinas por Legaspi y Urdaneta, fecha en que se declara a Acapulco único puerto comercial entre Asia a través de México, lo que propició el comercio que consistía en transportar mercancía en barcos grandes de vela que llamaban Naos, que llegaban en diciembre de cada año.

 

1571 (14 de abril)

 

Felipe II ordena que Acapulco sea el único puerto oficial en la América para el comercio con Asia.

 

1571

 

Se estableció una comunicación permanente entre Acapulco y Manila. Anualmente realizaba estos viajes un galeón cargado de provisiones para las Islas Filipinas, trayendo a Acapulco riquísimas mercancías: Tejidos de seda y algodón, cerámica china, especias y objetos de arte.

 

De Acapulco esta mercancía pasaba a la capital, y de ahí eran enviados a Veracruz, Puebla, Guadalajara, Jalapa y Saltillo; gran parte de la misma eran expedidas a España. Cada vez que arribaba un galeón, acudían al puerto los principales comerciantes, no sólo de México, sino hasta del Perú y otras regiones lejanas.

 

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1578

 

Francis Drake fue el primer pirata que conoció el valioso comercio que se sostenía con el Asia al cruzar estos mares en este año, pero no entró en Acapulco temeroso de perder las riquezas que traía en su nave, pero por los informes que rindió en Inglaterra, el pirata Cavendish atrapó en aguas de California a la Nao Santa Ana en 1587.

 

1579 (14 de abril)

 

Gracias a la proeza de Fray Andrés de Urdaneta, fue posible el comercio en Acapulco que en pocos años se hizo intensivo, a grado tal, que alarmó a la Corte de España, dando lugar a que con fecha 14 de abril de 1579 firmara Cédula Real el Rey Felipe II declarando como único puerto comercial entre la América y Asia, al de Acapulco. Desde entonces empieza a aumentar la importancia de Acapulco.

 

1579 (14 de abril)

 

Se ampliaron los horizontes comerciales hasta China y la India, y entonces las naos hacían hasta tres y cuatro viajes de ida y vuelta, por lo que Felipe II fue presionado por los mercaderes de Sevilla a fin de que declarara por Cédula Real del 14 de abril de 1579, que el único puerto comercial con el Asia era Acapulco.

 

1582

 

Llegó la expedición marítima de Francisco Galli y otras.

 

1582 (28 de octubre)

 

El virrey, conde de La Coruña, en carta enviada al rey Felipe, le manda un plano del puerto y de la fortaleza que conviene construir para protegerlo del ataque de los rufianes del mar.

 

1591

 

Los representantes de Cadiz y Sevilla eran los más poderosos y controlaban el comercio en grande. Viendo el desorden de las ferias, lograron en este año que se expidieran grandes restricciones para el comercio con el oriente; se prohibió al comercio mediano que traficara con Manila, y los comerciantes de aquella lejana provincia, solamente podrían enviar dos galeones de 400 toneladas como máximo y que el valor de las mercancías no podía exceder de 250,000 pesos. La nave que zarpara de Acapulco, controlada naturalmente por los ricos acaparadores, sólo llevaría plata por un valor de 500,000 y los frailes que quisieran ir a evangelizar...

 

1592

 

La carretera México-Acapulco, llamda Ruta de Asia, era una vereda, hasta en este año que el virrey Luis de Velaszo la convirtió en camino de herradura.

 

1592

 

Fue construido el camino entre México y Acapulco por órdenes del Virrey Mendoza, mejorándose en 1596 por instrucciones del virrey Velasco; los mismos mandatarios ordenaron la construcción de otro camino que comunicaba al Real de Minas de Tasco con la capital.

 

De Acapulco partía otro camino hacia Zihuatanejo para terminar en Valladolid (Morelia). Hacia esta ciudad partía otro desde Tepecoacuilco, pasando por Iguala Teloloapan y Coyuca de Catalán. Otro más salía de chilapa, se dirigía a Chilpancingo, continuaba por Tlacotepec, pasaba por Coyuca y terminaba en la misma Valladolid. Otro camino salía de México y se dirigía a Alahuistlán pasando por los minerales de Zacualpan y Sultepec tocando a Tenancingo y a Toluca.

 

De Puebla salía otro hacia Ometepec, pasando por Tlapa y Chipetlán. Otro comunicaba a Chilapa con Tlapa, pasando por Olinalá.

 

El transporte de mercancías se hizo utilizando el sistema de arriería.

 

1593 (25 de febrero)

 

El virrey D. Luis de Velasco encarece al rey Felipe una vez mas la construcción de la fortaleza para la mejor protección del puerto.

 

1596 y 1602

 

Llegaron las 2 primeras expediciones de Sebastián Vizcaíno, quien llegó a los 42 grados de latitud norte buscando en vano un estrecho septentrional.

 

Siglo XVII

 

Debido a la afluencia de españoles hacia poblados indígenas, algunas alcaldías menores y repúblicas de indios, se transformaron en alcaldías mayores, entre ellas: Acapulco, Chilapa, Tixtla, Ajuchitlán, Zacualpa, Tasco, Iguala, Tlapa y Zacatula.

 

En cada una de ellas continuaron existiendo repúblicas de indios.

 

1600 (18 de abril)

 

El virrey, Conde de Monterrey, en carta que dirige a Felipe III, hace suya la petición de sus antecesores, para que se inicie la construcción de la fortaleza en dicho puerto de Acapulco.

 

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1602

 

Bernardo de Balbuena, al escribir su “grandeza mexicana”, en la ampulosidad del su prosa, dice de Acapulco: “En ti se junta España con la China, Italia con Japón, y finalmente un mundo entero en trato y disciplina.

 

En ti de los tesoros del poniente se goza lo mejor; en ti la nata de cuanto entre su luz cría el oriente”.

 

1607 (7 de junio)

 

Los franciscanos fundaron en Acapulco el Convento de San Diego, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Guía.

 

Acapulco pertenecía al arzobispado de México, junto con otros pueblos: Tasco, Teloloapan, Chilpancingo e Iguala.

 

1611 (22 de mayo)

 

Sale de Acapulco la primera embajada de México al Japón a cargo de Sebastián Vizcaíno y llegó a playas japonesas en agosto del mismo año, embajada que fue correspondida mediante el jefe de arcabuceros del emperador, Recuyemon Faxitura, quien con un séquito de 150 personas arribó al puerto de Acapulco el 25 de enero de 1614.

 

1611

 

Zarpó de Acapulco Sebastián Vizcaíno, cuando el virrey Luis de Velasco lo nombró representante ante el emperador de Japón.

 

1614

 

Nicolás Cardona, con 30 arcabuceros a sus órdenes; trata vanamente de iniciar la construcción del fuerte, asistiendo durante dos meses y medio a las fajinas, cercas, trincheras y demás reparos necesarios.

 

1614

 

Arribó a las playas del Japón la embarcación de Sebastián Vizcaíno; la embajada nipona estaba encabezada por el capitán Hasekura.

 

1615

 

Una flota holandesa de la compañía de las Indias Orientales invadió la bahía, pero izó la bandera blanca ante los primeros disparos que se le hicieron y acabó cambiando por víveres a los prisioneros españoles que llevaba.

 

1615

 

La fábrica de la fortaleza de Acapulco no pasaba de ser uno de tantos proyectos, cuya resolución duerme el sueño de la espera en la Corte de Madrid. Algo hizo realidad la defensa. Cuando los holandeses desembarcaron en el puerto de Zalahua, los graves señores madrileños se alarmaron y pidieron el proyecto a los archivos.

 

Días después el virrey Marqués de Guadalcázar, quegobernó la Nueva España de 1612 a 1621, tras largas y complicadas discusiones con propios y extraños, encargó al ingeniero Adrian Boot, la construcción del Fuerte de San Diego para la defensa de la bahía.

 

1615 (últimos meses del año)

 

Bajo la dirección de Boot se inició la construcción del Fuerte de San Diego, que tuvo por base un pentágono irregular con caballeros unidos por lienzos o cortinas. Los nombres de estos caballeros a ángulos del pentágono fueron: Rey, Príncipe, Duque, Marqués y Guadalcázar.

 

La altura y perímetro de los mismo no fe igual; se manifestó como razón para ello, dar mayor firmeza al edificio, teniendo en cuenta la irregularidad del terreno sobre el que se construía.

 

1616 (principios)

 

Ante el peligro que corría Acapulco a causa de piratas y filibusteros, el virrey Diego Fernández de Córdoba ordenó la construcción del castillo, iniciándose las obras a principios de 1616 y al terminar tomó el nombre de Fuerte de San Diego.

 

1617 (15 de abril)

 

Termina la fábrica del castillo de San Diego. En la portada se dejó una inscripción que dice: “Reynando en las Españas, Yndias Orientales y Occidentales la Magd. del Imbictissimo y Católico Rey Don Felipe nuestro señor, Terzero deste nombre, siendo su Virrey lugarteniente y Capitán General en los Reynos de la Nueva España Don Diego Fernández de Córdoba, Marquéz de Guadalcázar, se hizo esta fortificación. año de 1616. Yngeniero Adrian Boot”. (Véase 1776 y 1778 a 1783, re acondicionamiento del fuerte).

 

1617 (mayo)

 

El virrey anuncia al soberano la terminación del Fuerte de San Diego, con un costo de 11,400 ducados. Entre la documentación que se manda al rey, hay una vista panorámica de la bahía, hecha por Adrián Boot. La falta de perspectiva es tal, que todo parece estar en un mismo plano. La bahía está dibujada desde la montaña, posiblemente bajo las ramas de un árbol enorme que es capaz de proyectar su sombra sobre ella.

 

1624 (marzo)

 

El príncipe Nasáu al mando de poderosa escuadra y disparando su artillería entera en la bahía de Acapulco, y sus vecinos y tropa, atemorizados por el alarde de fuerza, huyeron a las montañas.

 

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1625

 

Gobernando el virrey Marqués de Cerralvo, la escuadra holandesa del príncipe de Nassau, atacó y tomó el Fuerte de San Diego, sin que la guarnición hubiera opuesto ni la menor resistencia.

 

Los holandeses, dueños de la plaza, saquearon y robaron a su antojo durante varios días.

 

Cuando los asaltantes brincaron a sus naves y se alejaron, el virrey ordenó la erección de un nuevo muro en el castillo y la fábrica de cuatro nuevos bastiones.

 

1634

 

Edificación y fundación de la primera capilla de San José, construida a instancias del sargento Francisco Rincón.

 

Durante esta época colonial, Acapulco tuvo una apariencia muy pobre, salvo el castillo, el hospital administrado por los hipólitos y esta capilla.

 

1646

 

Se fundó y comenzó a funcionar la primera aduana, misma que estaba ubicada a la orilla del mar en un jacalón de madera de 4 aguas. Por supuesto que esa oficina solamente abría sus puertas durante las ferias de diciembre. La fayuca iniciaba su institucionalización en estos litorales.

 

1673 (22 de octubre)

 

En las instrucciones del virrey Marqués de Mancera al duque de Veragua, se habla de las mejoras hechas a la fortaleza de Acapulco; se asienta: “que no se admite disputa es en que consiste la defensa del reyno, por el mar del sur en el castillo de Acapulco, no menos que por la del norte, en el de San Juan de Ulúa y que merece toda atención y providencias por ser escala de las Islas Filipinas y de las provincias del Perú y uno de los más capaces y seguros puertos de la monarquía.

 

1697

 

Acapulco era una humilde aldea de pescadores; sus casas son bajas y viles, hechas de madera, barro y paja, situadas al pie de altísimos montes.

 

Estaba habitado por negros y mulatos –que son los nacidos de negros y blancas-, y rara vez se veía en aquel lugar algún nacido en él de color aceitunado.

 

1697 (21 de enero)

 

Gemelli Careri desembarcó en Acapulco, fecha en que inicia su diario correspondiente a la Nueva España, en donde permaneció hasta el 14 de diciembre del mismo año.

 

El 21 de enero (1697), al no encontrar albergue alguno en Acapulco, tuvo necesidad de ir ese día lunes al convento de Nuestra Señora del Guía, de padres franciscanos “los cuales me hospedaron muy humanamente” señala en su diario.

 

1697

 

El italiano Gemelli Careri, a su paso por Acapulco toma la pluma y escribe: “La seguridad natural del puerto, que siendo a manera de caracol y con igual fondo por todas partes, que quedan en él las naves cerradas como un patio cercado de altísimos montes y atados a los árboles que están en la ribera.

 

1697

 

El virrey Gemelli Carreri empleó 12 días en recorrer la carretera México- Acapulco per en la estación de lluvias había que esperar hasta 10 días sólo para vadear el río Mezcala o el Papagayo.

 

1698 (aproximadamente)

 

El Fraile dominico Ignacio Muñoz, de la clave o derrotero de las naves al entrar al puerto: “En entrando de la dicha punta del grifo para adentro, luego vereis la fortaleza enfrente encima de un tiesso, y las causas del pueblo que están para el norueste en la dicha rinconada. En entrando dentro dareis fondo frontero de las casas, la popa en tierra y estareis de ella apartado como medio cable porque todo es sondeable y limpio y se puede barloventar dentro, porque no hay que temer más que de aquello que se viene. De bien los navíos del rey que vienen de Filipinas, y son muy grandes surgen enfrente de la fortaleza , a medio tiro de mosquete y se amarran en Tierra”.

 

Siglo XVI (Colonización española del territorio)

 

Para compensar los servicios que numerosos españoles prestaron a la conquista de México, Cortés a nombre del Rey de España, otorgó a algunos ciertas enmiendas y repartimientos de indios. Acapulco, por ejemplo, fue de Juan Rodríguez de Villafuerte, quien recibía cacao, algodón y maíz de los indios que ahora estaban a su servicio.

 

Siglo XVI

 

A pesar de los peligros que corrían las naves y las dificultades que presentaban los caminos, a finales del siglo, tenía lugar en Acapulco la Feria más importante de América con mercancías que llegaban de Sur América, Nueva España y del Oriente.

 

Siglo XVIII (principios)

 

La fortaleza se mantiene con la misma planta de la centuria anterior, aunque totalmente deteriorada.

 

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1712

 

Miguel Gallo, castellano de Acapulco, informa al rey que el castillo tiene 6 culebrinas, 27 cañones de bronce y 20 piezas de hierro. La guarnición se compone de un alférez, un sargento, 40 infantes y 15 artilleros con su condestable.

 

1730

 

Francisco Álvarez Barreiro emprende la tarea de hacer un cuidadoso plano del puerto. En el dibujo se advierte la fortaleza, así como también varios edificios de 2 plantas, 2 iglesias y una enorme cruz sobre un zócalo.

 

1742 (enero)

 

Trata de entrar por la fuerza en Acapulco el pirata Ansón, pero temiendo no lograrlo, tomó el rumbo de las Filipinas a fin de esperar el regreso de la nao en cuyas aguas cayó en su poder, obteniendo un botín de un millón 300 mil pesos en moneda acuñada y 40 mil en barras de plata.

 

1743

 

El corsario inglés Jorge Ansón apresó en sus inmediaciones al galeón “La Covadonga”.

 

1743 (7 de julio)

 

Se terminó de construir el actual Fuerte, al cual le pusieron el nombre de San Carlos, en honor del rey Carlos III. Los nombres de las torres quedaron así:

 

Oeste: San José; Norte: San Antonio; Noroeste: San Luis; Suroeste: Santa Bárbara; Sur: La Purísima Concepción.

 

1752

 

Pedro Murillo Velarde, en su “Geografía histórica” publicada en Madrid, dice refiriéndose a Acapulco: “...ni se puede llamar ciudad ni villa y con dificultad aún merece el nombre de aldea, pues sólo hay alguna gente desde diciembre hasta abril, en que está allí el galeón de Filipinas. Fuera de este tiempo, apenas asisten allí algunos indios mulatos y mestizos, pues ni aún el alcayde del castillo vive allí entre año”

 

1762 (29 de octubre)

 

La Nao Santísima Trinidad, el barco más grande de la época, cae en poder del pirata Cornish y con todas las riquezas que portaba lo llevó a Inglaterra donde causó admiración.

 

1776 (21 de abril)

 

Un terrible terremoto sacude la población de Acapulco “a las dos de la tarde, con el acostumbrado bramido de los cerros circunvecinos, que inspira el mayor horror y espanto a los pobres habitantes, por más que están hechos a oírlo”.

 

El terremoto tiró el ala izquierda del castillo, por lo que se decidió construir uno nuevo un poco más arriba.

 

1776

 

Don Miguel Costanzo, activo y diligente ingeniero, propone al virrey la construcción de una nueva fortaleza para Acapulco, pues alega: “La inutilidad del gasto que se invierte con esta mira, respecto a ser aquella una fortificación, que más parece un reducto de irregularísima figura, o un cuerpo de guardia retrincherado, que un castillo construido sobre un sistema regular de defensa”.

 

El proyecto de Costanzo fue enviado por el virrey Bucareli a Don José de Gálvez, ministro de Indias, para su aprobación. Visto y estudiado el trabajo de Costanzo, se dio el visto bueno a la fábrica del nuevo fuerte. Para la ejecución de la obra se nombró al ingeniero Ramón Panón, uno d elos mejores técnicos militares de España.

 

1776

 

El alférez de ingeniero, Don José González, propone para la fortaleza de San Diego grandes mejores que importan $15,250.00 y para ello recomienda habilitar las baterías frente al mar, en tanto que se espera la resolución del rey.

 

Anticipándose a la resolución real, el virrey Marquéz de Croix, principia las mejoras a la fortaleza, por considerarlas de gran utilidad.

 

1777

 

Llega Panón a Acapulco y en el sitio de la antigua fortaleza traza un plano sobre el terreno, en donde el nuevo castillo se habría de levantar. De entonces data el “Plano que manifiesta la majistral y contornos del antiguo Castillo de San Diego y la traza más ventajosa, para el establecimiento del nuevo pentágono aprobado por S.M.”

 

1778 (16 de marzo)

 

Principia la excavación de los cimientos de la nueva fortaleza. Los cinco baluartes reciben los nombres de “San Antonio, “San Luis”, “La Concepción”, “San José” y “Santa Bárbara”. Al nuevo castillo se le denomina de “San Carlos” en honor al monarca reinante, pero la tradición sigue llamándolo “Castillo de San Diego”.

 

1778 a 1783

 

Reconstrucción del Fuerte de San Diego que fue destruido en 1776 por un terremoto, según proyecto del ingeniero Miguel Constansó.

 

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1783 (7 de julio)

 

Termina la construcción de la fortaleza de San Carlos. Su costo excedió de los $600,000.00. Su forma es de una estrella con 5 baluartes para montar 70 piezas de artillería. De la fortaleza mitad mira hacia el mar y mitad hacia la tierra.

 

Tiene “cuatro bóvedas grandes con sus galeras, sirviendo dos de ellas para cuarteles de la tropa, otra para guardar los pertrechos y útiles de la artillería y la otra para guardar cuando había víveres. Además tenia otras 8 bóvedas más chicas, siendo una para la guarnición principal, otra de almacén de pólvora, otra para depósito de armas y las demás para habitación de oficiales. Tenía a más del calabozo y galera para los presos, cocina y dos aljibes para abastecer de agua a más de 2 mil soldados por un año”.

 

1799 (1 de noviembre)

 

El rey Carlos IV confirma el título de Ciudad al puerto de Acapulco.

 

1784

 

La escuadra del almirante Jorge Anson es puesta en fuga por seiscientos hombres milicianos, que contra él combaten en el fuerte.

 

1789

 

El capitán de navío Alejandro Malaspina da la vuelta al mundo al mando de las corbetas Descubierta y Atrevida. Los tres pintores que van a la expedición, a su paso por Acapulco, se dan a la feliz tarea de llevar el lienzo tres vistas o paisajes portuarios.

 

Fernando Brambila pinta un cuadro con el tema de “Puerto de Acapulco”; Tomás de Suria una: “Vista de la bahía y puerto de Acapulco desde el arco de los ospitales de los padres ipólitos”, y José Cordero una: “Vista del puerto y parte de la ciudad de Acapulco, sacada desde su ospital”.

 

1791

 

Tocaron el puerto las corbetas: “Descubierta” y “Atrevida” que luego navegaron hasta la bahía de Behring (59 grados de latitud norte).

 

1792 (15 de enero)

 

Sale de Acapulco Francisco de la Bodega y Cuádra, con el fin de fijar los límites entre los Estados Unidos y la Nueva España.

 

Siglo XIX

 

Se estableció el servicio de diligencias para el transporte de personas; en ambos casos los riesgos siempre fueron múltiples, pues los caminos eran pésimos y los robos muy frecuentes.

 

Siglo XIX (primera mitad, 1850 aproximadamente)

 

Bien poco adelantó el comercio en el puerto, ya que aislado de todo el país, solamente se tenía comunicación marítima.

 

Fue en esa época que se estableció aquí la casa “B. Fernández y Cía.” con un para entonces poderoso capital. Estaba localizada en donde está ahora el edificio de Don Israel Soberanis, en la calle Jesús Carranza.

 

Fue por muchos años el centro comercial más importante de Acapulco y las costas.

 

1803 (22 de marzo)

 

Desembarca en Acapulco el barón de Humbolt al amparo de una carta del rey de España para sus estudios de mineralogía y botánica.

 

1803

 

Pasa por Acapulco el barón de Humboldt y tiene, a juzgar por lo que escribe, una triste opinión del puerto, pues le parece que: “Forma una inmensa concha abierta entre rocas graníticas, hacia el sur-suroeste, y la cual tiene más de seis mil metros de ancho de este a oeste. He visto pocos parajes en ambos hemisferios que presentan un aspecto más triste y horroroso. Estas rocas forman una costa tan escarpada, que un navío de línea puede pasar tocándolas, sin peligro alguno, porque casi por todas partes hay diez o doce brazas de fondo.”

 

1803

 

Alejandro de Humboldt advirtió que era una miserable ciudad, poblado exclusivamente por 4 mil personas de color, que aumentaban a 9 mil cuando llegaba la Nao de China.

 

1805 (marzo)

 

Llega al puerto “La Caravana de la Salud” compuesta de 22 niños portadores de la vacuna contra la viruela bajo el sistema “Brazo a brazo” los que siguieron bajo el cuidado del Dr. Balmis a Filipinas.

 

1810

 

Se suspendió la “Feria de Acapulco”

 

1810 a 1812

 

Tiempo de la Revolución Mexicana, terminó el auge de Acapulco.

 

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1810 (20 de octubre)

 

Recibió Morelos nombramiento de lugarteniente de Hidalgo y comisión de apoderarse de Acapulco.

 

Morelos llevó el movimiento a otros lugares: A Tixtla, donde se le unieron los Bravo; a Chilpancingo, Chilapa, Tehuacan, Orizaba, Oaxaca y Cuautla.

 

Tecpan fue nombrada ciudad capital de la nueva provincia; Acapulco perdió su nombre de “Ciudad de los Reyes” por el de “Congregación de los fieles”.

 

1810 (19 de noviembre)

 

El insurgente José Ma. Morelos y Pavón, inicia el asedio de Acapulco. (véase 1813 19 de agosto)

 

1811

 

José María Morelos derrotó al realista Francisco París en 3 Palos (4 de enero) pero no pudo tomar el Fuerte de San Diego (8 de febrero) cuyo asedio levantó a la postre (19 de febrero).

 

1813 (6 de abril)

 

De regreso de su tercera campaña Morelos puso sitio a Acapulco. Desalojados sucesivamente los españoles de Casamata, del Cerro de la Mira y del Baluarte del Hospital, se concentraron en la fortaleza hasta el 20 de agosto en que capitularon.

 

1813 (19 de agosto)

 

El insurgente José Ma. Morelos logra apoderarse de Acapulco, tras reñidos combates y riguroso asedio al castillo, donde se desarrollaron escenas de tragedia por la falta de alimentos, leña, agua y medicinas. Ciudad que recuperaron los realistas al año siguiente para pasar a poder de la nación mexicana el 15 de octubre de 1821 como consecuencia de los Tratados de Córdoba.

 

1813 (20 de agosto)

 

Morelos logra posesionarse del puerto en los primeros años de la guerra de Independencia. En lo alto de la fortaleza ondea la bandera azul y blanco de los insurgentes.

 

1813 (18 de septiembre)

 

Morelos fue nombrado Generalísimo de las Armas Nacionales.

 

Morelos, tomando como capital a Valladolid, hoy Morelia, marcha a la ciudad donde lo atacaron los realistas y perdió. El Congreso dictó sentencia a todos los presos del Fuerte y mandó quemar las casas de Acapulco, así se hizo; el 10 y 11 de abril de 1814, Acapulco era una ruina histórica.

 

1813 (27 de septiembre)

 

A finales del siglo XVIII la Revolución Industrial de Europa invadió el mundo con sus productos, violando todas las barreras y convenios aduanales. Esto afectó a España, quien tuvo que luchar también contra la piratería con máscara de corsarios, auspiciada por Inglaterra que iniciaba su poderío por todos los mares.

 

Entonces Fernando VII expidió el siguiente decreto:

 

“Queda suprimida la Nao de Manila o de Acapulco (se entiende que como tráfico oficial) y los habitantes de las Islas Filipinas pueden hacer por ahora el comercio de géneros de la China y del Continente Asiático, en buques particulares nacionales, continuando su giro con la Nueva España a los puertos de Acapulco y San Blas, bajo el mismo permiso de quinientos mil pesos convenidos a la Nao de Manila y al millón de retorno. Cádiz, 27 de septiembre de 1813”.

 

1813-1814 (diciembre y enero)

 

Después de los desastres de Valladolid (Morelia) y Purvarán, José Ma. Morelos volvió al puerto (a principios de marzo) de donde salió (9 de abril) acosado por los realistas. Previamente mandó incendiar la ciudad, degollar a los españoles residentes y fusilar a todos los prisioneros. El 14 de abril Armijo recuperó la plaza.

 

1849 (27 de octubre)

 

Se erigió el estado de Guerrero.

 

1854

 

El 1 de marzo de este año se proclamó en Ayutla, Gro. el Plan que desató la revolución contra la última dictadura de Antonio López de Santa Anna. El día 11 siguiente la guarnición de Acapulco se adhirió al movimiento y designó a Ignacio Comonfort (que era administrador de la aduana) gobernador del puerto y jefe provisional de las fuerzas armadas en cuyo carácter invitó a Juan Álvarez a que asumiera el mando supremo del Ejército Restaurador de la Libertad.

 

1854 (26 de abril)

 

El presidente López de Santa Anna, que salió al frente de un ejército de 5 mil hombres a someter a los sublevados, fracasó en su intento de tomar Acapulco.

 

1863 (10 y 11 de enero)

 

Una escuadra francesa bombardeó el puerto y luego desembarcaron los marinos, que no pasaron de los límites de la ciudad abandonada, retirándose tres días después.

 

El 4 de junio volvieron por mar y un batallón de tiradores argelinos se posesionó de la plaza.

 

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1863 (enero 10-12)

 

Al estallar la guerra entre México y Francia., Acapulco sufrió horrible bombardeo los días 10, 11 y 12 de enero porque e Gral. Diego Álvarez no quiso aceptar las proposiciones del almirante Bovet, quien, al frente de poderosa escuadra se hallaba en el puerto.

 

1864

 

A finales de este año los invasores franceses evacuaron Acapulco después de la derrota que Vicente Jiménez y Diego Álvarez infringieron a los imperiales en el Zapotal.

 

1865 (junio y septiembre)

 

Los franceses intentaron nuevamente invadir el territorio por ese punto, pero fueron rechazados por los republicanos.

 

1868

 

Primeras escuelas en la calle 5 de mayo (una de niños y una de niñas)

 

1894

 

El VIII virrey Luis de Velasco, hijo, mandó acondicionar notablemente el camino México-Acapulco, en 1894, un año antes de que fuese promovido con igual rango al Perú.

 

1904

 

Llegó al puerto un crucero italiano.

 

El 30 de julio hubo un gran temblor que sólo el castillo quedó de pie.

 

1910

 

Era un somnoliento pueblecito con algunas estrechas y retorcidas calles empedradas y la mayoría protegidas por su piso natural arenoso. A la quebrada se subía por una tortuosa vereda y otra conducía a la bella playa de Caleta.

 

1910

 

Se inauguró el alumbrado público de 30 faroles de acetileno en el centro de la población y algunos faroles de petróleo medio iluminaban las esquinas de otras calles hasta las 11 de la noche.

 

1910

 

El primer hotel de Acapulco “Doña Eliza Sutter de Link”; después pasa a hotel “Miramar” y después se convierte en el famoso Edificio “Pintos”.

 

Donde se encuentra el hotel Colonial estuvo la aduana, después se instaló ahí la Casa de Huéspedes “Dos de abril” y más tarde El Colonial.

 

1911 (10 de mayo)

 

Atacaron por primea vez los maderistas; sorprendieron a los mercaderes y a muchas amas de casa en el primitivo mercado que se localizaba en la Plaza Álvarez, al norte de ésta, frente a lo que es ahora el Banco Mexicano del Sur.

 

Este mercado era una serie de mesas o grandes cajones de madera, algunos con techo de lámina, en donde se expendía el pescado y la carne. Lo demás, las verduras, la leche, el pan y cuanto comestible consumía aquel pequeño pueblo, estaban en el suelo sobre petates de palma.

 

1912

 

Doña Elisa dejó su negocio y en el local se estableció en 1912 el Hotel Jardín, donde más tarde, por 1934 se construyó el Hotel Miramar y después se convirtió en el Edificio Pintos.

 

1912 (30 de octubre)

 

Un ciclón arrasó con el puerto de Acapulco.

 

1913

 

Primer planta eléctrica.

 

1913 (noviembre)

 

Estuvo lista la primer planta eléctrica)

 

1913 (¿1923?)

 

Juan R. Escudero, primer líder sindical. Se inició con los cargadores de los barcos.

 

1920

 

Contaba solamente con un automóvil, marca “Exes” y una lancha a motor que pertenecía a la capitanía del puerto. En un carro tirado por mulas se recogía la basura de las calles.

 

1920

 

Vino el príncipe de Gales, posteriormente el rey Eduardo VIII.

 

1922

 

Llegaron los primeros submarinos americanos y también varios hidroplanos entraron por Pie de la Cuesta.

 

1924 (31 de julio)

 

Un grupo de audaces comerciantes dieron forma a la Cámara de Comercio, constituyéndola legalmente el 31 de julio de 1924.

 

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1927 (mediados)

 

Una nueva etapa fue marcada en la vida comercial de Acapulco cuando a mediados de 1927 el señor presidente Plutarco Elías Calles, desde el Castillo de Chapultepec, detonó un petardo que voló la última piedra que obstruía la brecha o camino México- Acapulco, a la altura casi del actual puente de Xaltianguis.

 

Era entonces gobernador del estado el general Héctor F. López. La Cámara Nacional de Comercio en pleno y otros sectores representativos, estuvieron presentes en aquel acto trascendental.

 

1927 (11 de noviembre)

 

Día de fiesta, de la tarde en que se hizo volar el último obstáculo de la carretera México- Acapulco e hicieron su entrada principal al puerto los 12 primeros automóviles procedentes de México.

 

Los concurrentes a la inauguración oficial llenaron los 2 únicos hoteles: El Jardín y el Acapulco, así como varias casas de huéspedes, ejemplo: La Costeña, del señor Pintos.

 

1927 (11 de noviembre 6:00 pm)

 

Llegaron al puerto, aunque transitando por una brecha de trabajo, los 12 primeros automóviles a bordo de los cuales iban el gobernador del estado, el presidente municipal y las autoridades militares.

 

1927 (11 de noviembre)

 

El presidente Plutarco Elías Calles accionó por teléfono desde el Castillo de Chapultepec, el dispositivo que hizo estallar la dinamita que removió el último obstáculo en la carretera a Acapulco, cuyo trazo se había interrumpido en el kilómetro 402 por un tapón de roca.

 

1927 (11 de noviembre)

 

Hubo agua potable en los manantiales de Santa Cruz.

 

1927 (27 de noviembre)

 

La era de la prosperidad de Acapulco se inició este día al quedar abierta la carretera hacia la Cd. de México, pero su desenvolvimiento como centro turístico se realizó bajo el gobierno del Lic. Miguel Alemán Valdés durante el cual se llevaron a cabo grandes obras, colocando a la ciudad a la altura de los granes centros turísticos del mundo.

 

1928

 

La pequeña mejoría lograda desde la construcción de la carretera México-Acapulco se exteriorizó con la apertura del Hotel México (segundo en Acapulco), frente a la casa de huéspedes “La Mar” que abrió también en 1928.

 

1928

 

Desde esta fecha se había realizado la primera obra a favor del turismo, cuando el pueblo de Acapulco construyó el camino de rueda para hacer accesible la playa de Caleta, y a continuación se reunieron $30,000.00 para el camino de rueda a Pie de la Cuesta

 

Contribución a la crítica del intelectual postmoderno - Apuntes sobre el imperialismo del siglo XXI.

  

"La institucionalización de las izquierdas y las tertulias televisivas han domesticado definitivamente cualquier indicio contestatario. El activista se ha transformado en un “seguidor” de tuits de sus políticos de moda, las redes sociales le ocupan más tiempo que la protesta en las calles."

 

Ángeles Díez, Dra. CC. Políticas y Sociología, profesora de la Universidad Complutense

  

“Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea y que no sabía de la pelea de los cometas en el cielo que van por el aire dormido engullendo mundos”.

 

(José Martí, Nuestra América)

 

A principios del siglo XXI habían caído los países del Este, Estados Unidos, a pesar de ser el país más endeudado del planeta, se convertía en la única potencia hegemónica gracias a sus más de 800 bases militares repartidas por todo el mundo, a un presupuesto militar que superaba la suma del presupuesto militar del resto de los países, al control del dólar como divisa de las transacciones internacionales; pero sobre todo, gracias a su hegemonía cultural e ideológica conseguida con el monopolio y control de las industrias culturales y las corporaciones mediáticas.

 

Sin embargo, ese paraíso de poder incontestable anunciaba su declive en el terreno económico político, una descomposición social interna sin precedentes, y una pérdida creciente de la influencia en lo que siempre ha considerado su patio trasero latinoamericano. Definitivamente, hoy, Estados Unidos ha perdido su capacidad para dirigir el mundo.

 

La potencia que ha liderado la expansión capitalista está en caída libre lo cual la hace especialmente peligrosa. Existe, no obstante, un campo en el que sigue manteniendo su hegemonía, el campo cultural e ideológico. Aquí parece estar ganado la contienda. Como en la película de las hermanas Wachowski, The Matrix, los guardianes del simulacro se ocupan de hacer desaparecer toda evidencia del verdadero rostro del capitalismo y nos mantienen en una servidumbre voluntaria (1) nutriendo de energía a la maquinaria que nos somete.

 

No trataré en este artículo de las contradicciones que se producen en el seno del capitalismo sino cómo y por qué y sobre todo quienes son algunos de estos guardianes de la matriz que se ocupan, consciente o inconscientemente, de apuntalar el capitalismo y la civilización occidental, en evidente crisis e incapaz ya de resolver las mínimas condiciones de subsistencia para las dos terceras partes de la humanidad, incluidos gran parte de sus ciudadanos.

 

El capitalismo y su ideología legitimadora, el liberalismo, han impregnado todo tipo de relaciones humanas subordinando todo hacer social y todo pensamiento a la racionalidad económica.

 

La economía se ha convertido en el emblema del mundo moderno y no hay nada, ni pensamiento ni sentimiento que no quede sometido a la calculabilidad económica, o que no se convierta en nutriente de la acumulación. Al tiempo que esto ocurre, en la materialidad de la vida, todo queda oculto a los ojos de los sujetos de los que se alimenta el sistema.

 

El sufrimiento, el hambre, la desigualdad, la miseria de los pueblos, la guerra, se nos presentan como acontecimientos desgraciados sin relación con la economía (2). Los economistas de todo pelaje se devanan los sesos para cuadrar las cuentas de resultados y para ajustar el déficit económico; desarrollan modelos matemáticos y tratan de devolver la “confianza a los mercados”.

 

Se hace depender la solución de las necesidades humanas de la atracción de capitales obviando así el principio básico que mueve la economía –la capitalista- que no es otro que el que dice que la única mercancía que genera valor, más valor que el que necesita para reproducirse, es única y exclusivamente el trabajo humano; que el capital no es otra cosa que trabajo solidificado; y que el capital, independientemente de la voluntad de su poseedor, para reproducirse necesita incrementarse constantemente y sólo puede hacerlo mediante la explotación, a saber, obteniendo valor del trabajo. Lo demás, juegos florales. Nadie ha podido demostrar que el capitalismo funcione de otra forma.

 

Sin embargo, hay quienes sostienen que el capitalismo tal y como lo analizó Marx, también Weber (un sociólogo nada sospechoso de marxista), ya no es el mismo y que ha evolucionado hacia otras formas menos dolosas, incluso hay quienes, como Toni Negri plantean que, fruto de sus contradicciones, se metamorfoseará en comunismo, pero como afirma Alain Badiou “el capitalismo contemporáneo presenta todos los rasgos del capitalismo clásico.

 

Corresponde estrictamente a lo que se podría esperar de él puesto que su lógica ya no es rebatida por acciones de clase resueltas y localmente victoriosas. Si tomamos, en lo que concierne al futuro del Capital, todas las categorías predictivas de Marx veremos que es ahora cuando quedan plenamente demostradas” (3). Lo único que sí parece haber variado son la sofisticación y la eficacia de los mecanismos de fetichización, alienación y cosificación que fundamentan la explotación.

 

A la vista de lo que hoy son los intereses y las preocupaciones de la mayor parte de los intelectuales occidentales podemos afirmar que estamos ante un reencantamiento del mundo que, desde mi punto de vista, se inició tras el mayo del 68 y que en estos momentos dispone de dispositivos extraordinariamente potentes como la tecnología digital que construye un mundo paralelo (virtual) que, al tiempo que disfraza e invisibiliza el sometimiento y la explotación, distrae las resistencias.

 

Intelectuales de izquierda, líderes y movimientos sociales se muestran incapaces de vislumbrar dónde está el Frente de batalla, se confunde en qué lugar de la guerra se está, ya no hay quien dibuje los mapas del poder que orienten las luchas.

 

A veces se percibe la injerencia estadounidense en la guerra “encubierta” contra Venezuela, pero al cabo del tiempo se impone el relato de las corporaciones mediáticas que acusa al gobierno bolivariano de falta de democracia; otras se denuncian los planes secretos contra los gobiernos latinoamericanos como el Freedom 2, el Masterstroke, o el manual de golpes blandos de Gene Sharp, pero al poco, esos mismos intelectuales se manifiestan contra el gobierno de Nicaragua y a favor de los “pacíficos manifestantes”, se denuncia la propaganda mediática contra Siria y la intervención imperialista pero al mismo tiempo se hace único responsable de la guerra al presidente legítimo de Siria Bashar al- Asad, o se utiliza como fuentes de información de la guerra a los Cascos blancos, una ONG fundada por el ex oficial de la Inteligencia británica James Le Mesurier y ampliamente denunciada por ser “escenógrafos” para los medios occidentales (4).

 

Académicos e intelectuales se mueven desconcertados por las redes sociales, presionados por su narcisismo y las exigencias del mercado editorial o mediático, buscando pruebas que avalen sus posiciones ideológicas y que les ayuden a distinguir quienes son los buenos y cuales son los malos. Pero los intelectuales de izquierdas ya no buscan construir armas de lucha contra el capitalismo, ni alimentar las resistencias; sólo se ocupan de encontrar ese dato, esa historia humana, ese argumento que les permita seguir publicando libros, seguir dando entrevistas a los medios masivos y sosteniendo sus posiciones como si en ello les fuera la vida. Unas posiciones que por otro lado no se preguntan cómo es que coinciden con los intereses y las lógicas de expansión capitalista.

 

Hay otros, ciertamente, que dedican todas sus energías e inteligencia a buscar, en general en el plano puramente retórico, salidas “viables” al capitalismo, reformas, caminos alternativos, espacios de consenso que les eviten riesgos innecesarios. La búsqueda de certezas teóricas exime de responsabilidades en la praxis.

 

Un nuevo idealismo postmoderno recorre Europa y salta mares y océanos cabalgando a lomos de un celular. Desprendiéndose de la corporeidad de las necesidades más básicas como el alimento, la salud, la vivienda, la educación…; esta concepción idealista del mundo aboga por la supremacía de los Derechos humanos en tanto que categorías trascendentes e individuales: la libertad sexual, la libertad de expresión, de circulación, la ciudadanía, el parlamentarismo, el voto; y defiende un “relativismo constructivista” en el que el ser humano es una realidad plástica y maleable; y la política no tiene que ver con el poder sino con la voluntad, y en última instancia con el deseo. El único objetivo parece ser situarse mejor en el mercado de las ideas, o tal vez, ganarse la vida.

 

La neo-colonización ideológica postmoderna y el imperialismo del Siglo XXI

 

Desde hace apenas unos años, antes de lo que calculaban los Think tank estadounidenses, ha surgido una multipolaridad en lo económico, lo político, lo militar e incluso lo geoestratégico.

 

Ciertamente, la guerra en Siria donde, a petición del gobierno sirio, la coalición liderada por Rusia ha puesto freno a las aspiraciones europeas y estadounidenses, es muestra de este retroceso estadounidense; o la fuerza con la que China se está haciendo con el comercio a nivel mundial, también apuntan a esa pérdida de hegemonía. Pero en ninguno de los dos casos hay contradicciones ideológicas. Ni en el caso de Rusia ni en el de China ya que ambos países plantean confrontaciones en el ámbito económico, geoestratégico y en última instancia de poder pero no en cuanto al cuestionamiento del capitalismo.

 

Estados Unidos no tiene problemas ideológicos sino económicos y geoestratégicos con Rusia (el último encuentro de Donald Trump y Vladimir Putin en la cumbre del G20 en Helsinki que tanto enfadó a las agencias estadounidenses así lo muestra), tampoco los chinos son una amenaza ideológica o política sino económica por el reparto de los recursos y de los mercados.

 

Los problemas ideológicos surgen cuando hay países que violan alguno de los dogmas del capitalismo: países soberanos que utilizan sus recursos para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, que practican el internacionalismo, que se plantean como horizonte el desarrollo social y humano, que subordinan la propiedad privada al bien colectivo, o países cuya identidad nacional, religión (determinada concepción del islam) o cultura, alimentan los sueños y las resistencias de los pueblos.

 

La guerra actual, en mayor medida que las anteriores, debido a la capacidad bélica equiparable entre las grandes potencias se está dando fundamentalmente en el campo ideológico. El comandante Fidel Castro supo anticiparlo antes que ningún otro estratega mundial cuando planteó para Cuba, en plena crisis tras la caída de la Unión Soviética, la “batalla de las ideas”.

 

El imperialismo cultural que tan maravillosamente analizó Edward Said en el caso de la novela del siglo XX y que según su propuesta analítica fundamentó y/o creó las condiciones para el imperialismo económico y político, incluso, citando a W. Blake puede que precediera a esta expansión, sirve para entender la continuidad y la potencia de la cultura para la continuidad del dominio capitalista.

 

Durante la Guerra Fría dos fueron las claves del imperialismo cultural: la generalización del modo de vida americano mediante todo tipo de productos de las industrias culturales monopolizadas por EEUU (especialmente el cine, pero también revistas como Encounter para los círculos intelectuales, Reader’s Digest para los sectores más populares, agencias de información y medios como La voz de América, conciertos, etc.); y otro elemento clave fue servirse de los intelectuales de izquierdas no comunistas profundamente anti-soviéticos (5). A través de ellos no sólo se difundían los productos artísticos estadounidenses sino que se conseguía una mayor credibilidad en las críticas a la Unión Soviética.

 

Un ejército de intelectuales, académicos, escritores y artistas han sido los responsables del apuntalamiento constante de un sistema económico que hace años amenazaba ruina. Agencias de inteligencia, institutos de investigación, ONG, y demás organizaciones al servicio de los intereses estadounidenses se han encargado de organizar y orientar a este ejército.

 

El intelectual postmoderno se asemeja en sus funciones a lo que Gramsci denominaba intelectual orgánico. Constituye ese grupo de productores culturales contemporáneos que han renunciado a servir de guía a unos movimientos sociales cada vez más reformistas y se reproducen acomodados en sus nichos de diversidad. Son principalmente intelectuales mediáticos.

 

Estos intelectuales intentan defender su identidad “contestataria” e inconformista recurriendo a un lenguaje pretendidamente marxista o provocador, antiliberal y anticapitalista, especialmente en la superficie. Pero acaban cayendo en la pura retórica vacía de un lenguaje plagado de tópicos, gaps, incluso chistes fáciles cuando de lo que se trata es de ganar audiencias que pudieran traducirse en votos.

 

El intelectual postmoderno busca en el mercado de la disidencia grupos que le permitan seguir ocupando un lugar en las portadas de los medios, muchas veces en los medios alternativos para no dejar de estar en el “candelero”. De este modo las prácticas revolucionarias, que sin duda las hay, se han quedado huérfanas de teoría.

 

Fanon, Aimé Cesaire o C.L.R. James ya denunciaron en su día esa colonización cultural del siglo XX que relegaba las categorías de raza o género a epifenómenos del capitalismo y llevaba a los partidos comunistas a subordinar las luchas por la descolonización a las luchas del obrero occidental ilustrado. Denunciaban que no se entendiera que el capitalismo llevaba implícito el racismo y la discriminación de los pueblos a los que sometía y que los fascismos simplemente habían implementado en Europa lo que hacía siglos practicaban los capitalistas en las colonias.

 

La colonización cultural del siglo XX pasaba pues por interceptar los movimientos de liberación que surgían en las colonias europeas. Y fueron muchos los intelectuales vinculados a los partidos comunistas europeos que asumieron el discurso racionalista ilustrado para distanciarse de los movimientos de liberación.

 

En el siglo XXI la cultura y la ideología postmoderna siguen alzando las banderas ilustradas del siglo XX: el Estado de Derecho, la democracia (burguesa), la libertad, la igualdad (de oportunidades). Pero ahora tiene que ocultar el fracaso concreto y real de esta mitología reciclando dichos principios con formatos más actualizados: gobernanza, participación, empoderamiento, centrismo… La actitud buenista sirve de máscara moral para los intereses de grupo (familia, amigos, colegas) y ayuda a neutralizar las resistencias que se dan en el plano de la vida material y cultural de los pueblos.

 

Las universidades europeas siguen reproduciendo ese hombre blanco ilustrado pero ahora armado con aplicaciones y móviles de última generación que afirman ser la “voz de los sin voz”.

 

Grosfoguel, el teórico del decolonialismo plantea que para ser un proyecto radical no sirve sólo con ser anticapitalista sino que hay que ser antisistema (antipatriarcal, antirracista, anticolonial, no imperialista…) hay que pensar que no se habla sólo de un sistema económico sino de una civilización-mundo “que nace de la expansión colonial europea”(6).

 

Pero eso significa, entre otras cosas, la necesidad de romper con la mitología occidental que construyó un sistema de Estados nacionales y sistemas políticos parlamentarios para ejercer más eficaz y racionalmente la dominación. Los mitos del parlamentarismo burgués y del sistema electoral que le legitima tienen que ser revisados a la luz de la realidad material no de la realidad imaginada o deseada.

 

Por otro lado, la institucionalización de las izquierdas y las tertulias televisivas han domesticado definitivamente cualquier indicio contestatario. El activista se ha transformado en un “seguidor” de tuits de sus políticos de moda, las redes sociales le ocupan más tiempo que la protesta en las calles. La neocolonización cultural del siglo XXI está en marcha a través de las múltiples autopistas virtuales cuyo peaje es la conciencia crítica de los usuarios.

 

Si el siglo XX fue caracterizado por los situacionistas como la sociedad del espectáculo hoy podríamos hablar de la época del enmascaramiento. No se trata ya de representación sino ocultación intencionada, y no es sólo ocultar el significado del mundo es hacer que este desaparezca: virtualizarlo. Es por fin lograr que la forma lo sea todo, el significante por encima del significado.

 

Otro de los elementos fundamentales del imperialismo cultural fue, en la modernidad, el refugio en el contrato o, dicho de otra forma, una nueva forma de legalidad y de legitimidad racionales. Sobre este derecho que emanaba de la representación y la delegación de la voluntad popular en los parlamentos se conseguía someter al pueblo. En los procesos de descolonización del siglo XX el modelo de Estado de derecho y la representación parlamentaria sancionada mediante el procedimiento electoral se convertirían en la nueva forma de sometimiento de las nuevas naciones independizadas a las élites nacionales.

 

En el siglo XXI, las élites políticas e intelectuales occidentales y de las antiguas colonias encuentran en el Estado de derecho, que como diría Marx no es otro que el Estado burgués, el mejor refugio para estar a salvo de las grandes confrontaciones sociales.

 

Desde mi punto de vista, todo lo anterior constituye evidencias de que la potencia que lidera el mundo, Estados unidos, ha perdido la guerra económica, está perdiendo la militar y la política pero no la ideológica. En este terreno, como ya anticipara Gramsci, la hegemonía sigue estando del lado de la clase dominante que ha conseguido que las clases dominadas compartan sus valores, deseos e ideología.

 

Mantener el mundo escindido: el alma y el cuerpo, lo individual y lo colectivo, el hombre y la naturaleza, la teoría y la práctica… Ciertamente la barbarie homogeniza que es como decir que el capital convierte todo en mercancías. La civilización occidental, o, más bien el proceso civilizador europeo, no ha dado como resultado un mundo diferenciado, rico y variado, sino todo lo contrario.

 

Aunque hoy los medios de comunicación y las redes sociales nos presentan un mundo plural y multicultural la realidad es que lo diverso que nos muestran concierne sólo a la apariencia, a lo puramente estético. Es la naturaleza corpórea, psíquica, material, humana, la que es múltiple, rica y variada, aunque siga ciertas pautas que permiten predominar en ella la pulsión de vida frente a la pulsión de muerte.

 

Lo diferente no es una cualidad propiamente humana sino de la naturaleza y nosotros también somos producto de la naturaleza. Son las formas en las que se presenta la “nuda vida” que diría Agamben, las que son diversas y responden a la necesidad de conservación de las especies. Lo específicamente humano son las diferencias construidas desde la consciencia, no menos reales ni menos fundamentales.

 

La consciencia que hace pasar por la razón la interpretación de los acontecimientos y nos permite distinguir entre los asesinatos cometidos por el Estado de Israel y el acto desesperado de un palestino que se inmola. Es desde esa conciencia diferenciadora que los seres humanos nos negamos a ser estandarizados y transformados en mercancías intercambiables; de ello depende nuestra propia subsistencia. Sin embargo, esta pulsión básica, sustantiva y material en cierto sentido, es reconducida hacia una diferenciación superficial, banal, que impide la unidad de acción contra el capitalismo: identidades a la carta sin ningún denominador común.

 

Existe una unidad cultural/biológica del conocimiento y la acción que ha sido rota en los últimos doscientos años por el capitalismo (7), sobre ella se sostiene la explotación. El Capitalismo necesita originalmente de la fragmentación y la división entre el pensar y el hacer, la división del trabajo que aumente la eficacia de la explotación de los sujetos y de los pueblos.

 

La modernidad se construye ideológicamente sobre las dualidades que sirvieron de base al cristianismo pre-moderno para garantizar el sometimiento de los cristianos y el poder de la iglesia en la tierra. El par alma-cuerpo se traslada a la modernidad como razón-cuerpo y esta separación permitirá operar el ejercicio de la explotación sosteniendo ideológicamente una igualdad de derechos y de oportunidades que no cuestionan las desigualdades materiales, objetivas; y que además se convertirá en la trampa del intelectual pos-moderno.

 

Reconstruir la unión entre el pensar y el hacer es uno de los grandes retos de una cultura verdaderamente revolucionaria, es decir, aquella que sea capaz de enfrentarse al imperialismo del siglo XXI. Los intelectuales deben trabajar en esta reunificación confrontando sus análisis con la realidad de las necesidades humanas, sean estas psíquicas o materiales.

 

Lo mismo que Marx no distingue entre los productos del trabajo humano ya sean intelectuales o materiales, pues poseen valor de uso (satisfacen necesidades ya sean mentales o físicas, reales o imaginarias) y valor, de la misma forma pensar/analizar son acciones humanas que no pueden ser reducidas a procesos mentales única y exclusivamente en la medida en que suponen gasto de energía (física) y se encuentran ineludiblemente conectadas a los actos comunicativos sin los cuales no podrían darse.

 

Los intelectuales comen, se protegen del frío, aman, ríen, odian… Tampoco la práctica es acción pura, nunca lo fue: en cuanto acción humana, implica “estar orientada a un fin, de lo contrario es un acto reflejo o imitativo; necesariamente está guiada por el conocimiento. El conocimiento se nutre de la acción y es acción. Solo el pensar informático (inteligencia artificial) es conocimiento puro porque sus premisas y sus fines le vienen dados“(8).

 

Este imperialismo cultural del siglo XXI que vamos cartografiando se alimenta de nuestras buenas intenciones. La desconexión entre causa y efecto, entre el pasado y el presente, hace posible que los intelectuales queden al resguardo de su responsabilidad. En el campo de la lucha armada se expresa en la doctrina de la “intervención humanitaria” que tan buenos resultados ha dado entre los intelectuales europeos que acabaron justificando la intervención armada en Yugoslavia, en Libia, en Siria o en Ucrania.

 

En los shows televisivos que se disfrazan de tertulias o debates de actualidad proliferan los micro-relatos postmodernos donde se juzga y sentencia a los gobiernos latinoamericanos que no cumplen con las formas políticas y culturales de las antiguas metrópolis, siempre evaluados desde la arbitrariedad, unos sí otros no, previamente señalada por la agenda mediática.

 

Si en el imperialismo del siglo XIX y XX Edward Said estudiaba la novela por considerarla “el objeto estético de mayor interés a estudiar en su conexión particular con las sociedades francesa y británica, ambas en expansión” (9), no caben dudas de que a principios del XXI hay que estudiar el cine de superhéroes, los cómics (10), las series de televisión y las redes sociales.

 

Para Said, en el imperialismo, la batalla principal se libraba por la tierra pero “cuando tocó preguntarse quién la poseía antes, quién tenía el derecho a ocuparla y trabajarla, quién la mantenía, quién la recuperó y quien planifica ahora su futuro, resulta que todos esos asuntos habían sido reflejados, discutidos e incluso, durante algún tiempo, decididos en los relatos. Según ha dicho algún crítico por ahí, las naciones mismas son narraciones.

 

El poder de narrar, o de impedir que otros relatos se formen y emerjan en su lugar, es muy importante para la cultura y para el imperialismo, y constituye uno de los principales vínculos entre ambos”(11). Los microrrelatos postmodernos que circulan a gran velocidad por las redes van conformando matrices de colonización cultural: el indigenismo, el género, el ecologismo, las elecciones, la representación. Todos ellos debidamente sustanciados fuera de la lógica capitalista. No hay historia, no hay violencia solo presente y buenas intenciones.

 

Cuando el Ente sionista de Israel a través de su embajada en Nigeria regala 70 Tablet a niños nigerianos con la bandera de Israel en la parte trasera está trasladando el relato del progreso y la tecnología como valores vinculados al Estado sionista. Cuando los intelectuales europeos, en las nuevas agresiones imperialistas a América Latina, por ejemplo en Venezuela o en Nicaragua, se comportan como si tuvieran que autorizar a los gobiernos latinoamericanos a ejercer su autoridad gubernamental sobre las oposiciones violentas, sobre las élites golpistas, o sobre sus leyes o prácticas políticas, están trasladando el relato de colono ilustrado.

 

Así, un nuevo modo de autoritarismo particularista se extiende por todo el espectro teórico de izquierdas. La ética, los principios religiosos y las teorías universales son convertidos en anatemas contra los que se alzan un ejército de filósofos, politólogos, sociólogos y antropólogos dispuestos a liquidar cualquier propuesta de unidad de acción.

 

La religión se presenta como un obstáculo insalvable, por ejemplo, para apoyar a Hezbollá, el único movimiento que ha sido capaz de derrotar al ejército de Israel, que coloca la causa palestina en el horizonte de su lucha y que consigue el respeto de la mayoría de las poblaciones árabes. La modernidad propone no una laicidad sino una secularización consumista que lo mismo destruye la religión que al ser humano, decía Passolini. La igualdad de mercado permite el enmascaramiento del conflicto latente entre las necesidades sociales y la propiedad de los bienes para satisfacerlas.

 

El imperialismo del siglo XXI ha llenado de dogmas invisibles la mente de los ciudadanos europeos gracias a los intelectuales de izquierdas. Mientras que los dogmas del imperialismo del siglo XX eran reconocibles a poco que se ahondara en la ideología liberal (el mercado, el equilibrio, la eficacia…) en estos momentos se presentan como consignas de izquierda términos como derechos humanos, diversidad, identidad, etc.

 

Si el imperialismo tardío del siglo XX trató de cerrar el paso a las revoluciones con el discurso del “fin de las ideologías” y por tanto el “fin de la historia”, el del siglo XXI trata de conjurarlas con la invención mitológica del pasado según la ideología y los deseos (ej. La construcción imaginada de Israel), los mitos nacionalistas, los derechos universales, la multiculturalidad, la diversidad, etc.

 

Pero la unidad no es el individuo sino la sociedad. Y no hay sociedad que pueda ser construida como un sumatorio de individualidades. De la misma forma que ocurre con la memoria, lo colectivo y lo comunitario es un lastre para el nuevo imperialismo, de ahí ese discurso postmoderno contra los liderazgos, contra las organizaciones, contra los héroes y las banderas. De ahí ese ensalzamiento constante del individuo, del grupo y de las micro-identidades.

 

Reconciliar el relato con la vida, ocuparnos del mundo que camina

 

Para Said, existían “humanistas profesionales” que son “incapaces de establecer conexiones entre la crueldad prolongada y sórdida de prácticas como la esclavitud, la opresión racial y colonialista o la sujeción imperial, en el seno de una sociedad, por un lado, y por otro, la poesía, la ficción y la filosofía de esa misma sociedad (12).

 

En el imperialismo cultural del siglo XXI se mantiene esa desconexión y es frecuente que la literatura, el cine, o la filosofía utilicen los casos reales para transformarlos en ficciones inocuas y desvíen la atención de la crítica radical al capitalismo.

 

Académicos e intelectuales pos-modernos se centran en debatir sobre los procedimientos cuando lo que está en juego, tal y como planteara Foucault es la propia vida humana, no las formas específicas en las que se expresa. Es así que la particularidad de los sistemas políticos o de los derechos ciudadanos no respetados hacen desaparecer las amenazas globales (la guerra, la depredación del medio ambiente, el hambre…) por arte de magia.

 

Defender un sistema de partidos, un parlamento, unas elecciones, la libertad de expresión, los derechos de ciudadanía se colocan por encima de la amenaza global de la guerra imperialista o de la producción de bienes básicos para resolver el alimento, la salud, el alojamiento o la educación.

 

En el ámbito de la política, los ideales ilustrados como la igualdad, la solidaridad y libertad que en el siglo XX sirvieron para alentar y legitimar el alzamiento de los pueblos colonizados contra las metrópolis, hoy, sólo se conciben en su “cualidad trascendente” separados de lo cotidiano de forma que son utilizados para arremeter contra los procesos revolucionarios latinoamericanos que defienden su soberanía y su independencia económica y que en ocasiones no “respetan adecuadamente” los derechos humanos.

 

Cientos de veces Venezuela tiene que defender su democracia y la transparencia de su sistema electoral, no hay momento en el que Cuba no deba argumentar lo innecesario de un sistema de partidos al estilo europeo o que Bolivia no deba justificar el recurso al extractivismo para obtener recursos económicos.

 

Pero sin duda el conflicto central de nuestro mundo queda fuera de las preocupaciones del intelectual postmoderno: el conflicto entre el Capital y el trabajo. A pesar de vivir en un mundo inundado de desarrollos tecnológicos y culturales espectaculares la lucha por la subsistencia sigue anclada en una lógica embrutecedora que reduce al sujeto a su expresión más primitiva, una pieza insignificante, sin conciencia, apenas pura energía (física o intelectual) que es extraída para alimentar la maquinaria global. En el Capitalismo la lógica de las necesidades queda subordinada constantemente a la lógica del beneficio.

 

El capitalismo no es sólo un modo de producción es un sistema en el que cada una de sus partes no puede ser aislada y funcionar por separado. La fundamentación ideológica del capitalismo está en la individualización opuesta a la sociabilidad –esta última única garantía de la pervivencia de la especie humana- y en la escisión del ser humano (alma, cuerpo, razón-sentidos).

 

El intelectual que desarrolla su potencia históricamente sólo ha podido hacerlo restituyendo la vida y su forma específica, o dicho de otro modo, actualizando constantemente en su práctica cotidiana la potencia que encierra la vida humana y creando así nuevas formas de vida, distintas a la forma capitalista existente. Hoy ese intelectual parece haberse extinguido.

 

Volvamos a Gramsci y reivindiquemos una filosofía de la praxis que encuentre en las actividades y pensamientos cotidianos, en las prácticas de solidaridad diarias, en el internacionalismo, elementos para construir un mundo realmente alternativo.

 

El filósofo Terry Eagleton propone en su último libro sobre el Materialismo ocuparse del cuerpo, pero no del “cuerpo étnico, genérico, queer, hambriento, construido, perecedero, decorado, discapacitado, cibernético, biopolítico” (13) sino de lo que tienen en común cada uno de los seres humanos, aquello que nos permite subsistir como especie (animal y cultural), el cuerpo como una realidad material que necesita alimentarse, alojarse, educarse, pensar, amar, reír…

 

Hablamos de esa materialidad histórica de la que se ocuparon Marx y Engels, y E.P. Thomson, Gramsci, Mariátegui, el Che y Fidel, que les llevó hacia el universalismo revolucionario que reivindicaba la igualdad en contraposición a la explotación capitalista.

 

No puede haber emancipación, ni soberanía, ni vida digna de ser vivida en el marco cada vez más estrecho de los particularismos individualizantes que no van más allá del pequeño grupo identitario, que, enemigos de la historia, no pueden proyectarse más allá del presente y del grupo al que pertenecen.

 

La tarea de la izquierda es transformar todas las energías sociales en acciones conscientes, no negarlas, ni inventarlas. La tarea de la izquierda es ocuparse de los problemas reales, materiales, y no volver una y otra vez sobre problemas y cuestiones ya resueltas hace muchos años, como por ejemplo la incompatibilidad del capitalismo y la democracia, o la imposibilidad de la reforma del capitalismo, o de una acumulación de capital sin explotación, o una propiedad privada promotora del bien colectivo. La tarea de la izquierda y de los intelectuales revolucionarios no puede ser otra que ponerse al servicio de la vida, concreta, material, y no del Capital.

 

Finalmente, dado que el imperialismo no es sino la expansión globalizada del Capitalismo, enfrentarse al imperialismo del siglo XXI implica necesariamente la conformación de un Frente internacionalista que haga suyas las luchas y las resistencias de todos los pueblos contra el Capitalismo, en todos y cada uno de los ámbitos en los que despliega su arsenal bélico.

  

Notas y referencias:

 

1- XVI planteó esta curiosa situación de aceptación de la servidumbre en su libro “la servidumbre voluntaria”.

 

2- Cuando utilizo el término economía hablo en realidad del capitalismo. De hecho cuando los economistas, los políticos y el público en general habla de economía en realidad de lo que se está hablando es del modo de producción hegemónico que es el Capitalismo. Para el desarrollo de este tema ver Ángeles Diez, “La economía y los pretextos”, Rebelión, 26/11/208

 

3- Alain Badiou, El despertar de la historia. Ed. Clave Intelectual, Madrid, 2012, pág.22

 

4- RT, “Periodista británica: Los cascos blancos trabajan como terroristas”, (Consulta 14/02/2018)

 

5- La investigadora británica´, Frances Stonor Saunders, en su obra “La CIA y la Guerra Fría cultural” así lo afirma tras un exhaustivo trabajo de entrevista a ex miembros de la CIA, análisis de documentos desclasificados y materiales diversos de la época.

 

6- Ramón Grosfoguel, entrevista, El Solitario

 

7- Humberto Maturana, R. y Fco Varela, G. ”El árbol del conocimiento. Las bases biológicas del entendimiento humano” Santiago, Ed. Universitaria 1984.

 

8- idem

 

9- Edward W. Said, Cultura e imperialismo. Ed. Debate, Barcelona, 2018, p. 15

 

10- Datos de los cómics en España: la publicación de cómics se incrementó en el 2017 en 500 títulos.

 

11- Edward W. Said, Cultura e imperialismo. Ed. Debate, Barcelona, 2018, p. 15

 

12- Edward W. Said, Cultura e imperialismo. Ed. Debate, Barcelona, 2018, p. 16

 

13- Terry Eagleton, Materialismo. Editorial Península, 2017, pág. 12

  

Ángeles Díez ,Dra. CC. Políticas y Sociología, profesora de la Universidad Complutense

  

Fuente: KRÍTICA

Contribución a la crítica del intelectual postmoderno - Apuntes sobre el imperialismo del siglo XXI.

  

"La institucionalización de las izquierdas y las tertulias televisivas han domesticado definitivamente cualquier indicio contestatario. El activista se ha transformado en un “seguidor” de tuits de sus políticos de moda, las redes sociales le ocupan más tiempo que la protesta en las calles."

 

Ángeles Díez, Dra. CC. Políticas y Sociología, profesora de la Universidad Complutense

  

“Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea y que no sabía de la pelea de los cometas en el cielo que van por el aire dormido engullendo mundos”.

 

(José Martí, Nuestra América)

 

A principios del siglo XXI habían caído los países del Este, Estados Unidos, a pesar de ser el país más endeudado del planeta, se convertía en la única potencia hegemónica gracias a sus más de 800 bases militares repartidas por todo el mundo, a un presupuesto militar que superaba la suma del presupuesto militar del resto de los países, al control del dólar como divisa de las transacciones internacionales; pero sobre todo, gracias a su hegemonía cultural e ideológica conseguida con el monopolio y control de las industrias culturales y las corporaciones mediáticas.

 

Sin embargo, ese paraíso de poder incontestable anunciaba su declive en el terreno económico político, una descomposición social interna sin precedentes, y una pérdida creciente de la influencia en lo que siempre ha considerado su patio trasero latinoamericano. Definitivamente, hoy, Estados Unidos ha perdido su capacidad para dirigir el mundo.

 

La potencia que ha liderado la expansión capitalista está en caída libre lo cual la hace especialmente peligrosa. Existe, no obstante, un campo en el que sigue manteniendo su hegemonía, el campo cultural e ideológico. Aquí parece estar ganado la contienda. Como en la película de las hermanas Wachowski, The Matrix, los guardianes del simulacro se ocupan de hacer desaparecer toda evidencia del verdadero rostro del capitalismo y nos mantienen en una servidumbre voluntaria (1) nutriendo de energía a la maquinaria que nos somete.

 

No trataré en este artículo de las contradicciones que se producen en el seno del capitalismo sino cómo y por qué y sobre todo quienes son algunos de estos guardianes de la matriz que se ocupan, consciente o inconscientemente, de apuntalar el capitalismo y la civilización occidental, en evidente crisis e incapaz ya de resolver las mínimas condiciones de subsistencia para las dos terceras partes de la humanidad, incluidos gran parte de sus ciudadanos.

 

El capitalismo y su ideología legitimadora, el liberalismo, han impregnado todo tipo de relaciones humanas subordinando todo hacer social y todo pensamiento a la racionalidad económica.

 

La economía se ha convertido en el emblema del mundo moderno y no hay nada, ni pensamiento ni sentimiento que no quede sometido a la calculabilidad económica, o que no se convierta en nutriente de la acumulación. Al tiempo que esto ocurre, en la materialidad de la vida, todo queda oculto a los ojos de los sujetos de los que se alimenta el sistema.

 

El sufrimiento, el hambre, la desigualdad, la miseria de los pueblos, la guerra, se nos presentan como acontecimientos desgraciados sin relación con la economía (2). Los economistas de todo pelaje se devanan los sesos para cuadrar las cuentas de resultados y para ajustar el déficit económico; desarrollan modelos matemáticos y tratan de devolver la “confianza a los mercados”.

 

Se hace depender la solución de las necesidades humanas de la atracción de capitales obviando así el principio básico que mueve la economía –la capitalista- que no es otro que el que dice que la única mercancía que genera valor, más valor que el que necesita para reproducirse, es única y exclusivamente el trabajo humano; que el capital no es otra cosa que trabajo solidificado; y que el capital, independientemente de la voluntad de su poseedor, para reproducirse necesita incrementarse constantemente y sólo puede hacerlo mediante la explotación, a saber, obteniendo valor del trabajo. Lo demás, juegos florales. Nadie ha podido demostrar que el capitalismo funcione de otra forma.

 

Sin embargo, hay quienes sostienen que el capitalismo tal y como lo analizó Marx, también Weber (un sociólogo nada sospechoso de marxista), ya no es el mismo y que ha evolucionado hacia otras formas menos dolosas, incluso hay quienes, como Toni Negri plantean que, fruto de sus contradicciones, se metamorfoseará en comunismo, pero como afirma Alain Badiou “el capitalismo contemporáneo presenta todos los rasgos del capitalismo clásico.

 

Corresponde estrictamente a lo que se podría esperar de él puesto que su lógica ya no es rebatida por acciones de clase resueltas y localmente victoriosas. Si tomamos, en lo que concierne al futuro del Capital, todas las categorías predictivas de Marx veremos que es ahora cuando quedan plenamente demostradas” (3). Lo único que sí parece haber variado son la sofisticación y la eficacia de los mecanismos de fetichización, alienación y cosificación que fundamentan la explotación.

 

A la vista de lo que hoy son los intereses y las preocupaciones de la mayor parte de los intelectuales occidentales podemos afirmar que estamos ante un reencantamiento del mundo que, desde mi punto de vista, se inició tras el mayo del 68 y que en estos momentos dispone de dispositivos extraordinariamente potentes como la tecnología digital que construye un mundo paralelo (virtual) que, al tiempo que disfraza e invisibiliza el sometimiento y la explotación, distrae las resistencias.

 

Intelectuales de izquierda, líderes y movimientos sociales se muestran incapaces de vislumbrar dónde está el Frente de batalla, se confunde en qué lugar de la guerra se está, ya no hay quien dibuje los mapas del poder que orienten las luchas.

 

A veces se percibe la injerencia estadounidense en la guerra “encubierta” contra Venezuela, pero al cabo del tiempo se impone el relato de las corporaciones mediáticas que acusa al gobierno bolivariano de falta de democracia; otras se denuncian los planes secretos contra los gobiernos latinoamericanos como el Freedom 2, el Masterstroke, o el manual de golpes blandos de Gene Sharp, pero al poco, esos mismos intelectuales se manifiestan contra el gobierno de Nicaragua y a favor de los “pacíficos manifestantes”, se denuncia la propaganda mediática contra Siria y la intervención imperialista pero al mismo tiempo se hace único responsable de la guerra al presidente legítimo de Siria Bashar al- Asad, o se utiliza como fuentes de información de la guerra a los Cascos blancos, una ONG fundada por el ex oficial de la Inteligencia británica James Le Mesurier y ampliamente denunciada por ser “escenógrafos” para los medios occidentales (4).

 

Académicos e intelectuales se mueven desconcertados por las redes sociales, presionados por su narcisismo y las exigencias del mercado editorial o mediático, buscando pruebas que avalen sus posiciones ideológicas y que les ayuden a distinguir quienes son los buenos y cuales son los malos. Pero los intelectuales de izquierdas ya no buscan construir armas de lucha contra el capitalismo, ni alimentar las resistencias; sólo se ocupan de encontrar ese dato, esa historia humana, ese argumento que les permita seguir publicando libros, seguir dando entrevistas a los medios masivos y sosteniendo sus posiciones como si en ello les fuera la vida. Unas posiciones que por otro lado no se preguntan cómo es que coinciden con los intereses y las lógicas de expansión capitalista.

 

Hay otros, ciertamente, que dedican todas sus energías e inteligencia a buscar, en general en el plano puramente retórico, salidas “viables” al capitalismo, reformas, caminos alternativos, espacios de consenso que les eviten riesgos innecesarios. La búsqueda de certezas teóricas exime de responsabilidades en la praxis.

 

Un nuevo idealismo postmoderno recorre Europa y salta mares y océanos cabalgando a lomos de un celular. Desprendiéndose de la corporeidad de las necesidades más básicas como el alimento, la salud, la vivienda, la educación…; esta concepción idealista del mundo aboga por la supremacía de los Derechos humanos en tanto que categorías trascendentes e individuales: la libertad sexual, la libertad de expresión, de circulación, la ciudadanía, el parlamentarismo, el voto; y defiende un “relativismo constructivista” en el que el ser humano es una realidad plástica y maleable; y la política no tiene que ver con el poder sino con la voluntad, y en última instancia con el deseo. El único objetivo parece ser situarse mejor en el mercado de las ideas, o tal vez, ganarse la vida.

 

La neo-colonización ideológica postmoderna y el imperialismo del Siglo XXI

 

Desde hace apenas unos años, antes de lo que calculaban los Think tank estadounidenses, ha surgido una multipolaridad en lo económico, lo político, lo militar e incluso lo geoestratégico.

 

Ciertamente, la guerra en Siria donde, a petición del gobierno sirio, la coalición liderada por Rusia ha puesto freno a las aspiraciones europeas y estadounidenses, es muestra de este retroceso estadounidense; o la fuerza con la que China se está haciendo con el comercio a nivel mundial, también apuntan a esa pérdida de hegemonía. Pero en ninguno de los dos casos hay contradicciones ideológicas. Ni en el caso de Rusia ni en el de China ya que ambos países plantean confrontaciones en el ámbito económico, geoestratégico y en última instancia de poder pero no en cuanto al cuestionamiento del capitalismo.

 

Estados Unidos no tiene problemas ideológicos sino económicos y geoestratégicos con Rusia (el último encuentro de Donald Trump y Vladimir Putin en la cumbre del G20 en Helsinki que tanto enfadó a las agencias estadounidenses así lo muestra), tampoco los chinos son una amenaza ideológica o política sino económica por el reparto de los recursos y de los mercados.

 

Los problemas ideológicos surgen cuando hay países que violan alguno de los dogmas del capitalismo: países soberanos que utilizan sus recursos para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, que practican el internacionalismo, que se plantean como horizonte el desarrollo social y humano, que subordinan la propiedad privada al bien colectivo, o países cuya identidad nacional, religión (determinada concepción del islam) o cultura, alimentan los sueños y las resistencias de los pueblos.

 

La guerra actual, en mayor medida que las anteriores, debido a la capacidad bélica equiparable entre las grandes potencias se está dando fundamentalmente en el campo ideológico. El comandante Fidel Castro supo anticiparlo antes que ningún otro estratega mundial cuando planteó para Cuba, en plena crisis tras la caída de la Unión Soviética, la “batalla de las ideas”.

 

El imperialismo cultural que tan maravillosamente analizó Edward Said en el caso de la novela del siglo XX y que según su propuesta analítica fundamentó y/o creó las condiciones para el imperialismo económico y político, incluso, citando a W. Blake puede que precediera a esta expansión, sirve para entender la continuidad y la potencia de la cultura para la continuidad del dominio capitalista.

 

Durante la Guerra Fría dos fueron las claves del imperialismo cultural: la generalización del modo de vida americano mediante todo tipo de productos de las industrias culturales monopolizadas por EEUU (especialmente el cine, pero también revistas como Encounter para los círculos intelectuales, Reader’s Digest para los sectores más populares, agencias de información y medios como La voz de América, conciertos, etc.); y otro elemento clave fue servirse de los intelectuales de izquierdas no comunistas profundamente anti-soviéticos (5). A través de ellos no sólo se difundían los productos artísticos estadounidenses sino que se conseguía una mayor credibilidad en las críticas a la Unión Soviética.

 

Un ejército de intelectuales, académicos, escritores y artistas han sido los responsables del apuntalamiento constante de un sistema económico que hace años amenazaba ruina. Agencias de inteligencia, institutos de investigación, ONG, y demás organizaciones al servicio de los intereses estadounidenses se han encargado de organizar y orientar a este ejército.

 

El intelectual postmoderno se asemeja en sus funciones a lo que Gramsci denominaba intelectual orgánico. Constituye ese grupo de productores culturales contemporáneos que han renunciado a servir de guía a unos movimientos sociales cada vez más reformistas y se reproducen acomodados en sus nichos de diversidad. Son principalmente intelectuales mediáticos.

 

Estos intelectuales intentan defender su identidad “contestataria” e inconformista recurriendo a un lenguaje pretendidamente marxista o provocador, antiliberal y anticapitalista, especialmente en la superficie. Pero acaban cayendo en la pura retórica vacía de un lenguaje plagado de tópicos, gaps, incluso chistes fáciles cuando de lo que se trata es de ganar audiencias que pudieran traducirse en votos.

 

El intelectual postmoderno busca en el mercado de la disidencia grupos que le permitan seguir ocupando un lugar en las portadas de los medios, muchas veces en los medios alternativos para no dejar de estar en el “candelero”. De este modo las prácticas revolucionarias, que sin duda las hay, se han quedado huérfanas de teoría.

 

Fanon, Aimé Cesaire o C.L.R. James ya denunciaron en su día esa colonización cultural del siglo XX que relegaba las categorías de raza o género a epifenómenos del capitalismo y llevaba a los partidos comunistas a subordinar las luchas por la descolonización a las luchas del obrero occidental ilustrado. Denunciaban que no se entendiera que el capitalismo llevaba implícito el racismo y la discriminación de los pueblos a los que sometía y que los fascismos simplemente habían implementado en Europa lo que hacía siglos practicaban los capitalistas en las colonias.

 

La colonización cultural del siglo XX pasaba pues por interceptar los movimientos de liberación que surgían en las colonias europeas. Y fueron muchos los intelectuales vinculados a los partidos comunistas europeos que asumieron el discurso racionalista ilustrado para distanciarse de los movimientos de liberación.

 

En el siglo XXI la cultura y la ideología postmoderna siguen alzando las banderas ilustradas del siglo XX: el Estado de Derecho, la democracia (burguesa), la libertad, la igualdad (de oportunidades). Pero ahora tiene que ocultar el fracaso concreto y real de esta mitología reciclando dichos principios con formatos más actualizados: gobernanza, participación, empoderamiento, centrismo… La actitud buenista sirve de máscara moral para los intereses de grupo (familia, amigos, colegas) y ayuda a neutralizar las resistencias que se dan en el plano de la vida material y cultural de los pueblos.

 

Las universidades europeas siguen reproduciendo ese hombre blanco ilustrado pero ahora armado con aplicaciones y móviles de última generación que afirman ser la “voz de los sin voz”.

 

Grosfoguel, el teórico del decolonialismo plantea que para ser un proyecto radical no sirve sólo con ser anticapitalista sino que hay que ser antisistema (antipatriarcal, antirracista, anticolonial, no imperialista…) hay que pensar que no se habla sólo de un sistema económico sino de una civilización-mundo “que nace de la expansión colonial europea”(6).

 

Pero eso significa, entre otras cosas, la necesidad de romper con la mitología occidental que construyó un sistema de Estados nacionales y sistemas políticos parlamentarios para ejercer más eficaz y racionalmente la dominación. Los mitos del parlamentarismo burgués y del sistema electoral que le legitima tienen que ser revisados a la luz de la realidad material no de la realidad imaginada o deseada.

 

Por otro lado, la institucionalización de las izquierdas y las tertulias televisivas han domesticado definitivamente cualquier indicio contestatario. El activista se ha transformado en un “seguidor” de tuits de sus políticos de moda, las redes sociales le ocupan más tiempo que la protesta en las calles. La neocolonización cultural del siglo XXI está en marcha a través de las múltiples autopistas virtuales cuyo peaje es la conciencia crítica de los usuarios.

 

Si el siglo XX fue caracterizado por los situacionistas como la sociedad del espectáculo hoy podríamos hablar de la época del enmascaramiento. No se trata ya de representación sino ocultación intencionada, y no es sólo ocultar el significado del mundo es hacer que este desaparezca: virtualizarlo. Es por fin lograr que la forma lo sea todo, el significante por encima del significado.

 

Otro de los elementos fundamentales del imperialismo cultural fue, en la modernidad, el refugio en el contrato o, dicho de otra forma, una nueva forma de legalidad y de legitimidad racionales. Sobre este derecho que emanaba de la representación y la delegación de la voluntad popular en los parlamentos se conseguía someter al pueblo. En los procesos de descolonización del siglo XX el modelo de Estado de derecho y la representación parlamentaria sancionada mediante el procedimiento electoral se convertirían en la nueva forma de sometimiento de las nuevas naciones independizadas a las élites nacionales.

 

En el siglo XXI, las élites políticas e intelectuales occidentales y de las antiguas colonias encuentran en el Estado de derecho, que como diría Marx no es otro que el Estado burgués, el mejor refugio para estar a salvo de las grandes confrontaciones sociales.

 

Desde mi punto de vista, todo lo anterior constituye evidencias de que la potencia que lidera el mundo, Estados unidos, ha perdido la guerra económica, está perdiendo la militar y la política pero no la ideológica. En este terreno, como ya anticipara Gramsci, la hegemonía sigue estando del lado de la clase dominante que ha conseguido que las clases dominadas compartan sus valores, deseos e ideología.

 

Mantener el mundo escindido: el alma y el cuerpo, lo individual y lo colectivo, el hombre y la naturaleza, la teoría y la práctica… Ciertamente la barbarie homogeniza que es como decir que el capital convierte todo en mercancías. La civilización occidental, o, más bien el proceso civilizador europeo, no ha dado como resultado un mundo diferenciado, rico y variado, sino todo lo contrario.

 

Aunque hoy los medios de comunicación y las redes sociales nos presentan un mundo plural y multicultural la realidad es que lo diverso que nos muestran concierne sólo a la apariencia, a lo puramente estético. Es la naturaleza corpórea, psíquica, material, humana, la que es múltiple, rica y variada, aunque siga ciertas pautas que permiten predominar en ella la pulsión de vida frente a la pulsión de muerte.

 

Lo diferente no es una cualidad propiamente humana sino de la naturaleza y nosotros también somos producto de la naturaleza. Son las formas en las que se presenta la “nuda vida” que diría Agamben, las que son diversas y responden a la necesidad de conservación de las especies. Lo específicamente humano son las diferencias construidas desde la consciencia, no menos reales ni menos fundamentales.

 

La consciencia que hace pasar por la razón la interpretación de los acontecimientos y nos permite distinguir entre los asesinatos cometidos por el Estado de Israel y el acto desesperado de un palestino que se inmola. Es desde esa conciencia diferenciadora que los seres humanos nos negamos a ser estandarizados y transformados en mercancías intercambiables; de ello depende nuestra propia subsistencia. Sin embargo, esta pulsión básica, sustantiva y material en cierto sentido, es reconducida hacia una diferenciación superficial, banal, que impide la unidad de acción contra el capitalismo: identidades a la carta sin ningún denominador común.

 

Existe una unidad cultural/biológica del conocimiento y la acción que ha sido rota en los últimos doscientos años por el capitalismo (7), sobre ella se sostiene la explotación. El Capitalismo necesita originalmente de la fragmentación y la división entre el pensar y el hacer, la división del trabajo que aumente la eficacia de la explotación de los sujetos y de los pueblos.

 

La modernidad se construye ideológicamente sobre las dualidades que sirvieron de base al cristianismo pre-moderno para garantizar el sometimiento de los cristianos y el poder de la iglesia en la tierra. El par alma-cuerpo se traslada a la modernidad como razón-cuerpo y esta separación permitirá operar el ejercicio de la explotación sosteniendo ideológicamente una igualdad de derechos y de oportunidades que no cuestionan las desigualdades materiales, objetivas; y que además se convertirá en la trampa del intelectual pos-moderno.

 

Reconstruir la unión entre el pensar y el hacer es uno de los grandes retos de una cultura verdaderamente revolucionaria, es decir, aquella que sea capaz de enfrentarse al imperialismo del siglo XXI. Los intelectuales deben trabajar en esta reunificación confrontando sus análisis con la realidad de las necesidades humanas, sean estas psíquicas o materiales.

 

Lo mismo que Marx no distingue entre los productos del trabajo humano ya sean intelectuales o materiales, pues poseen valor de uso (satisfacen necesidades ya sean mentales o físicas, reales o imaginarias) y valor, de la misma forma pensar/analizar son acciones humanas que no pueden ser reducidas a procesos mentales única y exclusivamente en la medida en que suponen gasto de energía (física) y se encuentran ineludiblemente conectadas a los actos comunicativos sin los cuales no podrían darse.

 

Los intelectuales comen, se protegen del frío, aman, ríen, odian… Tampoco la práctica es acción pura, nunca lo fue: en cuanto acción humana, implica “estar orientada a un fin, de lo contrario es un acto reflejo o imitativo; necesariamente está guiada por el conocimiento. El conocimiento se nutre de la acción y es acción. Solo el pensar informático (inteligencia artificial) es conocimiento puro porque sus premisas y sus fines le vienen dados“(8).

 

Este imperialismo cultural del siglo XXI que vamos cartografiando se alimenta de nuestras buenas intenciones. La desconexión entre causa y efecto, entre el pasado y el presente, hace posible que los intelectuales queden al resguardo de su responsabilidad. En el campo de la lucha armada se expresa en la doctrina de la “intervención humanitaria” que tan buenos resultados ha dado entre los intelectuales europeos que acabaron justificando la intervención armada en Yugoslavia, en Libia, en Siria o en Ucrania.

 

En los shows televisivos que se disfrazan de tertulias o debates de actualidad proliferan los micro-relatos postmodernos donde se juzga y sentencia a los gobiernos latinoamericanos que no cumplen con las formas políticas y culturales de las antiguas metrópolis, siempre evaluados desde la arbitrariedad, unos sí otros no, previamente señalada por la agenda mediática.

 

Si en el imperialismo del siglo XIX y XX Edward Said estudiaba la novela por considerarla “el objeto estético de mayor interés a estudiar en su conexión particular con las sociedades francesa y británica, ambas en expansión” (9), no caben dudas de que a principios del XXI hay que estudiar el cine de superhéroes, los cómics (10), las series de televisión y las redes sociales.

 

Para Said, en el imperialismo, la batalla principal se libraba por la tierra pero “cuando tocó preguntarse quién la poseía antes, quién tenía el derecho a ocuparla y trabajarla, quién la mantenía, quién la recuperó y quien planifica ahora su futuro, resulta que todos esos asuntos habían sido reflejados, discutidos e incluso, durante algún tiempo, decididos en los relatos. Según ha dicho algún crítico por ahí, las naciones mismas son narraciones.

 

El poder de narrar, o de impedir que otros relatos se formen y emerjan en su lugar, es muy importante para la cultura y para el imperialismo, y constituye uno de los principales vínculos entre ambos”(11). Los microrrelatos postmodernos que circulan a gran velocidad por las redes van conformando matrices de colonización cultural: el indigenismo, el género, el ecologismo, las elecciones, la representación. Todos ellos debidamente sustanciados fuera de la lógica capitalista. No hay historia, no hay violencia solo presente y buenas intenciones.

 

Cuando el Ente sionista de Israel a través de su embajada en Nigeria regala 70 Tablet a niños nigerianos con la bandera de Israel en la parte trasera está trasladando el relato del progreso y la tecnología como valores vinculados al Estado sionista. Cuando los intelectuales europeos, en las nuevas agresiones imperialistas a América Latina, por ejemplo en Venezuela o en Nicaragua, se comportan como si tuvieran que autorizar a los gobiernos latinoamericanos a ejercer su autoridad gubernamental sobre las oposiciones violentas, sobre las élites golpistas, o sobre sus leyes o prácticas políticas, están trasladando el relato de colono ilustrado.

 

Así, un nuevo modo de autoritarismo particularista se extiende por todo el espectro teórico de izquierdas. La ética, los principios religiosos y las teorías universales son convertidos en anatemas contra los que se alzan un ejército de filósofos, politólogos, sociólogos y antropólogos dispuestos a liquidar cualquier propuesta de unidad de acción.

 

La religión se presenta como un obstáculo insalvable, por ejemplo, para apoyar a Hezbollá, el único movimiento que ha sido capaz de derrotar al ejército de Israel, que coloca la causa palestina en el horizonte de su lucha y que consigue el respeto de la mayoría de las poblaciones árabes. La modernidad propone no una laicidad sino una secularización consumista que lo mismo destruye la religión que al ser humano, decía Passolini. La igualdad de mercado permite el enmascaramiento del conflicto latente entre las necesidades sociales y la propiedad de los bienes para satisfacerlas.

 

El imperialismo del siglo XXI ha llenado de dogmas invisibles la mente de los ciudadanos europeos gracias a los intelectuales de izquierdas. Mientras que los dogmas del imperialismo del siglo XX eran reconocibles a poco que se ahondara en la ideología liberal (el mercado, el equilibrio, la eficacia…) en estos momentos se presentan como consignas de izquierda términos como derechos humanos, diversidad, identidad, etc.

 

Si el imperialismo tardío del siglo XX trató de cerrar el paso a las revoluciones con el discurso del “fin de las ideologías” y por tanto el “fin de la historia”, el del siglo XXI trata de conjurarlas con la invención mitológica del pasado según la ideología y los deseos (ej. La construcción imaginada de Israel), los mitos nacionalistas, los derechos universales, la multiculturalidad, la diversidad, etc.

 

Pero la unidad no es el individuo sino la sociedad. Y no hay sociedad que pueda ser construida como un sumatorio de individualidades. De la misma forma que ocurre con la memoria, lo colectivo y lo comunitario es un lastre para el nuevo imperialismo, de ahí ese discurso postmoderno contra los liderazgos, contra las organizaciones, contra los héroes y las banderas. De ahí ese ensalzamiento constante del individuo, del grupo y de las micro-identidades.

 

Reconciliar el relato con la vida, ocuparnos del mundo que camina

 

Para Said, existían “humanistas profesionales” que son “incapaces de establecer conexiones entre la crueldad prolongada y sórdida de prácticas como la esclavitud, la opresión racial y colonialista o la sujeción imperial, en el seno de una sociedad, por un lado, y por otro, la poesía, la ficción y la filosofía de esa misma sociedad (12).

 

En el imperialismo cultural del siglo XXI se mantiene esa desconexión y es frecuente que la literatura, el cine, o la filosofía utilicen los casos reales para transformarlos en ficciones inocuas y desvíen la atención de la crítica radical al capitalismo.

 

Académicos e intelectuales pos-modernos se centran en debatir sobre los procedimientos cuando lo que está en juego, tal y como planteara Foucault es la propia vida humana, no las formas específicas en las que se expresa. Es así que la particularidad de los sistemas políticos o de los derechos ciudadanos no respetados hacen desaparecer las amenazas globales (la guerra, la depredación del medio ambiente, el hambre…) por arte de magia.

 

Defender un sistema de partidos, un parlamento, unas elecciones, la libertad de expresión, los derechos de ciudadanía se colocan por encima de la amenaza global de la guerra imperialista o de la producción de bienes básicos para resolver el alimento, la salud, el alojamiento o la educación.

 

En el ámbito de la política, los ideales ilustrados como la igualdad, la solidaridad y libertad que en el siglo XX sirvieron para alentar y legitimar el alzamiento de los pueblos colonizados contra las metrópolis, hoy, sólo se conciben en su “cualidad trascendente” separados de lo cotidiano de forma que son utilizados para arremeter contra los procesos revolucionarios latinoamericanos que defienden su soberanía y su independencia económica y que en ocasiones no “respetan adecuadamente” los derechos humanos.

 

Cientos de veces Venezuela tiene que defender su democracia y la transparencia de su sistema electoral, no hay momento en el que Cuba no deba argumentar lo innecesario de un sistema de partidos al estilo europeo o que Bolivia no deba justificar el recurso al extractivismo para obtener recursos económicos.

 

Pero sin duda el conflicto central de nuestro mundo queda fuera de las preocupaciones del intelectual postmoderno: el conflicto entre el Capital y el trabajo. A pesar de vivir en un mundo inundado de desarrollos tecnológicos y culturales espectaculares la lucha por la subsistencia sigue anclada en una lógica embrutecedora que reduce al sujeto a su expresión más primitiva, una pieza insignificante, sin conciencia, apenas pura energía (física o intelectual) que es extraída para alimentar la maquinaria global. En el Capitalismo la lógica de las necesidades queda subordinada constantemente a la lógica del beneficio.

 

El capitalismo no es sólo un modo de producción es un sistema en el que cada una de sus partes no puede ser aislada y funcionar por separado. La fundamentación ideológica del capitalismo está en la individualización opuesta a la sociabilidad –esta última única garantía de la pervivencia de la especie humana- y en la escisión del ser humano (alma, cuerpo, razón-sentidos).

 

El intelectual que desarrolla su potencia históricamente sólo ha podido hacerlo restituyendo la vida y su forma específica, o dicho de otro modo, actualizando constantemente en su práctica cotidiana la potencia que encierra la vida humana y creando así nuevas formas de vida, distintas a la forma capitalista existente. Hoy ese intelectual parece haberse extinguido.

 

Volvamos a Gramsci y reivindiquemos una filosofía de la praxis que encuentre en las actividades y pensamientos cotidianos, en las prácticas de solidaridad diarias, en el internacionalismo, elementos para construir un mundo realmente alternativo.

 

El filósofo Terry Eagleton propone en su último libro sobre el Materialismo ocuparse del cuerpo, pero no del “cuerpo étnico, genérico, queer, hambriento, construido, perecedero, decorado, discapacitado, cibernético, biopolítico” (13) sino de lo que tienen en común cada uno de los seres humanos, aquello que nos permite subsistir como especie (animal y cultural), el cuerpo como una realidad material que necesita alimentarse, alojarse, educarse, pensar, amar, reír…

 

Hablamos de esa materialidad histórica de la que se ocuparon Marx y Engels, y E.P. Thomson, Gramsci, Mariátegui, el Che y Fidel, que les llevó hacia el universalismo revolucionario que reivindicaba la igualdad en contraposición a la explotación capitalista.

 

No puede haber emancipación, ni soberanía, ni vida digna de ser vivida en el marco cada vez más estrecho de los particularismos individualizantes que no van más allá del pequeño grupo identitario, que, enemigos de la historia, no pueden proyectarse más allá del presente y del grupo al que pertenecen.

 

La tarea de la izquierda es transformar todas las energías sociales en acciones conscientes, no negarlas, ni inventarlas. La tarea de la izquierda es ocuparse de los problemas reales, materiales, y no volver una y otra vez sobre problemas y cuestiones ya resueltas hace muchos años, como por ejemplo la incompatibilidad del capitalismo y la democracia, o la imposibilidad de la reforma del capitalismo, o de una acumulación de capital sin explotación, o una propiedad privada promotora del bien colectivo. La tarea de la izquierda y de los intelectuales revolucionarios no puede ser otra que ponerse al servicio de la vida, concreta, material, y no del Capital.

 

Finalmente, dado que el imperialismo no es sino la expansión globalizada del Capitalismo, enfrentarse al imperialismo del siglo XXI implica necesariamente la conformación de un Frente internacionalista que haga suyas las luchas y las resistencias de todos los pueblos contra el Capitalismo, en todos y cada uno de los ámbitos en los que despliega su arsenal bélico.

  

Notas y referencias:

 

1- XVI planteó esta curiosa situación de aceptación de la servidumbre en su libro “la servidumbre voluntaria”.

 

2- Cuando utilizo el término economía hablo en realidad del capitalismo. De hecho cuando los economistas, los políticos y el público en general habla de economía en realidad de lo que se está hablando es del modo de producción hegemónico que es el Capitalismo. Para el desarrollo de este tema ver Ángeles Diez, “La economía y los pretextos”, Rebelión, 26/11/208

 

3- Alain Badiou, El despertar de la historia. Ed. Clave Intelectual, Madrid, 2012, pág.22

 

4- RT, “Periodista británica: Los cascos blancos trabajan como terroristas”, (Consulta 14/02/2018)

 

5- La investigadora británica´, Frances Stonor Saunders, en su obra “La CIA y la Guerra Fría cultural” así lo afirma tras un exhaustivo trabajo de entrevista a ex miembros de la CIA, análisis de documentos desclasificados y materiales diversos de la época.

 

6- Ramón Grosfoguel, entrevista, El Solitario

 

7- Humberto Maturana, R. y Fco Varela, G. ”El árbol del conocimiento. Las bases biológicas del entendimiento humano” Santiago, Ed. Universitaria 1984.

 

8- idem

 

9- Edward W. Said, Cultura e imperialismo. Ed. Debate, Barcelona, 2018, p. 15

 

10- Datos de los cómics en España: la publicación de cómics se incrementó en el 2017 en 500 títulos.

 

11- Edward W. Said, Cultura e imperialismo. Ed. Debate, Barcelona, 2018, p. 15

 

12- Edward W. Said, Cultura e imperialismo. Ed. Debate, Barcelona, 2018, p. 16

 

13- Terry Eagleton, Materialismo. Editorial Península, 2017, pág. 12

  

Ángeles Díez ,Dra. CC. Políticas y Sociología, profesora de la Universidad Complutense

  

Fuente: KRÍTICA

Contribución a la crítica del intelectual postmoderno - Apuntes sobre el imperialismo del siglo XXI.

  

"La institucionalización de las izquierdas y las tertulias televisivas han domesticado definitivamente cualquier indicio contestatario. El activista se ha transformado en un “seguidor” de tuits de sus políticos de moda, las redes sociales le ocupan más tiempo que la protesta en las calles."

 

Ángeles Díez, Dra. CC. Políticas y Sociología, profesora de la Universidad Complutense

  

“Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea y que no sabía de la pelea de los cometas en el cielo que van por el aire dormido engullendo mundos”.

 

(José Martí, Nuestra América)

 

A principios del siglo XXI habían caído los países del Este, Estados Unidos, a pesar de ser el país más endeudado del planeta, se convertía en la única potencia hegemónica gracias a sus más de 800 bases militares repartidas por todo el mundo, a un presupuesto militar que superaba la suma del presupuesto militar del resto de los países, al control del dólar como divisa de las transacciones internacionales; pero sobre todo, gracias a su hegemonía cultural e ideológica conseguida con el monopolio y control de las industrias culturales y las corporaciones mediáticas.

 

Sin embargo, ese paraíso de poder incontestable anunciaba su declive en el terreno económico político, una descomposición social interna sin precedentes, y una pérdida creciente de la influencia en lo que siempre ha considerado su patio trasero latinoamericano. Definitivamente, hoy, Estados Unidos ha perdido su capacidad para dirigir el mundo.

 

La potencia que ha liderado la expansión capitalista está en caída libre lo cual la hace especialmente peligrosa. Existe, no obstante, un campo en el que sigue manteniendo su hegemonía, el campo cultural e ideológico. Aquí parece estar ganado la contienda. Como en la película de las hermanas Wachowski, The Matrix, los guardianes del simulacro se ocupan de hacer desaparecer toda evidencia del verdadero rostro del capitalismo y nos mantienen en una servidumbre voluntaria (1) nutriendo de energía a la maquinaria que nos somete.

 

No trataré en este artículo de las contradicciones que se producen en el seno del capitalismo sino cómo y por qué y sobre todo quienes son algunos de estos guardianes de la matriz que se ocupan, consciente o inconscientemente, de apuntalar el capitalismo y la civilización occidental, en evidente crisis e incapaz ya de resolver las mínimas condiciones de subsistencia para las dos terceras partes de la humanidad, incluidos gran parte de sus ciudadanos.

 

El capitalismo y su ideología legitimadora, el liberalismo, han impregnado todo tipo de relaciones humanas subordinando todo hacer social y todo pensamiento a la racionalidad económica.

 

La economía se ha convertido en el emblema del mundo moderno y no hay nada, ni pensamiento ni sentimiento que no quede sometido a la calculabilidad económica, o que no se convierta en nutriente de la acumulación. Al tiempo que esto ocurre, en la materialidad de la vida, todo queda oculto a los ojos de los sujetos de los que se alimenta el sistema.

 

El sufrimiento, el hambre, la desigualdad, la miseria de los pueblos, la guerra, se nos presentan como acontecimientos desgraciados sin relación con la economía (2). Los economistas de todo pelaje se devanan los sesos para cuadrar las cuentas de resultados y para ajustar el déficit económico; desarrollan modelos matemáticos y tratan de devolver la “confianza a los mercados”.

 

Se hace depender la solución de las necesidades humanas de la atracción de capitales obviando así el principio básico que mueve la economía –la capitalista- que no es otro que el que dice que la única mercancía que genera valor, más valor que el que necesita para reproducirse, es única y exclusivamente el trabajo humano; que el capital no es otra cosa que trabajo solidificado; y que el capital, independientemente de la voluntad de su poseedor, para reproducirse necesita incrementarse constantemente y sólo puede hacerlo mediante la explotación, a saber, obteniendo valor del trabajo. Lo demás, juegos florales. Nadie ha podido demostrar que el capitalismo funcione de otra forma.

 

Sin embargo, hay quienes sostienen que el capitalismo tal y como lo analizó Marx, también Weber (un sociólogo nada sospechoso de marxista), ya no es el mismo y que ha evolucionado hacia otras formas menos dolosas, incluso hay quienes, como Toni Negri plantean que, fruto de sus contradicciones, se metamorfoseará en comunismo, pero como afirma Alain Badiou “el capitalismo contemporáneo presenta todos los rasgos del capitalismo clásico.

 

Corresponde estrictamente a lo que se podría esperar de él puesto que su lógica ya no es rebatida por acciones de clase resueltas y localmente victoriosas. Si tomamos, en lo que concierne al futuro del Capital, todas las categorías predictivas de Marx veremos que es ahora cuando quedan plenamente demostradas” (3). Lo único que sí parece haber variado son la sofisticación y la eficacia de los mecanismos de fetichización, alienación y cosificación que fundamentan la explotación.

 

A la vista de lo que hoy son los intereses y las preocupaciones de la mayor parte de los intelectuales occidentales podemos afirmar que estamos ante un reencantamiento del mundo que, desde mi punto de vista, se inició tras el mayo del 68 y que en estos momentos dispone de dispositivos extraordinariamente potentes como la tecnología digital que construye un mundo paralelo (virtual) que, al tiempo que disfraza e invisibiliza el sometimiento y la explotación, distrae las resistencias.

 

Intelectuales de izquierda, líderes y movimientos sociales se muestran incapaces de vislumbrar dónde está el Frente de batalla, se confunde en qué lugar de la guerra se está, ya no hay quien dibuje los mapas del poder que orienten las luchas.

 

A veces se percibe la injerencia estadounidense en la guerra “encubierta” contra Venezuela, pero al cabo del tiempo se impone el relato de las corporaciones mediáticas que acusa al gobierno bolivariano de falta de democracia; otras se denuncian los planes secretos contra los gobiernos latinoamericanos como el Freedom 2, el Masterstroke, o el manual de golpes blandos de Gene Sharp, pero al poco, esos mismos intelectuales se manifiestan contra el gobierno de Nicaragua y a favor de los “pacíficos manifestantes”, se denuncia la propaganda mediática contra Siria y la intervención imperialista pero al mismo tiempo se hace único responsable de la guerra al presidente legítimo de Siria Bashar al- Asad, o se utiliza como fuentes de información de la guerra a los Cascos blancos, una ONG fundada por el ex oficial de la Inteligencia británica James Le Mesurier y ampliamente denunciada por ser “escenógrafos” para los medios occidentales (4).

 

Académicos e intelectuales se mueven desconcertados por las redes sociales, presionados por su narcisismo y las exigencias del mercado editorial o mediático, buscando pruebas que avalen sus posiciones ideológicas y que les ayuden a distinguir quienes son los buenos y cuales son los malos. Pero los intelectuales de izquierdas ya no buscan construir armas de lucha contra el capitalismo, ni alimentar las resistencias; sólo se ocupan de encontrar ese dato, esa historia humana, ese argumento que les permita seguir publicando libros, seguir dando entrevistas a los medios masivos y sosteniendo sus posiciones como si en ello les fuera la vida. Unas posiciones que por otro lado no se preguntan cómo es que coinciden con los intereses y las lógicas de expansión capitalista.

 

Hay otros, ciertamente, que dedican todas sus energías e inteligencia a buscar, en general en el plano puramente retórico, salidas “viables” al capitalismo, reformas, caminos alternativos, espacios de consenso que les eviten riesgos innecesarios. La búsqueda de certezas teóricas exime de responsabilidades en la praxis.

 

Un nuevo idealismo postmoderno recorre Europa y salta mares y océanos cabalgando a lomos de un celular. Desprendiéndose de la corporeidad de las necesidades más básicas como el alimento, la salud, la vivienda, la educación…; esta concepción idealista del mundo aboga por la supremacía de los Derechos humanos en tanto que categorías trascendentes e individuales: la libertad sexual, la libertad de expresión, de circulación, la ciudadanía, el parlamentarismo, el voto; y defiende un “relativismo constructivista” en el que el ser humano es una realidad plástica y maleable; y la política no tiene que ver con el poder sino con la voluntad, y en última instancia con el deseo. El único objetivo parece ser situarse mejor en el mercado de las ideas, o tal vez, ganarse la vida.

 

La neo-colonización ideológica postmoderna y el imperialismo del Siglo XXI

 

Desde hace apenas unos años, antes de lo que calculaban los Think tank estadounidenses, ha surgido una multipolaridad en lo económico, lo político, lo militar e incluso lo geoestratégico.

 

Ciertamente, la guerra en Siria donde, a petición del gobierno sirio, la coalición liderada por Rusia ha puesto freno a las aspiraciones europeas y estadounidenses, es muestra de este retroceso estadounidense; o la fuerza con la que China se está haciendo con el comercio a nivel mundial, también apuntan a esa pérdida de hegemonía. Pero en ninguno de los dos casos hay contradicciones ideológicas. Ni en el caso de Rusia ni en el de China ya que ambos países plantean confrontaciones en el ámbito económico, geoestratégico y en última instancia de poder pero no en cuanto al cuestionamiento del capitalismo.

 

Estados Unidos no tiene problemas ideológicos sino económicos y geoestratégicos con Rusia (el último encuentro de Donald Trump y Vladimir Putin en la cumbre del G20 en Helsinki que tanto enfadó a las agencias estadounidenses así lo muestra), tampoco los chinos son una amenaza ideológica o política sino económica por el reparto de los recursos y de los mercados.

 

Los problemas ideológicos surgen cuando hay países que violan alguno de los dogmas del capitalismo: países soberanos que utilizan sus recursos para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, que practican el internacionalismo, que se plantean como horizonte el desarrollo social y humano, que subordinan la propiedad privada al bien colectivo, o países cuya identidad nacional, religión (determinada concepción del islam) o cultura, alimentan los sueños y las resistencias de los pueblos.

 

La guerra actual, en mayor medida que las anteriores, debido a la capacidad bélica equiparable entre las grandes potencias se está dando fundamentalmente en el campo ideológico. El comandante Fidel Castro supo anticiparlo antes que ningún otro estratega mundial cuando planteó para Cuba, en plena crisis tras la caída de la Unión Soviética, la “batalla de las ideas”.

 

El imperialismo cultural que tan maravillosamente analizó Edward Said en el caso de la novela del siglo XX y que según su propuesta analítica fundamentó y/o creó las condiciones para el imperialismo económico y político, incluso, citando a W. Blake puede que precediera a esta expansión, sirve para entender la continuidad y la potencia de la cultura para la continuidad del dominio capitalista.

 

Durante la Guerra Fría dos fueron las claves del imperialismo cultural: la generalización del modo de vida americano mediante todo tipo de productos de las industrias culturales monopolizadas por EEUU (especialmente el cine, pero también revistas como Encounter para los círculos intelectuales, Reader’s Digest para los sectores más populares, agencias de información y medios como La voz de América, conciertos, etc.); y otro elemento clave fue servirse de los intelectuales de izquierdas no comunistas profundamente anti-soviéticos (5). A través de ellos no sólo se difundían los productos artísticos estadounidenses sino que se conseguía una mayor credibilidad en las críticas a la Unión Soviética.

 

Un ejército de intelectuales, académicos, escritores y artistas han sido los responsables del apuntalamiento constante de un sistema económico que hace años amenazaba ruina. Agencias de inteligencia, institutos de investigación, ONG, y demás organizaciones al servicio de los intereses estadounidenses se han encargado de organizar y orientar a este ejército.

 

El intelectual postmoderno se asemeja en sus funciones a lo que Gramsci denominaba intelectual orgánico. Constituye ese grupo de productores culturales contemporáneos que han renunciado a servir de guía a unos movimientos sociales cada vez más reformistas y se reproducen acomodados en sus nichos de diversidad. Son principalmente intelectuales mediáticos.

 

Estos intelectuales intentan defender su identidad “contestataria” e inconformista recurriendo a un lenguaje pretendidamente marxista o provocador, antiliberal y anticapitalista, especialmente en la superficie. Pero acaban cayendo en la pura retórica vacía de un lenguaje plagado de tópicos, gaps, incluso chistes fáciles cuando de lo que se trata es de ganar audiencias que pudieran traducirse en votos.

 

El intelectual postmoderno busca en el mercado de la disidencia grupos que le permitan seguir ocupando un lugar en las portadas de los medios, muchas veces en los medios alternativos para no dejar de estar en el “candelero”. De este modo las prácticas revolucionarias, que sin duda las hay, se han quedado huérfanas de teoría.

 

Fanon, Aimé Cesaire o C.L.R. James ya denunciaron en su día esa colonización cultural del siglo XX que relegaba las categorías de raza o género a epifenómenos del capitalismo y llevaba a los partidos comunistas a subordinar las luchas por la descolonización a las luchas del obrero occidental ilustrado. Denunciaban que no se entendiera que el capitalismo llevaba implícito el racismo y la discriminación de los pueblos a los que sometía y que los fascismos simplemente habían implementado en Europa lo que hacía siglos practicaban los capitalistas en las colonias.

 

La colonización cultural del siglo XX pasaba pues por interceptar los movimientos de liberación que surgían en las colonias europeas. Y fueron muchos los intelectuales vinculados a los partidos comunistas europeos que asumieron el discurso racionalista ilustrado para distanciarse de los movimientos de liberación.

 

En el siglo XXI la cultura y la ideología postmoderna siguen alzando las banderas ilustradas del siglo XX: el Estado de Derecho, la democracia (burguesa), la libertad, la igualdad (de oportunidades). Pero ahora tiene que ocultar el fracaso concreto y real de esta mitología reciclando dichos principios con formatos más actualizados: gobernanza, participación, empoderamiento, centrismo… La actitud buenista sirve de máscara moral para los intereses de grupo (familia, amigos, colegas) y ayuda a neutralizar las resistencias que se dan en el plano de la vida material y cultural de los pueblos.

 

Las universidades europeas siguen reproduciendo ese hombre blanco ilustrado pero ahora armado con aplicaciones y móviles de última generación que afirman ser la “voz de los sin voz”.

 

Grosfoguel, el teórico del decolonialismo plantea que para ser un proyecto radical no sirve sólo con ser anticapitalista sino que hay que ser antisistema (antipatriarcal, antirracista, anticolonial, no imperialista…) hay que pensar que no se habla sólo de un sistema económico sino de una civilización-mundo “que nace de la expansión colonial europea”(6).

 

Pero eso significa, entre otras cosas, la necesidad de romper con la mitología occidental que construyó un sistema de Estados nacionales y sistemas políticos parlamentarios para ejercer más eficaz y racionalmente la dominación. Los mitos del parlamentarismo burgués y del sistema electoral que le legitima tienen que ser revisados a la luz de la realidad material no de la realidad imaginada o deseada.

 

Por otro lado, la institucionalización de las izquierdas y las tertulias televisivas han domesticado definitivamente cualquier indicio contestatario. El activista se ha transformado en un “seguidor” de tuits de sus políticos de moda, las redes sociales le ocupan más tiempo que la protesta en las calles. La neocolonización cultural del siglo XXI está en marcha a través de las múltiples autopistas virtuales cuyo peaje es la conciencia crítica de los usuarios.

 

Si el siglo XX fue caracterizado por los situacionistas como la sociedad del espectáculo hoy podríamos hablar de la época del enmascaramiento. No se trata ya de representación sino ocultación intencionada, y no es sólo ocultar el significado del mundo es hacer que este desaparezca: virtualizarlo. Es por fin lograr que la forma lo sea todo, el significante por encima del significado.

 

Otro de los elementos fundamentales del imperialismo cultural fue, en la modernidad, el refugio en el contrato o, dicho de otra forma, una nueva forma de legalidad y de legitimidad racionales. Sobre este derecho que emanaba de la representación y la delegación de la voluntad popular en los parlamentos se conseguía someter al pueblo. En los procesos de descolonización del siglo XX el modelo de Estado de derecho y la representación parlamentaria sancionada mediante el procedimiento electoral se convertirían en la nueva forma de sometimiento de las nuevas naciones independizadas a las élites nacionales.

 

En el siglo XXI, las élites políticas e intelectuales occidentales y de las antiguas colonias encuentran en el Estado de derecho, que como diría Marx no es otro que el Estado burgués, el mejor refugio para estar a salvo de las grandes confrontaciones sociales.

 

Desde mi punto de vista, todo lo anterior constituye evidencias de que la potencia que lidera el mundo, Estados unidos, ha perdido la guerra económica, está perdiendo la militar y la política pero no la ideológica. En este terreno, como ya anticipara Gramsci, la hegemonía sigue estando del lado de la clase dominante que ha conseguido que las clases dominadas compartan sus valores, deseos e ideología.

 

Mantener el mundo escindido: el alma y el cuerpo, lo individual y lo colectivo, el hombre y la naturaleza, la teoría y la práctica… Ciertamente la barbarie homogeniza que es como decir que el capital convierte todo en mercancías. La civilización occidental, o, más bien el proceso civilizador europeo, no ha dado como resultado un mundo diferenciado, rico y variado, sino todo lo contrario.

 

Aunque hoy los medios de comunicación y las redes sociales nos presentan un mundo plural y multicultural la realidad es que lo diverso que nos muestran concierne sólo a la apariencia, a lo puramente estético. Es la naturaleza corpórea, psíquica, material, humana, la que es múltiple, rica y variada, aunque siga ciertas pautas que permiten predominar en ella la pulsión de vida frente a la pulsión de muerte.

 

Lo diferente no es una cualidad propiamente humana sino de la naturaleza y nosotros también somos producto de la naturaleza. Son las formas en las que se presenta la “nuda vida” que diría Agamben, las que son diversas y responden a la necesidad de conservación de las especies. Lo específicamente humano son las diferencias construidas desde la consciencia, no menos reales ni menos fundamentales.

 

La consciencia que hace pasar por la razón la interpretación de los acontecimientos y nos permite distinguir entre los asesinatos cometidos por el Estado de Israel y el acto desesperado de un palestino que se inmola. Es desde esa conciencia diferenciadora que los seres humanos nos negamos a ser estandarizados y transformados en mercancías intercambiables; de ello depende nuestra propia subsistencia. Sin embargo, esta pulsión básica, sustantiva y material en cierto sentido, es reconducida hacia una diferenciación superficial, banal, que impide la unidad de acción contra el capitalismo: identidades a la carta sin ningún denominador común.

 

Existe una unidad cultural/biológica del conocimiento y la acción que ha sido rota en los últimos doscientos años por el capitalismo (7), sobre ella se sostiene la explotación. El Capitalismo necesita originalmente de la fragmentación y la división entre el pensar y el hacer, la división del trabajo que aumente la eficacia de la explotación de los sujetos y de los pueblos.

 

La modernidad se construye ideológicamente sobre las dualidades que sirvieron de base al cristianismo pre-moderno para garantizar el sometimiento de los cristianos y el poder de la iglesia en la tierra. El par alma-cuerpo se traslada a la modernidad como razón-cuerpo y esta separación permitirá operar el ejercicio de la explotación sosteniendo ideológicamente una igualdad de derechos y de oportunidades que no cuestionan las desigualdades materiales, objetivas; y que además se convertirá en la trampa del intelectual pos-moderno.

 

Reconstruir la unión entre el pensar y el hacer es uno de los grandes retos de una cultura verdaderamente revolucionaria, es decir, aquella que sea capaz de enfrentarse al imperialismo del siglo XXI. Los intelectuales deben trabajar en esta reunificación confrontando sus análisis con la realidad de las necesidades humanas, sean estas psíquicas o materiales.

 

Lo mismo que Marx no distingue entre los productos del trabajo humano ya sean intelectuales o materiales, pues poseen valor de uso (satisfacen necesidades ya sean mentales o físicas, reales o imaginarias) y valor, de la misma forma pensar/analizar son acciones humanas que no pueden ser reducidas a procesos mentales única y exclusivamente en la medida en que suponen gasto de energía (física) y se encuentran ineludiblemente conectadas a los actos comunicativos sin los cuales no podrían darse.

 

Los intelectuales comen, se protegen del frío, aman, ríen, odian… Tampoco la práctica es acción pura, nunca lo fue: en cuanto acción humana, implica “estar orientada a un fin, de lo contrario es un acto reflejo o imitativo; necesariamente está guiada por el conocimiento. El conocimiento se nutre de la acción y es acción. Solo el pensar informático (inteligencia artificial) es conocimiento puro porque sus premisas y sus fines le vienen dados“(8).

 

Este imperialismo cultural del siglo XXI que vamos cartografiando se alimenta de nuestras buenas intenciones. La desconexión entre causa y efecto, entre el pasado y el presente, hace posible que los intelectuales queden al resguardo de su responsabilidad. En el campo de la lucha armada se expresa en la doctrina de la “intervención humanitaria” que tan buenos resultados ha dado entre los intelectuales europeos que acabaron justificando la intervención armada en Yugoslavia, en Libia, en Siria o en Ucrania.

 

En los shows televisivos que se disfrazan de tertulias o debates de actualidad proliferan los micro-relatos postmodernos donde se juzga y sentencia a los gobiernos latinoamericanos que no cumplen con las formas políticas y culturales de las antiguas metrópolis, siempre evaluados desde la arbitrariedad, unos sí otros no, previamente señalada por la agenda mediática.

 

Si en el imperialismo del siglo XIX y XX Edward Said estudiaba la novela por considerarla “el objeto estético de mayor interés a estudiar en su conexión particular con las sociedades francesa y británica, ambas en expansión” (9), no caben dudas de que a principios del XXI hay que estudiar el cine de superhéroes, los cómics (10), las series de televisión y las redes sociales.

 

Para Said, en el imperialismo, la batalla principal se libraba por la tierra pero “cuando tocó preguntarse quién la poseía antes, quién tenía el derecho a ocuparla y trabajarla, quién la mantenía, quién la recuperó y quien planifica ahora su futuro, resulta que todos esos asuntos habían sido reflejados, discutidos e incluso, durante algún tiempo, decididos en los relatos. Según ha dicho algún crítico por ahí, las naciones mismas son narraciones.

 

El poder de narrar, o de impedir que otros relatos se formen y emerjan en su lugar, es muy importante para la cultura y para el imperialismo, y constituye uno de los principales vínculos entre ambos”(11). Los microrrelatos postmodernos que circulan a gran velocidad por las redes van conformando matrices de colonización cultural: el indigenismo, el género, el ecologismo, las elecciones, la representación. Todos ellos debidamente sustanciados fuera de la lógica capitalista. No hay historia, no hay violencia solo presente y buenas intenciones.

 

Cuando el Ente sionista de Israel a través de su embajada en Nigeria regala 70 Tablet a niños nigerianos con la bandera de Israel en la parte trasera está trasladando el relato del progreso y la tecnología como valores vinculados al Estado sionista. Cuando los intelectuales europeos, en las nuevas agresiones imperialistas a América Latina, por ejemplo en Venezuela o en Nicaragua, se comportan como si tuvieran que autorizar a los gobiernos latinoamericanos a ejercer su autoridad gubernamental sobre las oposiciones violentas, sobre las élites golpistas, o sobre sus leyes o prácticas políticas, están trasladando el relato de colono ilustrado.

 

Así, un nuevo modo de autoritarismo particularista se extiende por todo el espectro teórico de izquierdas. La ética, los principios religiosos y las teorías universales son convertidos en anatemas contra los que se alzan un ejército de filósofos, politólogos, sociólogos y antropólogos dispuestos a liquidar cualquier propuesta de unidad de acción.

 

La religión se presenta como un obstáculo insalvable, por ejemplo, para apoyar a Hezbollá, el único movimiento que ha sido capaz de derrotar al ejército de Israel, que coloca la causa palestina en el horizonte de su lucha y que consigue el respeto de la mayoría de las poblaciones árabes. La modernidad propone no una laicidad sino una secularización consumista que lo mismo destruye la religión que al ser humano, decía Passolini. La igualdad de mercado permite el enmascaramiento del conflicto latente entre las necesidades sociales y la propiedad de los bienes para satisfacerlas.

 

El imperialismo del siglo XXI ha llenado de dogmas invisibles la mente de los ciudadanos europeos gracias a los intelectuales de izquierdas. Mientras que los dogmas del imperialismo del siglo XX eran reconocibles a poco que se ahondara en la ideología liberal (el mercado, el equilibrio, la eficacia…) en estos momentos se presentan como consignas de izquierda términos como derechos humanos, diversidad, identidad, etc.

 

Si el imperialismo tardío del siglo XX trató de cerrar el paso a las revoluciones con el discurso del “fin de las ideologías” y por tanto el “fin de la historia”, el del siglo XXI trata de conjurarlas con la invención mitológica del pasado según la ideología y los deseos (ej. La construcción imaginada de Israel), los mitos nacionalistas, los derechos universales, la multiculturalidad, la diversidad, etc.

 

Pero la unidad no es el individuo sino la sociedad. Y no hay sociedad que pueda ser construida como un sumatorio de individualidades. De la misma forma que ocurre con la memoria, lo colectivo y lo comunitario es un lastre para el nuevo imperialismo, de ahí ese discurso postmoderno contra los liderazgos, contra las organizaciones, contra los héroes y las banderas. De ahí ese ensalzamiento constante del individuo, del grupo y de las micro-identidades.

 

Reconciliar el relato con la vida, ocuparnos del mundo que camina

 

Para Said, existían “humanistas profesionales” que son “incapaces de establecer conexiones entre la crueldad prolongada y sórdida de prácticas como la esclavitud, la opresión racial y colonialista o la sujeción imperial, en el seno de una sociedad, por un lado, y por otro, la poesía, la ficción y la filosofía de esa misma sociedad (12).

 

En el imperialismo cultural del siglo XXI se mantiene esa desconexión y es frecuente que la literatura, el cine, o la filosofía utilicen los casos reales para transformarlos en ficciones inocuas y desvíen la atención de la crítica radical al capitalismo.

 

Académicos e intelectuales pos-modernos se centran en debatir sobre los procedimientos cuando lo que está en juego, tal y como planteara Foucault es la propia vida humana, no las formas específicas en las que se expresa. Es así que la particularidad de los sistemas políticos o de los derechos ciudadanos no respetados hacen desaparecer las amenazas globales (la guerra, la depredación del medio ambiente, el hambre…) por arte de magia.

 

Defender un sistema de partidos, un parlamento, unas elecciones, la libertad de expresión, los derechos de ciudadanía se colocan por encima de la amenaza global de la guerra imperialista o de la producción de bienes básicos para resolver el alimento, la salud, el alojamiento o la educación.

 

En el ámbito de la política, los ideales ilustrados como la igualdad, la solidaridad y libertad que en el siglo XX sirvieron para alentar y legitimar el alzamiento de los pueblos colonizados contra las metrópolis, hoy, sólo se conciben en su “cualidad trascendente” separados de lo cotidiano de forma que son utilizados para arremeter contra los procesos revolucionarios latinoamericanos que defienden su soberanía y su independencia económica y que en ocasiones no “respetan adecuadamente” los derechos humanos.

 

Cientos de veces Venezuela tiene que defender su democracia y la transparencia de su sistema electoral, no hay momento en el que Cuba no deba argumentar lo innecesario de un sistema de partidos al estilo europeo o que Bolivia no deba justificar el recurso al extractivismo para obtener recursos económicos.

 

Pero sin duda el conflicto central de nuestro mundo queda fuera de las preocupaciones del intelectual postmoderno: el conflicto entre el Capital y el trabajo. A pesar de vivir en un mundo inundado de desarrollos tecnológicos y culturales espectaculares la lucha por la subsistencia sigue anclada en una lógica embrutecedora que reduce al sujeto a su expresión más primitiva, una pieza insignificante, sin conciencia, apenas pura energía (física o intelectual) que es extraída para alimentar la maquinaria global. En el Capitalismo la lógica de las necesidades queda subordinada constantemente a la lógica del beneficio.

 

El capitalismo no es sólo un modo de producción es un sistema en el que cada una de sus partes no puede ser aislada y funcionar por separado. La fundamentación ideológica del capitalismo está en la individualización opuesta a la sociabilidad –esta última única garantía de la pervivencia de la especie humana- y en la escisión del ser humano (alma, cuerpo, razón-sentidos).

 

El intelectual que desarrolla su potencia históricamente sólo ha podido hacerlo restituyendo la vida y su forma específica, o dicho de otro modo, actualizando constantemente en su práctica cotidiana la potencia que encierra la vida humana y creando así nuevas formas de vida, distintas a la forma capitalista existente. Hoy ese intelectual parece haberse extinguido.

 

Volvamos a Gramsci y reivindiquemos una filosofía de la praxis que encuentre en las actividades y pensamientos cotidianos, en las prácticas de solidaridad diarias, en el internacionalismo, elementos para construir un mundo realmente alternativo.

 

El filósofo Terry Eagleton propone en su último libro sobre el Materialismo ocuparse del cuerpo, pero no del “cuerpo étnico, genérico, queer, hambriento, construido, perecedero, decorado, discapacitado, cibernético, biopolítico” (13) sino de lo que tienen en común cada uno de los seres humanos, aquello que nos permite subsistir como especie (animal y cultural), el cuerpo como una realidad material que necesita alimentarse, alojarse, educarse, pensar, amar, reír…

 

Hablamos de esa materialidad histórica de la que se ocuparon Marx y Engels, y E.P. Thomson, Gramsci, Mariátegui, el Che y Fidel, que les llevó hacia el universalismo revolucionario que reivindicaba la igualdad en contraposición a la explotación capitalista.

 

No puede haber emancipación, ni soberanía, ni vida digna de ser vivida en el marco cada vez más estrecho de los particularismos individualizantes que no van más allá del pequeño grupo identitario, que, enemigos de la historia, no pueden proyectarse más allá del presente y del grupo al que pertenecen.

 

La tarea de la izquierda es transformar todas las energías sociales en acciones conscientes, no negarlas, ni inventarlas. La tarea de la izquierda es ocuparse de los problemas reales, materiales, y no volver una y otra vez sobre problemas y cuestiones ya resueltas hace muchos años, como por ejemplo la incompatibilidad del capitalismo y la democracia, o la imposibilidad de la reforma del capitalismo, o de una acumulación de capital sin explotación, o una propiedad privada promotora del bien colectivo. La tarea de la izquierda y de los intelectuales revolucionarios no puede ser otra que ponerse al servicio de la vida, concreta, material, y no del Capital.

 

Finalmente, dado que el imperialismo no es sino la expansión globalizada del Capitalismo, enfrentarse al imperialismo del siglo XXI implica necesariamente la conformación de un Frente internacionalista que haga suyas las luchas y las resistencias de todos los pueblos contra el Capitalismo, en todos y cada uno de los ámbitos en los que despliega su arsenal bélico.

  

Notas y referencias:

 

1- XVI planteó esta curiosa situación de aceptación de la servidumbre en su libro “la servidumbre voluntaria”.

 

2- Cuando utilizo el término economía hablo en realidad del capitalismo. De hecho cuando los economistas, los políticos y el público en general habla de economía en realidad de lo que se está hablando es del modo de producción hegemónico que es el Capitalismo. Para el desarrollo de este tema ver Ángeles Diez, “La economía y los pretextos”, Rebelión, 26/11/208

 

3- Alain Badiou, El despertar de la historia. Ed. Clave Intelectual, Madrid, 2012, pág.22

 

4- RT, “Periodista británica: Los cascos blancos trabajan como terroristas”, (Consulta 14/02/2018)

 

5- La investigadora británica´, Frances Stonor Saunders, en su obra “La CIA y la Guerra Fría cultural” así lo afirma tras un exhaustivo trabajo de entrevista a ex miembros de la CIA, análisis de documentos desclasificados y materiales diversos de la época.

 

6- Ramón Grosfoguel, entrevista, El Solitario

 

7- Humberto Maturana, R. y Fco Varela, G. ”El árbol del conocimiento. Las bases biológicas del entendimiento humano” Santiago, Ed. Universitaria 1984.

 

8- idem

 

9- Edward W. Said, Cultura e imperialismo. Ed. Debate, Barcelona, 2018, p. 15

 

10- Datos de los cómics en España: la publicación de cómics se incrementó en el 2017 en 500 títulos.

 

11- Edward W. Said, Cultura e imperialismo. Ed. Debate, Barcelona, 2018, p. 15

 

12- Edward W. Said, Cultura e imperialismo. Ed. Debate, Barcelona, 2018, p. 16

 

13- Terry Eagleton, Materialismo. Editorial Península, 2017, pág. 12

  

Ángeles Díez ,Dra. CC. Políticas y Sociología, profesora de la Universidad Complutense

  

Fuente: KRÍTICA