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refugiada nigeriana no Rio de Janeiro. comércio de comidas para sobrevivência.

tirada em junho de 2019. editada em dezembro de 2020

En el primer comentario hay otras dos fotos.

 

Hoy, la mayoría de los portales habaneros están sucios y ruinosos, debido a la desidia, con la mayoría de sus columnas rajadas y rotos sus capiteles.

Los portales de las casas que antes servían para protegerse del sol y de la lluvia o para sentarse a tomar el fresco y conversar, ahora sirven como sitios de ventas que venden los nuevos vendedores por cuenta propia.

 

Su utilización como locales comerciales improvisados; espacios rentados por los dueños de las casas a los cuentapropistas para la venta de ropas, zapatos, pinturas, etc., representa un nuevo fenómeno: la capitalización de la superficie habitable como medio de subsistencia.

Los moradores rentan los portales, y a veces también la sala, si la vivienda no tiene un portal o tiene uno muy pequeño; el objetivo es lograr algún ingreso.

 

Muchos de los vendedores de los portales son trabajadores cesanteados por el Estado, o que dejaron sus mal pagados empleos y encontraron en la venta y reventa de cualquier cosa una forma de ganar algunos pesos para sobrevivir en espera de tiempos mejores. La mayor parte de ellos es relativamente joven y son mayoritariamente mujeres. Todos parecen entender que esto de vender en los portales no es suficientemente rentable como oficio permanente.

 

Para ganarse unos 20 o 30 pesos diarios, y hasta 50 (dos dólares), los días buenos, los vendedores pasan entre ocho y diez horas sentados en sus portales anunciando su mercancía. Mientras, otros aprovechan para venderles a ellos comida. De esta manera va creciendo un tejido comercial incipiente, pero generador de economía, aunque a muy pequeña escala.

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